Recordar al muy olvidado pero brillante escritor y periodista Juan de Luigi es recordar aquellos años cincuenta de una juventud que respetó a un hombre capaz de estimular a los pensantes con sus críticas de sabio erudito y de revolucionario inclaudicable. Los estudiantes acudíamos a sus críticas literarias, a sus eruditos ensayos sobre los más diversos aspectos de la cultura, así fuesen las sonatas de Beethoven o el arte de la esgrima (con un dominio del tema que envidiaría Arturo Pérez Reverte). Juan de Luigi bautizó la traición, la felonía y la ley de “defensa” de la democracia de González Videla como “el tiempo de la infamia”. Por suerte, no sabría nunca que a este país le sobrevendría otro tiempo de la infamia más atroz aún. Más allá de la muerte se lo podría comparar también como un jaguar en el pantano rodeado de jauría apabullante.
Es triste constatar que se están perdiendo sus rastros: en la Biblioteca Nacional no hay ningún libro suyo; Referencias Críticas sólo cuenta con el artículo de Andrés Sabella.
Colaborador de “La Hora” , diario vinculado al partido radical, en la década de 1940, hizo famoso y respetado su pseudónimo The Ripper. Luego él y Carlos Droguett fundaron el tabloide “Extra”, en un período que rememora acertadamente la poetisa Stella Díaz Varin cuando fue aceptada como joven reportera por de Luigi. Otro de sus seudónimos fue Dick Tracy, en homenaje al héroe de la primera historieta policíaca, hijo del dibujante Chester Gould.
José Miguel Varas trae a la memoria los años 1954-1957, cuando trabajaba en el diario “El Siglo”y se publicó “El tiempo de la infamia”, de Juan de Luigi; verídico reportaje de la persecución de González Videla a los dirigentes sindicales de la clase obrera y a los comunistas:
“Conocí y frecuenté a Juan de Luigi. En ese tiempo estaba publicando “El tiempo de la infamia” en forma de folletín. Éste obligó a rememorar ese negro período (hace falta hacer el folletín de estos años). Yo iba a verlo a menudo y a conversar con él por amistad. Vivía en Hernando de Magallanes, cerca de Colón, en una casa con un terrenito con árboles y plantas. Era muy cordial y generoso aunque vivía con bastante penuria. Hablaba de modo incontenible con una erudición abismante y abundancia de referencias históricas. Visitantes habituales eran Pablo de Rokha que lo escuchaba en silencio con profunda atención, y el profesor Goldschmidt, crítico musical de Zig-Zag. Este era un hombre que sólo andaba a pie, por ningún motivo subía a un vehículo, así que recorría la ciudad entera caminando. Cuando su esposa, una mujer pálida, suave, muy delgada, murió, fui a verlo con el colega Miguel Luis Riquelme (conocido como “el Dios”). La señora yacía en el segundo piso. Alguien subió con Juan. Los vi bajándola, con ella en brazos, para colocarla dentro del cajón. Después llegó De Rokha. Estuvimos un buen rato conversando. Juan fumaba pipa. Al fin, Riquelme y yo nos fuimos y De Rokha se quedó, no sin preguntar asombrado por qué nos íbamos. Tal vez debimos quedarnos la noche entera... Después de la muerte de su mujer, Margarita Aguirre estableció con él una gran amistad, lo iba a ver casi todos los días. De Luigi integró el periodismo de la bohemia de los años cincuenta. No era raro que se amanecieran la noche entera, por ejemplo, en el “Bar Juanito”, en la Plaza Almagro. Lo curioso es que el dueño del bar le puso ese nombre en homenaje a Juan de Luigi, llamado cariñosamente Juanito por sus colegas. El “Bar Juanito” tenía una característica singular: allí se hacía el mejor col’emono de Santiago.... De Luigi hacía muchos esfuerzos para mantenerse bien y, ciego como estaba, salía a trotar todos los días acompañado por su hijo Giannotto. Era delgado, de rasgos finos y bien acentuados... La ruptura con el PC se produjo con motivo de la publicación de “Neruda y yo”, pues de Juan de Luigi fue amigo leal de Pablo de Rokha .”
Manuel Cabieses recuerda que él era un joven periodista cuando llegaba De Luigi a la redacción, acompañado por su hijo Giannotto, El crítico estaba completamente ciego. Entonces debía dictar su artículo que lo iba escribiendo Cabieses a máquina, mientras le causaba gran impresión la seguridad y perfección de ese dictado donde no había repeticiones, errores ni vacilaciones, como si De Luigi pensara “en limpio”. Por si fuera poco, el número de palabras, correspondía exactamente al espacio asignado, de modo que no había que cortar ni añadir nada.
Carlos Droguett dijo en una entrevista: "De Luigi fue un maestro y un compañero extraordinario". Y más tarde dejó de él una imagen desgarradora en su novela “Matar a los viejos”:
“... Juan de Luigi, el italiano, quien, sin apresurarse ni amilanarse, despilfarraba su enorme talento en parrafitos venenosos e intrascendentes sobre política exterior o interior, sobre literatura chilena o extranjera y que moriría repentinamente una madrugada en su cama, ya olvidado y usado, abandonado por sus amigos y por sus ojos, ciego rematado en su cuerpo y en su ambiente.”
Juan Allende-Blin en Cultura en busca de asilo o los caminos de los exiliados (Revista Musical Chilena, v.57 n.199 Santiago ene. 2003) ha escrito un vívido panorama de ese período en que De Luigi fue el más admirado de los críticos literarios.
“En 1940 ya había estallado la guerra en Europa. Un choque inmenso me conmovió al ver La mesa verde presentada por los Ballets Joos en el Teatro Municipal de Santiago.
Kurt Joos había creado una obra maestra que había sido premiada en 1932 durante el Concurso de Coreografía de París. En 1933, al asumir Adolf Hitler el poder en Alemania, Joos fue alertado que la policía tenía orden de detenerlo a él y a los miembros judíos de su conjunto. Entonces los Ballets Joos con todo su personal decidieron emigrar furtivamente aquella misma noche a Inglaterra pasando por los Países Bajos. Un mecenas inglés los acogió en su residencia de Dartington Hall, y de allí partían en tournée -evitando siempre la Alemania nazista- hasta llegar un día de 1940 a Santiago de Chile.
Vuelvo ahora a la poesía. Inolvidables fueron las tardes pasadas con Pablo de Rokha, con sus versos apocalípticos, con su inflexible voz clamando por un mundo mejor. Allí con Juan de Luigi y con mis padres, Pablo iniciaba la conversación que mezclaba Platón con Sigmund Freud, Hegel con Hoelderlin, Marx con Lautréamont, Cervantes con Dante. Un mundo imaginario se iba constituyendo a la vez que paladeábamos platos deliciosos de mariscos y pescados, sin olvidar el vino. Y en casa leía yo con avidez los recientes poemas de Paul Éluard y de Louis Aragon que llegaban atravesando océanos para informarnos de los horrores de los exterminios.”
Sin duda, el más completo retrato del eminente crítico se lo debemos a Andrés Sabella:
“Por una gentileza de Juan De Luigi Lemus, de la Dirección de Bibliotecas de la Universidad de Concepción, recibimos el obsequio apreciadisimo de un libro, de tirada de sólo cien ejemplares, impreso en 1947 por su padre, "Poemas del Verano". Hablamos del notable periodista y crítico Juan De Luigi, a quien tanto le deben los diarios y escritores chilenos, por la versación. de su vasta cultura y la sólida prosa que puso al servicio constante de las ideas fundamentales del hombre.
Juan De Luigi es un personaje que importa, que debe importar a los antofagastinos, porque aquí residió en su brillante mocedad de 1916 a 1900. Vivió en el famoso y legendario Castillo de Abd El Kadder y, luego, en Santiago, siempre manifestó que él era, verdaderamente, hijo de Antofagasta. Nos lo dijo, varias veces, cuando lo visitábamos en su escritorio del diaro "La hora", evocando con ternura nuestros cerros y nuestro mar, sus días de estudiantes del Liceo de Hombres, este cielo condecorado de estrellas.
Perteneció en su juventud, a las filas de la combatiente "Y doble", la Internacional Workers World *) , que sustentaba el pensamiento anarquista. Como todos los universitarios del Año 20, vibró en las alturas de este ideal. Hablaba con admiración de José Domingo Gómez Rojas, recitando sus "Protestas de Piedad'. De la antigua FECh. Le quedó la romántica actitud que definía sus impulsos.
Bizarro y varonil, Juan De Luigi, con sus cabellos cobrizos, era una estampa que correspondía, cabalmente, a la gracia y fuerza de sus pensamientos. Hacia el final, perdió la vista. Pero siguió "viendo" el mundo y atendiendo al progreso de la cultura chilena, con sus críticas singulares.”
*) IWW: Industrial Workers World
Sin duda, De Luigi fue el mejor amigo de Pablo de Rokha y supo como nadie penetrar a fondo en su obra. La amistad fue más que recíproca y el poeta envuelto de resentimiento, privaciones y dolor se desbordó en un poema que resiste como modelo del improperio:
“Y cuando yo me azoto entre la desgracia y la miseria, después de haber forjado continentalmente el rol épico de Chile, y Winétt se está muriendo, ellos, los perros acerbos de la "Banda Negra", se ríen e impiden que se publique el terror del dolor familiar, a fin de que se acerquen los amigos a la lejanía tremendamente infinita de "los de Rokha", arrasados por el huracán de la mayor desgracia del mundo.
Un cinturón de fuego nos ha cercado y los libros han caído al vacío del sabotaje organizado por "Bacalao y la Banda Negra". Cuando en 1949 yo planteé en "Arenga sobre el Arte" los términos categóricos del Realismo en Hispanoamérica, como consecuencia natural y lógica de haber yo venido realizándolo, yo venido experimentándolo, yo venido organizándolo en mis poemas durante cuarenta años, con las caídas y las victorias de una gran batalla, y Winétt de Rokha lo mismo, en grado equivalente, un silencio mortal nos rodeó, amenazándonos, en rodaje de matones...”
*** “Aquí, ni el peronismo, ni el nerudismo, ni el alonismo, ni el "realismo", hecho con deshechos y a máquina, llegaron jamás, a golpear, positivamente, el corazón del pueblo. En la campaña de injurias de "Bacalao", contra la personalidad seria y eminente de Juan de Luigi, a quien pretendió ridiculizar el demente, todo el mundo chileno está con de Luigi, y está contra "Bacalao" enjuiciándolo, contra "Bacalao" y su actitud canalla. Y las "Odas Elementales" no convencen ni a los caballos carretoneros, ni a la María de la Cruz, ni al "Peroncito", trágicamente sostenido por Galvarino, con letreros en las letrinas.”
*** “Es inútil que Fulano o Zutano o Mengano, se retraten abrazados a Baroja o al perro de Baroja o besando a Juan Ramón Jiménez; todo el mundo sabe en Chile que el tal angelito es tonto, no como Pero Grullo, más tonto que Pero Grullo, y sabe que es tonto por ejemplo, "Alone", con simulación de inteligencia y todo, y que es tonto Undurraga y que son tontos los Montes-Orlandi, porque todo el mundo, es decir el pueblo, el gran pueblo de Chile no se equivoca, y cuando se equivoca, se rectifica a la carrera: ¿cuántos ibañistas e ibañosos quedarán en Chile de los cuatrocientos mil que votaron por el hombre de Septiembre? ni su líder máximo. Y de los mariacrucistas?: Galvarino, y únicamente, Galvarino, el peroniñento. El contrabando literario continuado y mercantil es imposible entre nosotros: Basualto está caído, está perdido, está hundido para siempre nunca jamás, eternamente. Y Juan de Luigi en los primeros planos. Por eso yo quiero tanto y tan entrañablemente a mi país, y siento orgullo enorme de ser chileno, un orgullo enorme y documentado.”
*** “Lea y medite Alone-Neftalí, y Neftalí, en persona, lo que escribe, macizamente, Eduardo Mallea en "El Diario Ilustrado, (???) del 22 de Mayo de 1955, y lo cual entraña una lección de honor para el "Alone"-Neftalí, que no comprendió jamás estos grandes hechos:
*** “Todo este arte está fundado en las exageraciones. Pero, en obra o persona, la grandeza se funda en una exageración de sí misma.
Habría que ponerse a pensar sobre estos dos términos, tan emparentados, literatura y exageración, simbiosis que en una obra opera el extremo de las dimensiones. Últimamente se ha dado en cultivar, sin quererlo, un arte de todo punto menor, aunque refinado, en virtud de un miedo de una especie de miedo sabio y litúrgico a exagerar. Veo a muchos nombres jóvenes, cargados de talento creador y de inteligencia fina y discriminativa, asesinar y asesinarse en sus posibilidades de grandeza, debido a un exceso: el exceso de gusto, de medida, de cuidado les veda, les cohíbe, les evita, les mata los otros excesos de la facultad libre y creadora, o sea la riqueza misma de las potencias.
Es triste que mucha gente joven pierda por una posesión mal dirigida de actitudes eminentemente aristocráticas la posibilidad de la suma grandeza, o sea que por querer ser delicada pierda irremisiblemente la ocasión de ser grande. Porque un arte mayor no es un arte para minorías, sino el que abarcando las minorías las sobrepasa, y extiende sus consecuencias y su trascendencia haciéndolas inteligibles para la mayor porción posible de mentes y sensibilidades”.
*** “Las almas verdaderamente creadoras, son almas exageradas. Exageradas en su proporción intima y exageradas en el sentido de su visión. Y solamente lo que es acomodado y normal, de dimensiones y de vista, es lo que carece de interés y no merece ser descrito, loado ni cantado.
Si, los espíritus mayores no temen al mal gusto. Poseen el suyo propio, a quien no lo interesa ser ni bueno ni malo, sino ser, y ser en toda su genial desenvoltura.
¡Pobres de los que se miden y recatan demasiado, y quedan siendo ángeles tímidos! Porque aun la medida de lo angélico reclama una enorme ambición de vuelo y un firmamento que no lo coarte ni lo disminuya. Un ángel de buen gusto sería difícil de concebir; un ángel no puede tener más que gusto angélico, que es como decir que un escritor de veras admirable no puede tener más horizonte que todo el horizonte, mostrando su poder en cuanto abarque, ni otro gusto que el de su plenitud”.
Pablo de Rokha: Neruda y Yo. Editorial Multitud, Santiago de Chile, 1955.