Cartas de Javiera Carrera durante la gesta por la independencia de América
Cuántas mujeres fueron protagonistas en la lucha por la emancipación americana. La tarea de sensibilizarnos sobre las historias de estas paladinas de la libertad, me lleva de la mano hoy en presentar a una de ellas, después de casi dos siglos de la Independencia de América Hispana: Javiera Carrera. Los escenarios que reflejan esta historia van desde uno y otro lado de la Cordillera de los Andes en el sur de América. Una zona semidesértica. Territorios de grandes superficies y escaséz de vegetación situados entre Chile y Argentina.
En cuanto a la experiencia en los territorios donde transcurrió el exilio que sufrió Javiera Carrera, la podemos definir metafóricamente como a su propia, personal etapa de “Desierto Negro”, dado que tuvo que dejar atrás patria y familia. Una experiencia y un tiempo árido de su vida.
Cuarta generación de criollos, ella y sus tres hermanos. Los padres ya no se sentían españoles, eran hacendados ilustrados y de buenos principios. Quisieron que sus hijos varones sirvieran a la patria y destinaron a la carrera militar al varón mayor, José Miguel, según el pacto social establecido entre los criollos y la Corona española.
Javiera tuvo un lugar privilegiado. Nacida después que cuatro hermanos pequeños que no lograron sobrevivir, arrebatados a temprana edad a sus angustiados padres, se transformó en la hermana mayor de los que vinieron después.
Esta familia tan deseosa de hijos, logró finalmente ver crecer a Javiera y sus hermanos, los que más tarde fueran inmolados por la patria: Juan José, José Miguel y Luis Carrera.
Javiera nacida libre, sorprendió a los suyos queriendo entrar en el noviciado. Luego de un año en los claustros, vio que su vida necesitaba otros horizontes y así después de dos meses de dejar el noviciado, a los 15 años, contrajo matrimonio con el desdichado Manuel de la Lastra, al cual le iban bien las cosas y decidió que era la hora de poner casa propia. Emprendiendo don Manuel un viaje por el paso de los Andes hacia Buenos Aires, por el cruce del río Colorado que corre entre Mendoza y llega por varios territorios hasta la Patagonia, van vadeando el río y él lo hace con tan mala suerte que éste lo arrastra tras sus peligrosas aguas e irremediablemente desaparece. Deja a Javiera con sus dos pequeños hijos.
En este periodo de su vida aparece en Javiera su decisión de dedicarse más decididamente a la causa de la liberación de América.
Intentaré la presentación de algunos aspectos del intenso y largo carteo que Javiera Carrera produjo durante el período de su vida que, a causa de su compromiso por la independencia, fue condenada el exhilio. Elegí para este fin algunas de las cartas escritas en el periodo que transcurre desde el desastre del ejército patriota en la batalla de Rancagua en el año 1814 hasta 1824, año en que esta heroína decide poner fin a su prolongado exilio.
Para una de las tantas claves posibles de lectura, utilizo la propuesta por el escritor argentino Ricardo Piglia en su libro “El último lector”. Reflexionando sobre la lectura de unas particulares “viejas cartas” escribe: “ellas se entienden y se descifran por el relato mismo. Más que un sentido éstas producen una experiencia y, a la vez, sólo la experiencia permite descifrarlas; no se trata de interpretar, sino de revivir la experiencia. La experiencia está siempre localizada y situada, se concentra en una escena específica, nunca es abstracta”.
La fuente de los fragmentos que transcribiré desde la Biografía novelizada: “Javiera Carrera Madre de la Patria”, de la escritora chilena Virginia Vidal, escritora que ha recreado en el contexto de hace doscientos años, la lucha por la independencia de Chile, la vida de Javiera.
Mi intención es devolverles esos particulares vínculos, compartiendo la singular experiencia de una mujer que vivió el exilio más largo de la historia de su país. Este exilio sólo es comparable al desierto.
Demos por un instante escucha a estos versos del cancionero popular chileno:
Doña Javiera Carrera
bailaba la refalosa
hermosa fina valiente
y su mirada orgullosa
La refalosa no se conocía en los tiempos en que vivió Javiera Carrera. En Chile, la “refalosa“, del cantautor Rolando Alarcón, la cantan todos desde hace unos cincuenta años. Paradójicamente son pocos los que conocen la historia de la vida de Javiera Carrera y sus hermanos.
Contextualicemos: La derrota que sufrió O’Higgins en Rancagua marca la vuelta del dominio español. También era la derrota de los Carrera, de todos los patriotas. El descalabro se debió a innumerables factores que se precipitaron abrumando a los preclaros líderes: la supremacía de la fuerzas realistas, la mala interpretación del campo de batalla elegido por los jefes patriotas y sustancialmente la ceguera que producen pasiones en el ánimo y en las relaciones de los líderes, lo que definitivamente produjo el desastre.
Javiera decide exiliarse junto con sus hermanos y el resto de las fuerzas militares patriotas, cruzando la cordillera.
Y aquí va doña Javiera huyendo con su niñito de pecho. El ejército godo derrotó a los patriotas y ella sigue a sus hermanos, líderes de los derrotados, entre las cumbres por el paso de los Andes, junto la tropa que quedó en pie luego del combate de Rancagua. El Aconcagua, la montaña andina más alta, los acoge y resguarda hasta llegar a Mendoza, ciudad de designios funestos para los Carrera.
El cruce de la Cordillera de los Andes determina una larga y trágica separación del suelo natal, de sus hijos, de su padre y de su marido Pedro Díaz de Valdés.
Javiera siente más que nunca su participación en la revolución por la independencia y se entrega de modo total a esta causa. Toda la familia Carrera abraza con fuerza las iniciativas para que la liberación se abra camino. Los hermanos menores han recibido la poderosa influencia de su hermana Javiera.
Doña Javiera
Su patria libre quería
La independencia de Chile
La soñaba noche y día
Carta de despedida a Valdés:
“Me voy a Mendoza: allí estaré; me llevo a nuestro Perico…”
Valdés, el marido de Javiera, es un fiel funcionario de la Corona. Pero ante la incorruptible decisión de su esposa y la acusación de ella de ser indolente en los graves apuros en que se encuentra, sólo atina a escribirle. Acata su resolución de volcarse por entero a defender la causa que la une con sus hermanos.
Desde el paso por el majestuoso Aconcagua que, impertérrito de por siglos observa las comunicaciones entre Chile y Argentina, Javiera escribe a Valdés:
“…He llegado a este punto , por considerar no era lugar seguro Chicauma; me horroriza la conducta del Ejército Real. pasar por armas a niños de pecho y a sus infelices madres! Temo por cierto un insulto. Sin embargo tú me dices que las mujeres no debemos opinar , tengo derecho de ser Carrera. Por esto habrán despedazado mi casa. Ahora tu me harás la justicia de creer que paso a dejarte a ti y a mis hijos, no por preferir a otros… como me has repetido con injusticia muchas veces , sino por la necesidad que me obliga el destino. Estaré en Mendoza, de allí nos trataremos con la pluma hasta que veamos lo que te parezca mejor. Como soy ingenua, te protesto. Estoy traspasada de dolor ! Cuídame a los hijos de mi corazón, a mi Domitila, qué tantas lágrimas me cuesta. No veo el papel!. Nuestro Perico, mi único consuelo, me lo llevo y cuido, tanto lo quiero. Adiós, adiós. Abraza a mis hijos con toda la ternura que a ellos y a ti profeso. Tu Francisca Xaviera.”
Total es la identificación de esta mujer con la causa que los Carrera abrazan con resultados dramáticos. Sus hermanos, en las lides de las guerras que protagonizan, se arriesgan en enfrentamientos y pasiones que los arrastrarán a la trágica muerte. Serán fusilados en la Plaza de Mendoza: primero Juan José y Luis. Más tarde, José Miguel correrá la misma suerte, en el mismo lugar.
Javiera solo tenía su orgullo para afrontar el destierro: toda la provincia de Cuyo perteneció al reino de Chile , hasta la creación del virreynato del Río de la Plata. De Mendoza, se trasladó a Buenos Aires.
Carta a Valdés desde Mendoza, Nov. 15, 1814.
Valdés: Nunca creí que sería tanta tu indolencia en los graves apuros que sufrimos desde el Aconcagua. Te escribí hacindote ver que emprendía el paso por la cordillera a mi pesar, por sólo el temor del Ejército Real que se aproximaba en aquel punto en que creí permanecer hasta volver a mi casa, todo depende de la suerte y no hay tormento que no sufra. Creo que los demás emigrados que hay aquí han tenido cartas de su casa, sólo tú no has podido hacer lo propio, mil sujetos habrá para este fin. Qué se han hecho las protestas que me hacías contando con que una mujer no se mezcla en gobierno, y si tuve influjo? Todo fué a favor de ustedes, no me asegurabas que verías al señor Osorio y en mi casa no habría novedad ?
(…) Aquí nos hicieron un recibimiento terrible, sin saber porqué tuvieron a J.M. y J.J. en el cuartel y después los mandan escoltados a Buenos Aires. Y me aseguran que el señor Osorio recogió 11 cargas, las onzas se las repartieron … Estoy muy enferma y no puedo escribi , a mi amado padre tenga ésta por suya con las más finas expresiones, como a mi pío Santos e Ignacio, mi pobre Domitila que me arranca tantos suspiros…. Tantos cuantos trabajos tengo me serían compensados viéndote a ti, al padre y mis hijos, sé más sensibile y no olvides a tu afectísima F.J.C.
Desde Mendoza obligan a su familia a trasladarse Buenos Aires en un pesado carruaje escoltado por treinta dragones por orden de San Martín. Demorarán más de tres semanas en cruzar los inmensos territorios y turbulentas tierras que llevan al puerto más concurrido del Virreynato del Río de la Plata. En Buenos Aires, Javiera se va trasformando en la activista instalada en modo provisorio en ese lugar del destierro.
Las cartas siguen caminos secretos, van y vuelven desde el punto de citación convenido, pero a Javiera le han redoblado la vigilancia, dado que el director Supremo de las provincias unidas del Río de la Plata la envía a prisión por las intrigas en que se ve envuelta, por la decisión del destierro por orden de O’Higgins y por las indicaciones que hace llegar al Director Supremo del Río de la Plata Juan Martín de Pueyrredón.
San Martín es en ese momento Gobernador de la región de Cuyo. El Congreso de Buenos Aires a quienes se le presentaron peticiones contra la violación de los derechos humanos, hizo oídos sordos frente a la encarnizada persecusión de la familia Carrera, así como a sus amigos y servidores.
Javiera recibe finalmente una carta de su marido fechada 16 de dicembre 1814, en donde éste se despide con estas palabras:
“pásalo bien como quiere tu afectísimo: P.Díaz De Valdés”.
La ira de Javiera es inmensa cuando se entera que las cartas que envía son leídas por el general godo Osorio: han sido censurada por éste. En el interin se le comunica que se le permite su regreso en tierra chilena. Sin embargo, ni toda la ausencia ni todo el dolor del mundo la van a hacer inclinar ante el vencedor.
Otra carta de su marido le llega luego de cinco meses anunciándole de la boda de su hija Dolores. El matrimonio se realizó el 16 de julio de1816. Está fechada en diciembre de 1816.
Carta a Valdés fechada en Buenos Aires el 9 de junio de 1817.
“Querido Valdés: continúo la costumbre de no pasar en silencio como tú. Debes haber recibido segunda carta mía por manos de…, otra por don … y las demás por la esposa de Juan José. Todos son más felices que yo. Vivo ya desesperada en la ansiedad de que llegue ese día para mí: pero creo que primero que me dejen libre me muero...”
Podemos concluir con una intercesión poética para restituirle a Javiera una Pampa con luces y colores que la abracen desde nuestro recuerdo con poético fervor, en ese suelo donde transcurrió su exilio y que tantas penas , dolores y sufrimientos le depararon.
Fragmento de la poesía “ Pampa” del poeta argentino : José Munoz
...” cerrar los ojos para pode mirar hacia adentro,
Hacia las constelaciones blancas, purpúreas , violáceas , nacaradas ,
impresas en la retina del inconsciente .
¿ Dónde estaba el tiempo antes de la Pampa
¿Dónde son los que han muerto, donde están los que aún no han nacido?
Resucitar, reconstruir pedir refugio en la luz, atreverse ser nube ...”
Qué nazca el primer día.”
Casi como una plegaria por otra intercesión hacia Doña Javiera Carrera es la de agradecerle por los “dones recibidos” de esta luchadora por la independencia del dominio español, para que bpuedan expresarse y consolidarse en este territorio americano que compartimos y que ello se logre a través de una mutua responsabilidad, como la que animó el espíritu de esta heroína americana.
Y como canta el cancionero popular:
“ Cuando el viento flamea
Orgulloso la bandera
En sus pliegues se refleja
Su rostro doña Javiera”
Buenos Aires, julio 2008.
Editorial Sudamericana, Santiago de Chile, 2000.