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Neruda inagotable
Virginia Vidal

 

Con  Pablo Neruda, sucede... Almacén de curiosidades nacen las  Ediciones NHR,  notable aporte  nuestro acervo cultural. Es una joya patrimonial la sola foto de la portada: ¡un almacén de abarrotes y ferretería “El Candado”, con una destacada sección de libros!  Existió en Temuco a principios del siglo XX y fueron sus dueños los abuelos del autor, maestro, periodista y poeta Eulogio Suárez, a quien entrevistamos. Antes de estos abuelos hubo una bisabuela mexicana, doña Magdalena Grajales Dávila, hija del general Juan Grajales Barcina, fusilado en la época de Maximiliano  de Habsburgo.

¿Cómo nacieron estas quinientas  y tantas páginas que proporcionan nuevos antecedentes sobre la vida y relaciones cotidianas de Neruda, en especial de su infancia y juventud, dejando la estimulante sensación de que el poeta forma parte de la vida de todos?

—Este nuevo trabajo nerudiano –remanente, en parte, de otras de mis investigaciones sobre el poeta– surgió de una “conversación editorial”, donde mis anfitriones me sugirieron que una biografía sobre Pablo Neruda “podría tener buenas expectativas”. Y, aunque no medió con ellos compromiso alguno, me tentó la idea y, seguí trabajando hasta darle término. Digo esto, porque debí suspender un proyecto sobre Francisco Bilbao, que me persigue desde hace años. Ahora espero retomarlo. Nurieldín Hermosilla Rumié, con quien me unen antiguos lazos de amistad, políticos, nerudianos y hasta familiares, me dijo: —yo quiero publicar tu libro, dedícate a escribir tranquilo—; este no es un primer gesto “por Neruda”. Tampoco es un mecenas, como alguien pudiera sugerirlo. Los mecenazgos estuvieron siempre amarrados a supeditaciones o a compromisos indebidos. Él es así por naturaleza. Platón decía que la amistad es un alma que habita en dos personas. En este caso, NHR es un alma construida para que la habiten muchas personas, pero sin que se excluyan otros intereses, donde los grandes principios del humanismo se hallan presentes. Es un erudito que tiene infinitas cosas que mostrar y qué decir, no sólo de Neruda. Su pensamiento está fijo en Chile... Este libro tuvo una edición “nonata”. Llegó a estar impreso, pero no salió a la calle. Tenía otra portada y fue completado con otros elementos. Pero al propio Nurieldín se le ocurrió colocar esa foto que vio en mi casa: la ferretería, almacén y librería de mi abuelo. En esos años, era la única de su género que contaba con librería, en toda la zona. Allí solía comprar sus libros el niño Gilberto Concha (Juvencio Valle) –el Quijote, entre muchos otros–, quien a veces iba acompañado de su amiguito Neftalí Reyes.

—Este libro revela la amistad sin jactancias que tuviste con el vate. ¿Cómo se fundamenta?

—En 1961, en la Feria del Libro del Parque Forestal, Juvencio me presentó a Neruda y le obsequié mi primer libro de poemas.  Yo era un muchacho todavía, pero me acogió generosamente, cuando supo que era de Nueva Imperial. Él conocía a mi familia. Luego estuve algunas veces en Isla Negra, como cuando cumplió sus sesenta años. En enero de 1969, para la campaña parlamentaria, me llamó don Américo Zorrilla, de la dirección del PC,  para pedirme que fuera con el poeta en una gira por el sur de Chile, la que duraría casi un mes.  Fue una experiencia inolvidable para mí. A partir de ese momento nos seguimos viendo y continué acompañándolo a diversos actos, en numerosas oportunidades. Cuando fue nombrado precandidato a la presidencia de la República, Neruda me pidió que fuera con él, pero yo tenía un compromiso ineludible en Santiago, por lo que me fue imposible aceptar. Ante mi congoja, Pablo me dijo: “¡No te preocupes, esto no durará mucho!” Y así fue, pues pronto se produjo la nominación de Allende, su gran amigo, y “su candidato”. Nuestros contactos continuaron, aunque más esporádicos, puesto que yo había sido nombrado director de la Radio Magallanes, para pasar poco después a las labores de gerente, por lo que una taza de té era el pretexto para encontrarnos y platicar sobre diversos temas de sumo interés. Esto duró hasta su designación como embajador en Francia. Yo no puedo decir que fui amigo de Neruda. Yo era un muchacho cuando lo conocí. Era un joven poeta, un conterráneo, un compañero, que él distinguió de manera muy especial. Para mí, Pablo no sólo fue un gran poeta, sino que lo admiré, particularmente, por su condición humana. Pero en mi libro no oculto sus errores, puesto que el mismo los reconoció. Son otros los que no han tenido la valentía de hacerlo o lo han tergiversado. 

—¿Realmente hoy se lee a Neruda? ¿Se lee su prosa? ¿Se lee su poesía?

—En Chile debiera leerse mucho más a un poeta de esa dimensión y significado. La dictadura llenó la cabeza de muchos chilenos de prejuicios y odios, principalmente en contra de Neruda. Casi todos hablan de él, pero son muy pocos los que lo han leído.  La otra causa es hija también de la filosofía del dictador: el exorbitante precio que tienen los libros… Sus Memorias se conocen mejor, pero su poesía es más bien “cosa de especialistas”, salvo los Veinte poemas. Pero en casi todo el mundo se leen sus obras.

—En Neruda total lograste entregar la mejor orientación para la lectura del poeta ¿Ha llegado esta obra a las bibliotecas de Chile? ¿La distribuyó ampliamente el Consejo del Libro y la Lectura?

—No. Este Neruda lleva cinco ediciones, pero ha sido muy mal distribuido o ha ido por huellas clandestinas, como las de los arrieros en la cordillera. Clara Budnik, cuando fue directora de la DIBAM se interesó por el libro e hizo que llegara a las bibliotecas públicas. Sé que el libro ha sido muy consultado en la Biblioteca Nacional, en el Bibliometro, y en la propia Fundación Neruda. Pero, por el “canal comercial” me quedo con lo que dijo Pablo, en alguna oportunidad: “la prosperidad no llegó al poeta…”  Ahora el Fondo de Cultura Económica (FCE) prepara una edición especial, la que cubrirá toda su red continental, además de Estados Unidos y Europa.

—Desarrolla la comparación que has hecho entre Francisco Bilbao y Neruda.

—Neruda, inspirado principalmente por los avances que se producían en la Unión Soviética tras el triunfo sobre el nazismo y la creación del campo socialista, llamó a los pueblos americanos a luchar en contra del imperialismo que despojaba sus riquezas e invadía sus territorios para imponer dictaduras. Eran acciones de urgencia en medio de la guerra fría. Él estaba convencido de que, a través del comunismo, esa unidad habría de llegar. Estas ideas están principalmente en su Canto general, en sus discursos, en su accionar diario. La convocación de Bilbao, tenía un propósito centralizador, que propiciaba no sólo una lucha común en contra del imperio, con todas las secuelas del monroísmo, sino una unidad efectiva de los pueblos; la construcción de la gran patria latinoamericana. Su reunión en Paris, fue algo así como un pequeño “congreso anfictiónico” de emigrados políticos, que aspiró a desarrollar esa idea que había sido el sueño de Bolívar y de otros libertadores.  Allí se acuñó aquel término de Latinoamérica. Aunque esa gestión suya no tuvo las repercusiones que esperaba, se puede decir que dicho acto fue un hecho concreto, histórico, que miró más lejos que nadie, y que muchos esperamos que algún día pueda hacerse realidad, pese a las infinitas dificultades existentes.

—La raíz mapuche de Neruda, queda en evidencia en Todos los cantos. Ti Kom Ul, la traducción de Elicura Chihuailaf.

—Elicura, gran poeta, hizo una traducción notable de poemas de Neruda. El pueblo mapuche debe conocer más a fondo a Neruda, y sus versos en mapudungun lo posibilitarán. Neruda amó al pueblo mapuche, admiró sus luchas, fue el primero que pidió la creación de una universidad mapuche; tuvo muchos gestos admirables hacia ese pueblo. Uno de sus grandes amigos fue el poeta mapuche Rosendo Huenumán. Neruda escribió su libro Aún  con la intención de hacer un reconocimiento específico a ese pueblo, raíz nuestra.

—¿Cuál fue tu mayor experiencia de tu trabajo en “Escucha, Chile” de Radio Moscú?

—Yo estuve algunos años en Moscú. Trabajé en el campo de la solidaridad y en investigaciones literarias, especialmente en la Biblioteca de Lenguas Extranjeras, una de las más grandes del mundo, en su género. Allí pude investigar a plenitud, y sin cortapisa alguna, muchas materias de mi interés, e iniciar las primeras páginas de mi libro sobre Neruda.  En “Escucha Chile” yo colaboré esporádicamente sobre temas literarios, en especial sobre Neruda. Sí, puedo decir, que en Radio Moscú fui de la casa y tuve allí, grandes amigos. 

—Pienso que Neruda estuvo a la cabeza de la lucha contra Pinochet. Todo el exilio chileno (se habla de un millón de compatriotas, aproximadamente)  usó sus versos como la mejor arma contra la dictadura ¿Crees que esto es exageración?

—No. No exageras en absoluto. Neruda fue una bandera de lucha. Alguien señaló que fue como el Cid Campeador, que siguió ganando batallas después de muerto. Mi trabajo en una organización mundial de profesores, me llevó a viajar por muchas partes. No hubo lugar donde  su nombre no estuviese ligado a la solidaridad con el pueblo de Chile y a la lucha en contra de la dictadura. Plazas, calles, barcos, fábricas, complejos industriales, bibliotecas, colegios, monumentos  “Pablo Neruda”, se hallan en casi todo el mundo. Y ediciones de sus libros, traducidos a muchísimos idiomas.

—El muy respetable académico Grínor Rojo afirma: “…debemos reconocer que  de un tiempo a esta parte las acciones de Neruda se vienen cotizando a la baja en la bolsa de la frivolidad literaria (¿o debo escribir literatosa?) de nuestro país. La dictadura las hizo bajar, artificial y mañosamente, por razones que sería superfluo explicar, como hizo bajar tantas otras cosas. Y la postdictadura no ha logrado, en esto como en tantas otras cosas, devolverles su real valor”. También la postdictadura ha actuado del mismo modo con Salvador Allende. ¿Debemos resignarnos a este hecho?

—Es una gran verdad lo que señala el profesor Rojo. La presencia de Neruda tiene momentos de auge y caída, sujetos a fechas o acontecimientos, y que son usados, más que para difusión de su obra, para negocios. Los libros que se publican hoy día sólo pueden ser comprados por “personas pudientes”. Los precios son prohibitivos para muchos de nosotros. El IVA —impuesto de diecinueve por ciento— es absurdo, así como también otras cortapisas que tienen que ver con la propia producción del libro: papel, tintas, maquinarias y sus repuestos, etc. Este hecho ¿está considerado en la nueva reforma educacional o en las políticas culturales del gobierno? No creo. No es un tema hoy para las autoridades. En algunos casos hay una distribución irracional de los recursos. Unas multinacionales se hinchan con los pingües negocios que hacen con los libros para los escolares. Este es otro engranaje del sistema que nos rige. Una verdadera dictadura se ejerce por algunas editoriales sobre la orientación de sus publicaciones; otras, absolutamente, por las utilidades que le pueden reportar. No les interesa el contenido, la difusión de valores,  los grandes problemas que interesan a nuestra sociedad. Cuánta falta hace una editorial como  Quimantú o, al menos, empresarios que, junto con la obtención de legítimos ingresos, promovían la cultura chilena, su literatura, como don Carlos George Nascimento. “No hay que pedirle peras al olmo“…  Sobre los nombres de Neruda y Allende, el único que puede rescatar la herencia de ambos, que al final es una sola, será el pueblo de Chile. Pero el pueblo, sin esos eufemismos con los que se quiere disfrazar a la inmensa mayoría de quienes habitamos este querido país. No a “la gente”; no a “los ciudadanos” sino, a nuestro Chile integral.

—¿Son muchos los poetas que permiten apreciar la historia de Chile del siglo XX desde la perspectiva de su propia vida, abarcando no sólo su entorno  sino también la totalidad de su pueblo? ¿De ese pueblo que la arrogancia de la casta política ha dado en llamar “los vulnerables”?

—Creo que los poetas de hoy no tocan, por lo general, los problemas que agobian a nuestro país. Siguen con temas como el amor, el desarraigo, los sueños,  la soledad, la muerte, o la utopía. Y no los critico. Son los temas eternos. Tampoco propicio una poesía política huera, vacía. Los problemas de la sociedad no necesitan recetas de partidos ni de ideólogos, sino compromisos de vida. Hace unos días atrás leí un libro sobre Mariátegui, de Yerko Moretic, uno de los más brillantes ensayistas literarios de este país. En varias páginas se refirió al “realismo socialista”. Así lo definía Yerko: “…un pronunciamiento normativo que imponía un método creador y un didactismo político profundamente atentatorios contra el realismo. Extendida a todas las artes tal definición se convirtió, en efecto, en un temible instrumento represivo y policial en la orientación del arte y la literatura…”.  Pues bien, aunque Neruda exaltó aquel “realismo socialista” en algún tiempo, en sus años finales descubrió el veneno que este contenía, y llegó a señalar que “no podía ser un dogma para un creador revolucionario; que él mismo no se reconocía como realista, que las realidad tenía mil ángulos y que recomendaba la fantasía, los sueños y el surrealismo si alguien estimaba eso como su lenguaje”. Cada creador, poeta, pintor, músico, quien sea, debe tener entre las cosas más sagradas, su libertad de creación. Ella, al llegar al nuevo día, dentro de cada uno de nosotros, no puede cerrar los ojos frente a lo que nos ofrece este mundo en el cual vivimos. Podemos seguir construyendo la alegría, pero jamás debemos olvidar el dolor ajeno ni nuestro propio dolor. Y para ello ha servido siempre y servirá, la poesía, todo  cuanto esté en nuestras manos y en nuestro corazón para transformar el mundo.






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Neruda inagotable."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   13 de Octubre de 2015.
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