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Publicaciones : Ensayos

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A la sombra de Agustina la salteadora
Fernando Moreno *)

La novela de Virginia Vidal "Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez" se abre con un epígrafe orientador, que nos sitúa en un marco, en una temática y en una problemática, en una época, en una figura y en una perspectiva, y que nos anuncia, a modo de sugerente y tangencial compendio, aquello que los lectores descubriremos y encontraremos desarrollado, con pericia narrativa mayor, en las páginas siguientes.


Dicho epígrafe es un párrafo del extenso estudio de Ana María Contador, "Los Pincheira. Un Caso de Bandidaje Social. Chile-1817-1832" (Santiago: Bravo y Allende editores, 1998), y que dice: “En el proceso levantado en 1817 contra los vivientes de Lo Galves, se denunciaba a Agustina Iturriaga como mujer de “malas costumbres” las cuales eran “excedentes a las de los peores salteadores”. Señalándose además que Agustina “dexó el vestuario de mujer y se vistió de hombre, y así andubo unos quantos años hasta que se la mandó a vestir su ropa: que hasta ahora no ha enmendado su vida, y se ocupa robando y acompañando y aposentando salteadores” (13).


De acuerdo con lo allí indicado, tenemos entonces: una figura Agustina Iturriaga, mujer más que diferente y de la que poco o casi nada se sabe; una época, la de los convulsos años de la segunda década del siglo diecinueve en Chile; una temática y una problemática históricas; un marco discursivo amplio y concreto a la vez.

Esto último está relacionado con esa compleja relación que se establece entre historia y ficción. Es ampliamente conocida la constancia con la cual el elemento histórico participa en la constitución de los discursos literarios del continente. En América latina, historia y novela se han encontrado desde sus comienzos, porque los relatos representan de por sí modos de instauración de y en la realidad. En las últimas décadas del siglo hace poco acabado, y en los primeros años de éste, la novela que incorpora hechos o personajes históricos, que tematiza la Historia o, mejor, que “ficcionaliza” la Historia, ha pasado a ocupar un lugar de singular importancia en la producción literaria de América latina. Decenas y decenas de novelas, escritas por autores conocidos, reconocidos o emergentes han consolidado una línea de significación mayor en el marco de la narrativa continental. Incluso muchos de los títulos pertenecientes a este vasto caudal ya son vistos como ineludibles en el estudio del desarrollo de las letras latinoamericanas.


Apoyándose en ejes conceptuales y en fundamentos teóricos de la “Nueva Historia”, que ponen en tela de juicio las bases del discurso historiográfico tradicional, estos textos, los que por lo general son llamados “nuevas novelas históricas”, quieren proponer, desde la literatura, otra lógica de aproximación a la realidad del pasado incluso relacionándola con el presente; es decir, tratan de estructurar y de proporcionar una estrategia narrativa que no desdeñe lo que ha sido censurado o distorsionado por los discursos consagrados . Apropiándose de la Historia silenciada, sugiriendo versiones alternativas o incluso reinventándola, proponiendo discursos transgresores, este tipo de obras opta por el desarrollo de una narrativa cuestionadora y reveladora, que quiere instalarse más allá del conformismo de las verdades consideradas como absolutas.


Por ello, estas novelas van a releer y a rescribir de otro modo la historia continental. Para hacerlo revisan los que han sido considerados sus episodios clave, al tiempo que desmitifican los personajes históricos glorificados, exploran los avatares de la historia de los sectores populares o marginales, sus culturas y comportamientos, hurgan en la vida cotidiana, apuestan por temas y sujetos olvidados o desatendidos y desbaratan la idea de una homogeneidad social para poner al desnudo los desequilibrios y los resquicios de un mundo plural, complejo y heterogéneo. Por lo mismo parece necesario también indicar que, en determinadas ocasiones, la ficción concede la palabra a la intimidad de los desconocidos de la historia, de los anónimos y marginales, ofreciendo así una visión de lo que se ha llamado la “intrahistoria”, desde las perspectivas, visiones y discursos de los subalternos.


En este contexto general se inscribe la novela de Virginia Vidal que hoy presentamos aquí, "Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez", así como otras destacadas obras anteriores de nuestra escritora (por ejemplo, "Balmaceda, varón de una sola agua", 1991; "Javiera Carrera, Madre de la Patria", 2000; "Oro, veneno, puñal", 2002; "Letradura de la rara", 2013, publicada también por Ceibo).

Pero, además esta obra, se inserta en un marco más específico, el de la narrativa chilena, claro está, y en especial, en el de la producción de novelas históricas producidas por escritoras en torno a diversas figuras de mujeres, rescatando su participación en la Historia, lo que, por lo demás, ha incrementando la presencia de una literatura propiamente femenina, original, incisiva, resistente, transgresora y plural . Agustina la salteadora ilustra con destreza y talento esta novelística que enfoca a los personajes femeninos que habían sido situados en la periferia de la historia. Se trata de una novelística que, al salvar los obstáculos impuestos por las carencias y omisiones de la historiografía tradicional, se propone reconstruir y develar los vestigios olvidados de aquellas voces diferentes y disonantes; esuna narrativa que va a poner el acento en las subjetividades periféricas y que, por lo mismo, va a legitimar una mirada distinta y perturbadora en relación con una realidad que antes sólo era considerado desde la perspectiva masculina.

Por todo ello resulta singularmente seductora esta novela en la que, por medio de su protagonista, se enriquece y complejiza la presencia, la fuerza y la fortaleza de aquellas figuras femeninas calladas y hasta ahora ocultas, pero que recuperan, gracias ala palabra novelesca, un protagonismo que nunca tuvieron.

Pero, sobre todo, no nos equivoquemos. "Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez" de Virginia Vidal no es una mera reconstrucción o una recreación de lo que sería o hubiese podido ser la vida de este personaje. La proposición narrativa que leemos supera con creces esta formulación. Y esto por múltiples razones entre las cuales cabe destacar la composición del personaje, el manejo de la temporalidad, la perspectiva discursiva y la consecuente ampliación del mundo, así como la intencionalidad narrativa.


Sin recurrir a la primera persona directa, pero valiéndose de un narrador que adopta la visión y el sentir de la protagonista, la novela traza la trayectoria de Agustina, quien, víctima de la violencia y de la injusticia imperantes, responsables de la pérdida de su hijo y de su marido –peón a la merced de su patrón–, decide entonces cambiar el rumbo de su vida y apartarse del infortunio al que parecía estar destinada. A partir de entonces se convierte en una solitaria salteadora, transformada con el tiempo en una suerte de leyenda, una figura incluso fantasmal, de la que se habla con temor pero también con respeto. La historia trazada es una suerte de anti-picaresca, una historia de aprendizaje de un modo de subsistencia marginal (no hay que olvidar que Agustina es ávida lectora de Guzmán de Alfarache), pero lógicamente sin los amos o señores de los cuales se depende para seguir avanzando y evitar los obstáculos impuestos por la sociedad. Pero sí tiene un mentor destacado, Don Remigio, quien además la integra, aunque siempre conservando su independencia, a un grupo de salteadores, con los cuales colaborará, realizando misiones de distinto calibre. La relación del encuentro con aquél permite al narrador trazar incluso por adelantado un resumen del recorrido y de los rasgos fundamentales del personaje: “Ella le contó su historia o lo que pretendía se supiera de su historia. Siguió con ellos traspasando llanuras, enfilando entre cerros y aprendiendo su arte. Sin senda fija, supo defenderse y sobrevivir. Nunca le negó apoyo a un desvalido, a más de alguien sacó de apuro y, cuando menos lo pensaba, le fue devuelta la mano. Supo del deseo sin orgullo y de los encuentros sin deseo. Pronto aprendió que seso y sexo hasta suenan parecido, pero está muy lejos de ser lo mismo y más vale diferenciar” (35).


Resulta imposible referirse a todas las razones recogidas, a las experiencias señaladas, los sucesos referidos, a las aventuras y desaventuras vividas, a los encuentros conjugados por esta figura valerosa, justiciera, admiradora de Manuel Rodríguez, de sus actos y principios, una figura que podría parecer extraña y distante, pero que en definitiva nos aparece como entrañable y cercana.


A ello contribuye esa perspectiva de enunciación que pone el acento en la intimidad del personaje en constante relación con el entorno, en su raciocinio y en su subjetividad, en el querer saber, en la observación y análisis de lo que le parece adecuado y justo, sin eso signifique desdeñar, muy por el contrario, el ámbito de los sentimientos, de los afectos y emociones, con sus esperanzas y temores, sus recelos y simpatías, sus animadversiones e identificaciones. Así se va construyendo esta figura solitaria y solidaria, resistente, curiosa, aguda y pasional, que va adquiriendo una conciencia crítica de lo que es su tiempo y su estar en el mundo, que ha optado –junto con otras como ella a las que va a conocer o rendir homenaje– por negar su inserción en esa sociedad codificada, odiosa y arbitraria, y transgredir su orden social, las normas jurídicas y religiosas, para aparecer como la antítesis de la imagen de la mujer discreta, obediente y dependiente.


Junto con la visión de Agustina, también se insinúa claramente la de una colectividad. Por medio de la evocación de las conversaciones de trabajadores y rebeldes, de las palabras y los recuerdos de muchos otros personajes, en medio de avances y retrocesos temporales, se va concretando una imagen de aquella comunidad de desposeídos, incluidos los pueblos autóctonos, que deben intentar sobrevivir en condiciones de extrema dificultado que han preferido apartarse de las normas y mantenerse al margen de leyes que sólo benefician a los poderosos. Es un mundo abigarrado y bullente, no exento de islas de utopía, en cuyo seno se discuten y se presentan otras aristas de la historia sabida y repetida, se insinúan otras explicaciones y modulaciones, pasándose así revista a los entretelones de las luchas por el poder y por un barniz de independencia que continúa apoyándose en estructuras tradicionales y “donde el dinero manda” (157), mostrando las ambigüedades de gestas y gestos, las conductas equívocas que siempre se quisieron presentar como unívocas y a los trágicos finales de quienes querían luchar por causas válidas e íntegras, tal Manuel Rodríguez o los hermanos Carrera. Es así, por ejemplo, como los llamados bandidos o salteadores se ven más bien a sí mismos tal “un ejército guerrillero… Es la primera vez que el pueblo y las armas se juntan para defender el derecho a vivir en esta tierra… En cuanto al resultado inevitable de la guerra, de los Pincheira no se dirá jamás que asaltaron un rancho humilde o le robaron a un pobre” (155).


En esta revisión efectuada por la novela puede suceder que salga al paso del lector la contemporaneidad de hechos y situaciones de ese pasado. Cómo no establecer vínculos con tiempos no lejanos o actuales cuando Agustina pregunta por las causas del asesinato de Manuel Rodríguez, a lo que le responden que “cae de cajón que no soportaban que exigiera después del triunfo de Maipú un gobierno constitucional y repudiara la dictadura, pidiendo que se convocara a un congreso nacional y se indultara a todos los presos políticos y militares. Nosotros queríamos una república verdadera, con igualdad para todos, donde todos nos uniéramos para hacer una patria justa” (83); o bien cuando un personaje señala que “Hemos visto y estamos viendo a más de un cura con fama de ‘bueno’ justificando a otro violador de niños o al más alto prelado dándole la comunión al general que reconoce en un parte haber fusilado con la mayor tranquilidad en cuatro meses a trescientos ‘enemigos’, nacidos y criados todos en esta tierra…” (159).


Así opera, me parece, este texto, asumiendo una labor de revisión, que hasta puede parecer didáctica, porque mucho se aprende leyéndolo, de ciertos capítulos o restos silenciados de la Historia con el objetivo de presentar ángulos inéditos o impensados de los mismos, al tiempo que se presenta como un contradiscurso que pone en jaque la historiografía oficial.


Escrita con sensibilidad y convicción, emotiva y combativa, "Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez" es una obra que se lee con placer extremo y curiosidad creciente; es una novela consecuente, importante, necesaria y cuyo final abierto supone espacios para el atisbo de una esperanza. Ella posee un alcance significativo relevante ahora, cuando la sociedad chilena, compleja, diversa, cambiante, ya no puede reconocerse, como indica Waldman, en una historia tersa y uniforme, ni puede considerar ni aceptar que ella, en tanto narrativa absoluta y única de la nación, todavía pueda ser factible. En la medida en que pone al descubierto, hábil y apropiadamente, aquellos múltiples hechos y aquellas variadas y diversas experiencias que todavía permanecen ocultas en el pasado, ella postula y reivindica, a su manera, una discusión por el derecho a la memoria y, consecuentemente, por la necesidad de otra historia, o de otras historias.

1 Texto de la presentación de la novela de Virginia Vidal "Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez" (Santiago, Ceibo Ediciones, 2014), realizada el 13 de abril de 2015 en el Café Literario Parque Bustamante, Santiago.

2 Me he referido a esto en trabajos anteriores, por ejemplo: “La novela de la historia”, en Leopoldo Sáez Godoy (coord.), Literatura y Lingüística, Valparaíso, Ed. Puntangeles, 2000, pp. 140-153; “Novelar y revelar la Historia”, in L'ordinaire Latino-américain, IPEALT, Université de Toulouse-le-Mirail, 193, septembre 2003, pp. 9-16, entre otros.

3 Ver Gilda Waldman “Nueva novela histórica. Mujeres que escriben sobre mujeres”, consultable en el sitio http://cialcuach2015.cl/convocatoria/



*) Fernando Moreno Turner, profesor emérito de literatura y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Poitiers.






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 Referencia
Fernando Moreno *).  "A la sombra de Agustina la salteadora ."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   21 de Abril de 2015.
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