Anaquel Austral 
 
 Actas
 Nacional
 Internacional
 Realidad
 
 Publicaciones
 Ensayos
 Crónicas
 Entrevistas
 
 Memorial
 
 Catastro
 Ensayos
 Novelas
 Cuentos
 Entrevistas
 Micrónicas
 Relaciones
 Biografía
 
 Poesías
 Apuntes
 Poemas
 El Poema
 
 Epistolarios

Página Anterior Página Principal Buscar Archivo Correo del lector
Ensayos
Secciones
Crónica Chilena
Nueva historia social y proyecto popular en Chile
Niña errante
Carlos Olivárez y su Moneda interior
Reflexiones acerca de la obra de Stella Díaz Varín[1]
Bejamín Vicuña Mackenna el más joven de los viejos
La parvedad de un mundo en expansión
Gotas de tinta y palabreos; parvos relatos de Virginia Vidal
Valenzuela Puelma al desnudo
Recuerdo y homenaje a Idea Vilariño (1920-2009)

Publicaciones : Ensayos

Versión impresora


Reflexiones acerca de la obra de Stella Díaz Varín[1]
Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro

A

 

<Sola contra el mundo> como escribe el poeta Enrique Lihn no es una metáfora cualquiera en el caso de Stella Díaz Varín, en su obra converge la poesía vanguardista en la línea del surrealismo y la voz de la mujer-sujeto-creadora como eje articulador de ciertos rasgos de la poesía moderna como un ser distinto que apunta a transformar el sistema. Una sola palabra puede configurar su perfil tanto en su obra como en su vida: disidencia. Ella es una mujer-poeta disidente y su poesía puede inscribirse en el ámbito de la poesía moderna siguiendo los parámetros estudiados por el premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz. Tal como señala este autor, en su ensayo Cuadrivio, uno de los aspectos fundamentales del surrealismo lo constituye el carácter ético de sus proposiciones ya que apunta a emancipar el espíritu humano y afirma que la liberación del hombre debe ser total. Esta metáfora sola contra el mundo no está más que subrayando una de las características vitales del poeta moderno cuyo mito se construye sobre su idea de la marginalidad, aislamiento y soledad, un ser distinto. Conciencia de destierro que deriva del hecho de ser un hombre o una mujer marginado del acontecer histórico alusivo a la escisión entre la vida privada y la vida pública según las relaciones instauradas por el estado moderno:

 

Yo me he sentido poeta durante toda mi vida, voy a seguir siendo poeta, mala o buena o lo que sea. Pero resulta que llega un momento en que tú cuestionas todo esto. Y no se me invitaba a mí a ninguna cosa. Decían ah, no, momento, la Stella Díaz Varín, no, momento, por favor. Por favor. Era como una especie de demonio, aparte del hecho de que soy mujer[2].

Quiero dejar expresado acá que mi opción fue estudiar su obra a partir de los cuatro libros que encontré: Razón de mi ser (1949) a través de la gentil colaboración de su hermana y sobrina que tenían un ejemplar, éste fue publicado por Morales Ramos, editor chileno, inscrito y agotado. Y, en la Biblioteca Nacional, conseguí los únicos tres libros que ahí existen: Sinfonía del hombre fósil y otros poemas (1953), publicado por Ediciones Salamandra, Santiago-Chile, inscripción del 28 de diciembre de 1953, agotado; Tiempo, medida imaginaria (1959) publicado por Ediciones del Grupo Fuego, Santiago-Chile, no aparece el número de inscripción, agotado; y Los dones previsibles (1992) publicado por Editorial Cuarto Propio, inscrito e impreso en Santiago-Chile, primera edición, agosto 1992. En la Biblioteca Nacional también está el libro Stella Díaz Varín: Poesía (1994) editado en Cuba, pero éste es una selección de poemas de los cuatros libros anteriores de la autora. Mi tesis para optar al grado de Magíster en Literatura, tiene por nombre: STELLA DÍAZ VARÍN: sola contra el mundo. Una poeta inscrita dentro de la vanguardia surrealista que despierta ecos neorrománticos. En síntesis leeré sólo algunas breves pinceladas acerca de su obra que suscribiré a modo de ponencia.

 

Empezaré con dos cosas que me interesa destacar previamente: lo primero, decir que de Stella Díaz Varín hoy conocemos, fundamentalmente, sólo sus anécdotas ¿quién no la recuerdo por eso? Su voz ronca, su presencia permanente en este mismo hall de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), imponente, irreverente que fue el signo de su vida y de su poesía; lo segundo, reconocer lo poco que se ha escrito acerca de su obra, en realidad, sólo breves comentarios. Ella estaba consciente de aquello. En entrevista concedida a la revista Simpson Siete de la SECH, año 1992, ella cuenta que cuando se trató de Stella Díaz Varín hubo hombres que dijeron <a esta galla galluda y controvertida pongámosle una lápida encima> De otra forma no se explica el que haya sólo artículos acerca del personaje más que de la poeta, que no se tenga, hasta ahora, estudios acerca de su obra como ocurrió con la mayor parte de los poetas varones de su tiempo, los que están consignados en innumerables libros en diversas editoriales, recogidos en distintos trabajos académicos o de la crítica literaria especializada. Injustamente, su poesía es menos conocida que su leyenda, lo declara el escritor José Miguel Varas, 1999[3]. Así también Andrés Morales, en un homenaje organizado por la Fundación Pablo Neruda, en La Chascona (2005), a tres mujeres poetas (Delia Domínguez, Elena Navarro y Stella Díaz Varín), coincide con quienes afirman que nadie conoce su obra e invita a leerla. <Y en esto soy enfático, —afirma Morales—. Creo, y lo digo sin pudores, que casi nadie conoce la obra de Stella Díaz Varín>. Mea culpa público de la periodista Claudia Donoso, unida a Stella por muchos años de estrecha amistad, quien en un artículo póstumo, escrito en la revista Paula, con motivo del fallecimiento de la poeta: <Soy culpable de no haber leído a conciencia tu obra>. Stella Díaz Varín fue silenciada, lo certifica Naín Nómez en su Antología crítica de la poesía chilena (2006): <Mujer crítica de su entorno, rebelde a los catálogos y los prototipos, cuestionadora y amiga de las verdades, marginal y marginada, (influyó posiblemente) en su borramiento del canon literario> Citar acá a propósito de esta constatación las conclusiones a la que llega una autora sueca (Eva Löfquist, Universidad de Stockholm, Suecia, en su artículo <SE VISTEN, SE PINTAN, SE PEINAN Y POSAN…” ¿LA LITERATURA TIENE SEXO?>) acerca de lo que dice la crítica literaria especializada, en su mayoría hombres, cuando se mira y se juzga a las mujeres escritoras y escribe: ellos <enfatizan sobre todo su condición femenina. Este fenómeno hace que la explotación mediática de las mujeres se centre en lo íntimo, lo personal y lo privado aun cuando se trate de actividades que ellas hayan desempeñado dentro de un contexto público, como es la escritura>. Esta autora (Löfquist) aclara que no se trata de mala voluntad de la crítica aunque haya posiciones abiertamente misóginas, sino porque la experiencia y la tradición de una literatura escrita por mujeres es bastante nueva: en síntesis, desconocimiento y escasos elementos de análisis confluyen para que muchos califiquen la literatura escrita por mujeres de mala o exhiban cierta desconfianza teniendo presente que los cánones por los cuales se juzga una obra literaria se inscriben como patrimonio de una sociedad patriarcal en donde el signo mujer ha sido llenado por el hombre. <Somos vistas menos como escritoras que como mujeres escritoras>. (Laura Freixas, 2000:18). Stella Díaz Varín sin pelos en la lengua lo conversa con Esteban Navarro en Simpson Siete:

 

Yo tengo que decir una cosa: nunca en la vida, perdóname que te lo diga, nunca en la vida ningún hombre crítico, ninguna mujer crítico se había preocupado de escudriñar en mis cosas. Nunca, nadie. Ahora recién lo están haciendo, y ¿quiénes lo están haciendo? ¿Es el señor Valente? ¿Es otro señor? ¡No! Son las mujeres, las mujeres con todo el celo que se les atribuye, las que están abriéndome un camino.

 

Por fecha de nacimiento podría decirse que Stella Díaz Varín pertenece a la llamada Generación del 50 ó 57, según el discutido aunque muy aceptado sistema descriptivo y clasificatorio que entrega el criterio generacional. Dentro de esa generación al decir del poeta Enrique Lihn es posible distinguir dos corrientes: los que siguieron por el rumbo que trazara Nicanor Parra con su antipoesía y los otros, los menos, como la propia Stella que estuvo profundamente signada por los ecos neorrománticos de los simbolistas y surrealistas franceses. Teóricos literarios como Fernando Alegría y Andrés Morales coinciden en describir a esta generación como una cuya principal característica es su enorme heterogeneidad y la falta de un programa estético único. Si la diversidad de registros es lo característico de esta generación, Morales propone tres líneas fundamentales para tipificar los ámbitos poéticos a los que adscribe cada creador del ´50 dentro de la heterogeneidad: uno, poesía urbana, dos, poesía lárica y, tres, poesía metafísica, religiosa y existencial. La obra de Stella Díaz Varín la ubicamos en esta última denominación que es clasificada como poesía existencial y metafísica. Asimismo, en la Generación del 50 coexiste un grupo transversal de poetas que atraviesan los tres grupos definidos por Morales y que según Fernando Alegría <expresan un compromiso ya sea independiente o militante, al enfrentar la crisis del mundo contemporáneo[4]>, grupo en el que sin lugar a dudas cabe Stella Díaz Varín. Acá aludimos sólo a puntos de encuentro con otros creadores chilenos, no es una camisa de fuerza, puesto que Stella Díaz Varín sobrepasa los clichés y los planteamientos poéticos derivados de su obra desbordan dichas generalizaciones. 

 

El marco conceptual de mi trabajo está basado en dos parámetros: la tradición de la ruptura y el concepto Género.  Desde mi particular punto de vista entre los conceptos de tradición de la ruptura y Género se produce una intersección que rescato en el análisis del lenguaje literario. Las y los poetas no es que estén pensando como producen el quiebre, sino que descubren, cada una y cada uno a su modo, diversos caminos creativos, ahí está su genio, para enfrentar la estrechez de las ideologías vigentes y buscan rutas alternativas desde la escritura, que obviamente también se corresponden con una visión de mundo. Si hemos tenido en cuenta lo que ocurre en Chile en relación a los movimientos poéticos, es indispensable también armar una visión macro que nos ubique en el mundo: es evidente que la poética de Stella Díaz Varín podemos ubicarla dentro de la poesía moderna y, en ese sentido, yo he seguido las coordenadas de Octavio Paz y Arnold Hauser, ambos ubicados en las antípodas, pero coincidentes a la hora de señalar que la poesía moderna comienza a partir del romanticismo, como movimiento fundacional, e indican que éste constituye una de las revoluciones más profundas en la historia del espíritu cuya impronta marcó todo el arte de Occidente y funda la primera y más osada de las revoluciones poéticas. Tradición de la ruptura, entonces, como unión paradójica de contrarios, como concepto básico característico de la poesía moderna desde el romanticismo hasta las vanguardias, incluido particularmente el surrealismo, tradición de la ruptura que Octavio Paz, en su libro Cuadrivio, define como <la conciencia crítica encarnada en la poesía que rompe con el sistema y los valores de la cultura occidental vigente en su época>. Dentro de la tradición de la ruptura está la analogía como principio fundamental subversor. Analogía que los poetas rescatan del ocultismo y de corrientes esotéricas cuyas cosmovisiones son importadas desde Oriente. La creencia en la analogía puede sintetizarse como la correspondencia universal entre todos los seres y los mundos recuperando así una visión sagrada del universo en pugna con la razón y como alternativa a las iglesias oficiales en crisis. Stella Díaz Varín sabe acerca de la contradicción implícita que significa lo denominado por ella como <icarismo>, es decir, como el <deseo de lo absoluto>, ese <arribismo existencial> como ella le denomina será lo que nunca llegue a darse. Ella lo sabe. Entre las concepciones modernistas y posmodernas que reflejamos desde Europa, en  una época de transición, la audacia de Stella está en recoger creativamente algunos rasgos neorrománticos en la senda del surrealismo, justamente, en este período y, en una postura subversora, re-crear en sus textos. En esta ruta que emparienta a Stella Díaz Varín con la poesía moderna que, como rival del espíritu crítico de la razón, tuvo como pretensión sustituir los principios sagrados llenando el vacío que dejaron las iglesias oficiales, en el camino secularizador que emprendió la humanidad a partir de la Ilustración, será explicativo para establecer que en la obra de Stella Díaz Varín emerge una constante traducida en el uso reiterado de vocablos dispersos-diversos e imágenes bíblicas y mitológicas del ideario cristiano como también ocurre, entre otros, en el modernista Rubén Darío, en los poetas vanguardistas Vicente Huidobro y César Vallejo, sólo por mencionar algunos. Universo simbólico característico conformado por creencias, mitos y una cosmogonía que responden a una panorámica unitaria totalizadora respecto del mundo espiritual propio del arte moderno, en particular de la poesía como lenguaje original. La poesía es una revelación distinta a la religiosa, dicen por primera vez los románticos. El poeta no ve en sus imágenes la revelación de un poder extraño, de un ser extra humano o de un poder sobrenatural ajeno al ser humano que puede llamarse dios u otra cosa, la escritura poética es la revelación de sí mismo que el ser humano, en tanto poeta, se hace a sí mismo. (El arco y la lira, Octavio Paz: 233-234). Cada poeta moderno, sostiene Octavio Paz, recrea nuevas mitologías, cada una de ellas más personal que las otras, construidas a partir de los restos de las filosofías y religiones en crisis. Desde la perspectiva del concepto tradición de la ruptura tomaremos un poema de Stella Díaz Varín titulado Inmanencia del mar y del amor de su primer libro Razón de mi ser que publicó a la edad de 20 años. En este texto, la poeta recoge ciertos aires del modernismo y creo que, en este poema en particular, ella le rinde homenaje a Rubén Darío, máximo representante de este movimiento que, en esencia, deviene como el verdadero romanticismo de Hispanoamérica: En aludes de níveas claridades lunares / desparramadas al ritmo de sonoras / lentejuelas vibrantes como carne viviente. / Como si transportada por millones de cisnes / hacia mansiones de hadas hechiceros o príncipes. / Como si me encontrara enredada a la eterna / sabiduría laica de tus labios paganos. Cómo escribir creativamente en un lenguaje que parece agotado: ese es un desafío mayor. Los ecos neorrománticos llegan de la mano de Rubén Darío y la cosmovisión analógica-mítica dariana deja su impronta en este primer libro a través de un desborde de imágenes surrealistas deslumbrantes. Lo increíble es que estos poemas fueron escritos casi por una niña lo que demuestra su precocidad y que nos recuerda al poeta Arthur Rimbaud cundo a los 17 años escribe su poema El barco ebrio. Y Stella Díaz Varín escribe su poesía, esta poesía, cuando la mayoría de los poetas chilenos abandonaban el camino vanguardista y preferían ir tras la senda parriana: en este particular poema observamos como Stella, a despecho de sus pares, no reniega ni ahoga los cisnes ni a las hechiceras ni a las sacerdotisas y revela una cierta visión sacra de la naturaleza y del cosmos en todo su esplendor. Desde ese poema uno puede advertir que Stella cree en un poeta como vidente, un poeta profético y heroico, poeta como médium tal como fuese concebido por los románticos al recrear una poesía como renovada mitología. Un nombre por lo demás como inmanencia revela una clara connotación metafísica.


Creo que el ser humano no decide escribir o no escribir, sino que llega un momento en que algo sucede, y es una cuestión muy mágica y muy mítica. Entonces el hombre empieza a construir situaciones que no se dan en el momento presente, se dan mucho más allá de todas las cosas. Yo creo que el poeta es eso, un ser humano que construye mucho más allá de todas las cosas[5].

En esa senda y en el mismo libro está el poema Advenimiento, de adviento, de espera, de tiempo de esperanza, concepto claramente de la iconografía cristiana, en donde Stella subversiva recrea una visión sagrada desde las coordenadas románticas y surrealistas en clara oposición/adhesión a los recursos que del cristianismo ella puede rescatar para su propia comprensión del mundo. Resulta que frente a una contradicción típica de la poesía moderna, locura/razón, ella opta por la locura y rechaza el camino racional ensalzado por la sociedad moderna, esta especie de beatería cientificista tan amada en la denominada sociedad sin rostro que preconiza el positivismo, al decir del autor español Francisco Umbral[6] . Lo observamos en la segunda estrofa de Advenimiento, cuando la hablante lírica dice: Ay hombre de los ojos y de las manos raras /  me gusta tu demencia más que tus reflexiones. / Dime que soy la hembra de un búho alucinado / que de contar estrellas dormidas, quedó ciego. Advertimos acá tres palabras claves: demencia es decir locura, alucinado es decir sin razón, ciego es decir sin luz, sin lucidez, es decir sin razón, que le dan a este poema una solidez clara para sustentar la opción de la hablante lírica por la locura en vez de la razón, decisión en contrario a lo que sostiene la cultura de Occidente. Un hombre cuenta estrellas dormidas no puede haber nada más falto de beneficio, según los parámetros del utilitarismo. Y ese hombre quedó ciego, es decir, sin luz, sin lucidez, que es lo mismo que decir sin razón, de ese hombre es el que ella quiere ser su hembra, de un búho alucinado.

Junto al concepto de tradición de la ruptura he recurrido al concepto Género. Género en tanto sexo socialmente construido en donde hombres y mujeres tienen roles asignados en un proceso cultural que nos domestica, en donde la mujer, dentro de la cultura de Occidente, es considerada inferior biológicamente al hombre. La teoría de Género señala que en la escritura quedan inscritas estas huellas, el lenguaje viene a ser el campo de batalla de los signos de distintas ideologías como lo expuso Mijail Bajtin y esto permite un análisis que parte de la base que toda organización social, sea prehistórica o sea moderna, precisa de dos mecanismos básicos de influencia y de control: el poder y la autoridad. Autoridad referida a gobierno. Poder conferido por la autoridad definido como la posibilidad que tiene un sujeto (o un grupo) para forzar a otros usando medios coercitivos con el fin de alcanzar ciertos objetivos[7]. Si consideramos el lenguaje como campo de batalla de los signos de distinta ideología  teniendo presente el poder, no hay un solo significado entonces, porque si bien el grupo dominante se impone en determinado momento, la oposición no es silencio total, en otras palabras, en un enunciado, texto o poesía, luchan enfrentándose dos (o varias) ideologías distintas y dos visiones de clases entre ellas. Como una nueva ideología emergente en un proceso de renovación de la cultura, las mujeres abren nuevos caminos creativos y simbólicos como consigna Paola Zaccaría en El canto de Eurídice (2009: 38): <La innovación no se encuentra en la invención de nuevas palabras, sino en la capacidad de abrir las palabras viejas, acostumbradas, comunes y colectivas a nuevas dilataciones en su significado>. Nacimiento de un lenguaje ambiguo que puede tener como impugnantes dentro de un espacio creado por el encuentro y la superposición parcial entre dos sistemas: el sistema literario tradicional canonizado con otro sistema de escritura que vendría a ser el femenino. Las mujeres escritoras se han movido siempre entre la tendencia a homologarse con el sistema masculino y su necesidad de autodeterminación en el ámbito de la escritura y resulta obvio que ese choque genera posturas o lenguajes, a veces innovadores, de resistencia a la censura, en otras, obedientes a los cánones establecidos, y todos pueden convivir en un solo poema o en una sola obra. Esta contradicción es la única forma de mantener juntas a la mujer y a la escritora señala la española Mercedes Arriaga. Este dilema no es ajeno a la poeta Stella Díaz Varín cuando ella en el poema La palabra escribe: <Vencida y condenada /  Por no hallar la palabra que escondiste>. La autora lo reconoce frente a Claudia Donoso en una entrevista: <Detrás de eso he andado yo: de la palabra escondida>. Esta oscilación entre la búsqueda de la palabra escondida que fue producto de un pacto al salir de la infancia, un pacto en el que ella reconoce su participación, así lo explicita en el poema esta hablante lírica al decir <nuestro pacto secreto> y que pasada la infancia ella quiere recuperar lo que da cuenta de un juego irónico que, como expresión de la ironía romántica, no es más que el contradictor paradojal de la analogía. Ironía entonces como reverso de la palabra es decir como la no-comunicación. La palabra poética termina en un aullido o en un silencio y debido a que en la analogía no figura la palabra muerte y el hombre es mortal (Los hijos del limo de Octavio Paz: p. 111) la ironía viene a ser como el cable a tierra que indica que el universo no es una escritura porque si lo fuese sus signos serían incomprensibles para el ser humano. Si la analogía es visión mítico-sagrada. La ironía romántica expresa el historicismo que representa el fracaso de la empresa utópica-prometeica. Hay un poema de Stella que permite demostrar lo que a mi juicio constituye un punto crucial dentro de su poética: Ven de la luz hijo del libro Tiempo, medida imaginaria. En esta ruta que emparienta a Stella Díaz Varín con la poesía moderna como ya lo hemos observado haciendo mención a que estos poetas tratan de construir nuevos imaginarios analógicos podemos advertir en el uso reiterado de vocablos dispersos-diversos e imágenes bíblicas y mitológicas pertenecientes a la iconografía cristiana que éstos tienen un peso interesante a observar y dimensionar dentro de los textos construidos. Por tanto, analizar la poesía de Stella Díaz Varín desde la perspectiva de los conceptos de tradición de la ruptura y Género permite entrecruzar, entreverar distintas variables. Al estudiar las constantes observadas en sus textos hay un elemento que, en mi opinión, cobra relevancia fundamental y constituye el corazón de su poética: la luz. La luz recorre toda su obra. Si la luz es un motivo central en la poética de Stella Díaz Varín, como lo sostiene esta tesis, siguiendo las coordenadas que ofrece el filólogo italiano Di Bernardo  en su estudio (El canto de Eurídice, año 2009) acerca de la poesía de la italiana Alda Merini, cuando éste observa que en la obra de dicha poeta se transgrede la dicotomía heredada de los cánones legitimados y la luz puede convertirse en una manifestación de la locura (léase también como manifestación de lo marginal, distinto, de lo disidente) y, otras veces, esta misma luz  representaría lo inescrutable y misterioso, sentido como un don, una búsqueda del ser, es posible entonces producir una traslación subvertidora de la clásica imagen del verticalismo binario canónico esclerosado luz/tinieblas así también como sus derivados bien/mal, entre otros. Es la propia Stella que nos entrega algunas pistas vitales impugnadoras. Cuando le consultan a Stella Díaz Varín acerca de los dichos de Adolfo Couve referido a la índole de los artistas, a los que éste último encontraba como muy poca cosa y los comparaba a tubos por donde pasan fuerzas desconocidas, ella retruca altanera: <Yo soy la fuente, pequeñísima, pero soy la fuente y por eso es que hay mucho terror[8]>. Ser la fuente implica generar luz propia y no ser sólo un reflejo de una estrella como la luna que refleja la luz de la estrella sol. Ello contradice los paradigmas patriarcales en donde frente a la dicotomía sol/luna equivalente a luz/noche la mujer ocupa el rol pasivo como luna y no tiene luz propia, por lo tanto no tiene lucidez ni razón propia, ella es pensada y escrita por el hombre. En la cultura hebrea y hebreo-cristiana la ley de Dios (dios varón) es una luz en el camino de los hombres (Sal 119, 105) así como su palabra (Is 2.3-5). El Mesías tiene también la luz y él mismo es luz (Is 42.6; Lc 2.32). Corolario de lo precedente es que las tinieblas entonces son símbolo del mal, la desgracia, el castigo, la perdición y la muerte (Job 18,6.18; Am 5,18). Del poema Ven de la luz hijo citaremos dos estrofas, la segunda y la última: Deja que se ensañe la luz, hijo. / Desciende como los antiguos ángeles, / como los malos discípulos, / ardiendo en su pasión desheredados. / Así como las fieras, hijo. / Incomprendidas del río, intocadas / absolutas, tristes. Y la última: Que te ciegue la luz, hijo. / Que te atormente. / Ven de la luz, inúndate; / Ten la luz y desmiente la tiniebla. / Ven hijo, arrodíllate. / Cree en los amaneceres. / En la luz son más bellos los ojos de Dios. Este poema nos lleva a definir un personaje madre. Todos conocen que el arquetipo cristiano mítico más destacado es María la Virgen madre de Jesús, considerada una segunda Eva, venida al mundo a traer la salvación y construida como ideal absoluto de la perfección femenina, sin embargo ella no tiene poder en sí misma, sólo puede actuar como intercesora ante Dios. El mito según Roland Barthes (Mitología: 1970) tiene la función de servir a una ideología que aspira a ejercer poder y para la crítica feminista los mitos están al servicio de la cultura patriarcal para imponer un modelo de sociedad que Occidente ha experimentado desde hace siglos. En el poema Ven de la luz hijo la poeta muestra un personaje madre que no está pidiendo misericordia ni pretende ser mediadora. Ella llama a su hijo y lo enfrenta a una luz que lo cegará y le dice que la deje ensañarse con él para descender como los antiguos ángeles, como los malos discípulos, ardiendo en su pasión, desheredados, en alusión a la imagen de Lucifer, nombre derivado de luz, nombre del planeta Venus en la antigüedad, en Babilonia llamado Lucero, hijo de la Aurora, caído en desgracia como señala el Antiguo Testamento, figura del ángel rebelde como icono romántico o del seductor Satán como lo presenta la Biblia, héroe o titán, Prometeo o Lucifer que es, ante todo, el hombre que aspira a vivir con su esencia divina. Esta madre ante el <ojo> del infierno (estiércol) aprisionará la llama de ese hijo que parece ser el ángel rebelde que puede redimirse porque ella se lo enseñará y entre ambos serán todas las cosas simples de la vida como lo expresa esta hablante en distintos versos. Si bien los mitos tienden a reproducir los esquemas culturales heredados y pueden ser resistentes, esa resistencia no es contradictoria con la originalidad del escritor o poeta, puesto que el artista tiene la obligación de hacer escuchar su propia voz por encima de las otras voces, por lo demás, en opinión de Pierre Brunel, el mito no es algo fijo, sino que admite múltiples posibilidades en un escenario y problemática distinta a la época del texto y a la visión de mundo que el autor despliega en su obra, ya sea como parodia o utilizando la ironía que cuestione o pretenda transgredir la dimensión simbólica y metafísica del mito (Pierre Brunel, 1992: 79). La poeta entonces re-contextualiza el mito. Lo de-construye para re-construirlo. Desacredita la idea de lo inmutable entre-viendo y re-imaginando. <Esta reinterpretación del mito es, al mismo tiempo, un proceso de reinscripción, en el que lo simbólico y tradicional sufre una transformación en lo que respecta a la representación de lo femenino> (El canto de Eurídice 2009: 36). Como sujeto femenino puede ser entonces vehículo de sentidos distintos y originales como constructora de nueva cultura. La poesía de Stella Díaz Varín podría adscribirse a un cierto orfismo puesto que, en una acepción más moderna, como indica el filólogo italiano Di Bernardo en El canto de Eurídice, ésta hace referencia <a la poesía que tiende a presentarse como revelación absoluta, fundación de civilizaciones, síntesis del valor originario y profundo de la vida, en relación con el misterio de la oscuridad>, que en sus versos, como requerimiento existencial permanente, dan cuenta de una oscilación perenne entre luz y tinieblas, entre luz y oscuridad, en donde ella recrea una visión personal del Génesis bíblico, interpelando a Dios y reviviendo la pasión de Cristo desde la posición de una hablante crítica, mucha veces recriminadora, otras apocalíptica, reconstruyendo motivos e imágenes de la iconografía cristiana y de la mitología clásica en un intento por unir lo humano y lo divino, que en la cultura decimonónica aparecen como contrarios y antagónicos, desde una visión sagrada y pagana expresada a través de las correspondencias, pero presentando los imprescindibles quiebres irónicos. Stella Díaz Varín desarrolló la ironía de manera sorprendente, ironía como parodia o simulacro, ironía que en su obra y, quizás, más en su vida, la lleva por los caminos del humor negro lacerante, cruel y blasfemo. Que nos dice Stella Díaz Varín en una entrevista con María Teresa Cárdenas para la Revista del Libro, en el diario El Mercurio:

 

Yo creía y todavía creo que el hombre es salvado por el hombre, ésa es una cuestión que se me dio a mí cuando yo era chica, yo dije Dios no existe, por lo tanto el hombre salva al hombre. Que yo gritara esto en las iglesias de mi pueblo produjo ciertos inconvenientes. Pero yo creía en la Virgen de Lourdes.

 

Esto nos lleva nuevamente al tema de la luz. Ella nos dice muy enfática: yo soy marxista, LÚCIDA y lógica, antes advertiremos que el surrealismo no renuncia a toda lógica, sino que renuncia a una lógica que castra los poderes del hombre como lo señala expresamente André Breton, pero, al mismo tiempo, como ella misma lo señala, Stella cree en la Virgen de Lourdes: esta es una contradicción distintiva de los románticos y que conserva vigencia en las vanguardias, veamos como en Altazor, el poeta Vicente Huidobro que públicamente escarnece a la religión católica, recurre de auxilio a la virgen como imagen de salvación. En este breve recorrido por su obra mencionaremos un último poema que lleva por título Trasluz, de su libro Los dones previsibles. Aventuramos que este poema fue escrito en plena madurez: Trasluz como luz que pasa a través de un cuerpo translúcido, pero que no deja ver nítidamente los objetos. Stella Díaz Varín advierte que la luz que ella poseyó va perdiendo deslumbramiento y en un lenguaje poético más austero la hablante exhibe <ojos deslucidos>. Son <días empañados> que equivalen a una <agonía neblinosa>. Ella, desde una <ventana ajena>, mira al trasluz e indica, en los dos últimos versos, que está entreviendo como <seca pupila donde no resplandece / ni el más leve trino>. Sin embargo en los dos primeros versos, ella nos muestra a una hablante solicitando: <Que se me permita mirar por la ventana / Sólo el espinazo de la muerte>. Hablante que requiere ver el reino de la oscuridad de igual a igual, contraviniendo la interpretación canónica del mito de Orfeo, aunque esté con los <ojos deslucidos> quiere ver lo que hay más allá de la luz. Al terminar esta exposición sólo algunas líneas. Cuando a Stella le dieron el veredicto médico, ella decidió morir con su cáncer escondido y no en una UTI toda rajada: <Yo me lo busqué. Yo me lo busqué. Como dicen las viejas antiguas. Tengo tabaquismo,  alcoholismo y tengo surrealismo>. Y frente al desenlace: ¿cuál es la reflexión de Stella Díaz Varín? <Cuando tú tienes 80 años y te encuentras con esta gente maravillosa, de 17, 18 años, que te hablan como si tuvieras su misma edad, yo creo que no me voy a morir. Mientras yo viva con esta gente no me voy a morir nunca[9]>.



[1] Rosa Alcayaga T., periodista y poeta, candidata a magíster en Literatura con su tesis STELLA DÍAZ VARÍN: sola contra el mundo. Una poeta inscrita dentro de la vanguardia surrealista que despierta ecos neorrománticos (2009). En este texto, que fue leído el martes 11 de agosto, día de su natalicio recordado en la SECH, sólo entregaremos algunas breves pinceladas sobre su obra.

 

[2] María Teresa Cárdenas, Fiel a sí misma. Recordando una conversación sostenida con Stella Díaz Varín el 8 de junio de 1999. Revista de Libros de El Mercurio. Viernes 23 de Junio de 2006.


[3] José Miguel Varas, Stella Díaz Varín, revista Rocinante, entrevista de marzo 1999.

[4] Cristian Geisse Navarro, en su prólogo al libro El panorama ante nosotros, del poeta Alfonso Alcalde, año 2007. Ediciones Altazor, pp: 19-26.

[5] María Teresa Cárdenas, Fiel a si misma, entrevista en la Revista del Libro, diario El Mercurio, viernes 23 de junio, año 2006.

[6] Francisco Umbral, Lorca poeta maldito, p.45.

[7] Filippo Giuseppe di Bernnardo, La insurrección de Lilith, p. 12. 

[8] Claudia Donoso, Stella in the sky with diamonds, un homenaje de la periodista que fue publicado en la revista Paula, julio 2006.

[9] María Teresa Cárdenas, Fiel a si misma, entrevista en la Revista del Libro, diario El Mercurio, 2006.






Subir
 Referencia
Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro.  "Reflexiones acerca de la obra de Stella Díaz Varín[1]."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    1 de Septiembre de 2009.
 <   >
© Derechos Reservados