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José Miguel Varas cumple ochenta años
Hechos, Sentidos y Preguntas

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José Miguel Varas cumple ochenta años
Virginia Vidal

 

 

 El 12 de marzo de 1927 nació José Miguel Varas. Cuesta creerlo, porque su palabra, su voz, su humor su escritura son las de un joven adulto En esta ocasión, Varas merecería un gran homenaje, ojalá en un teatro, donde mucho pueblo pudiera asistir y conocer testimonios directos de la vida de este hombre trabajador, disciplinado, consecuente. No todos lo conocen en persona, pero la mayoría de los habitantes mayores de este país podría reconocer su voz, no sólo por su timbre, sino también por su ponderación. Tan serio y con un peculiar sentido del humor que asoma en los grandes ojos sin malicia más que en el reír.

 

Este cumpleaños nos incita a rememorar facetas de su vida como a releer algunas crónicas con las que intentamos dar a conocer las impresiones que nos causaron las lecturas de sus libros

 

Generoso para entregar cuanto sabe y ha recogido por los caminos de la vida, a su retorno Varas se reincorporó al periodismo en el fenecido diario "La Época", luego en la fenecida revista "Rocinante" (los gobiernos de la concertación en eel proceso de transición han sepultado a casi toda la prensa cultural como a la prensa que combatió a la dictadura). No escatimó su tiempo para aceptar una entrevista de un curso de periodismo o dar conferencias o presentar libros. No más llegar a Chile, empezó a publicar sus libros de crónicas. También ha sido generoso para criticar a muchos de sus pares.

 

No sabemos si mientrs trabajaba en Radio Moscú tomaba apuntes para su obra literaria y escribía en secreto durante esos diecisiete años. Lo cierto es que su prodigiosa memoria organizaba y ordenaba todo fruto de su fecunda imaginación. Si por años estuvo escribiendo día tras día la crónica periodística contra la dictadura, sin publicar su obra literaria, en un almácigo secreto brotaban innumerables relatos que fueron creciendo y vigorosos vieron la luz.

 

Su propia vida y experiencia asoman en obras que se inician en el escenario de una sala de redacción donde no faltan narradores periodistas: Ocurre en el cuento "La Denuncia" y en la novela "El Correo de Bagdad". Más que un reportero, Varas es un portavoz de los condenados a callar o a ser acallados. Una notable muestra de ello es: “Chacón”, donde Juan Chacón Corona.testimonia sobre su vida de niño proletario, obrero a muy temprana edad y luego, dirigente de campesinos.

 

Por curiosa coincidencia, el Primer Congreso de Escritores Chilenos y Mapuche se inauguró en vísperas del lanzamiento de su novela “El Correo de Bagdad” cuyo protagonista es un mapuche internacionalista y artista excepcional; se trata nada menos que de uno de los escasos protagonistas mapuche de la literatura nacional.

 

Salvo Violeta Parra, cuya participación en el Festival la Juventud en Varsovia inspiró algunos de sus poemas, ningún escritor nuestro había considerado como tema literario aquella entusiasta presencia juvenil en otros festivales y congresos internacionales de estudiantes. El congreso de Bagdad tuvo para José Miguel otro significado misterioso y absolutamente excepcional que nos permite celebrar esta fiesta de su aniversario: por quedar sin cupo en el avión de retorno, salvó la vida, pues la aeronave se cayó y murieron todos sus pasajeros.

 

Varas dice que no se plantea el asunto literario a partir del lenguaje, sin embargo en la novela ya mencionada, como en otros relatos, hay un irreverente y amoroso replanteo del castellano. Este enriquecimiento y dinamismo de nuestra lengua va desde el renacer o resurgir del idioma después de la revolución cubana, la cual obliga a estudiar castellano en todas las universidades del mundo y a tener programas radiales con castellano-latinoamericano, en muchas emisoras del planeta,  hasta ese angustioso afán de no perderlo en muchos lugares de exilio.

 

Algunos lectores critican a Varas porque en sus obras literarias no habla de sí mismo ni deja asomar su propio mundo interior. Esto no es verdad. José Miguel Varas tiene el raro don de omitir toda autorreferencia para dar paso a la vivencia trascendental. Este hombre cuyas cualidades corresponden a las del criollo ilustrado, según el decir de Armando Uribe, ha dedicado la vida entera al oficio de comunicar las verdades que se tratan de escamotear, así fuere a través del periodismo escrito o de los micrófonos, en Chile u otros lugares del mundo, practicando o aprendiendo de paso idiomas varios. La práctica incesante de dicho oficio no lo ha llevado a descuidar una obra literaria comenzada a temprana edad. con Cahuín (1946), testimonio de la vida estudiantil de los “institutanos”. Luego aparecen Porai, Sucede (1950), Lugares comunes (1968), Historias de risas y lágrimas (1972); Chacón (1967).

 

Como para una inmensa mayoría de compatriotas, su destino se tuerce en 1973 y permanece catorce años, ocho meses y diecinueve días en aparente olvido del oficio de escritor. Durante ese lapso se dedica por completo a su trabajo en la Radio Moscú, con varias emisiones cotidianas para Chile. Mas a su retorno gana terreno. Cada relato suyo da una curiosa voltereta para escapar a la ficción y dejar la certeza de un trozo de vida palpada y recortada lo cual impide que se extravíe en la desmemoria.

 

Ahora se puede advertir que mientras Varas estaba en el destierro y leía cuanto le llegaba del interior del país o recibía mediante infinidad de cartas, grabaciones y otras formas testimoniales de chilenos de la diáspora y de adentro, su ojo escrutaba, su oreja registraba como si auscultara los latidos mismos del lenguaje develando hasta lo que por falso pudor se estaba callando.O eso que, por lo mismo, se eludía con la litote, con esas formas sesgadas u oblicuas de decir corriéndose por la tangente.

 

Publica Las pantuflas de Stalin (1990), El huevo de Damocles (1992). La novela de Galvarino y Elena (1992) nos aporta el testimonio de dos militantes comunistas fervorosos que en su afán de justicia inmanente sustituyen la iglesia por el partido político. Luego vienen las colecciones de relatos Exclusivo (1996), Cuentos de ciudad (1997), y testimonios como Nerudario (1999).

 

Dentro de esta vasta producción, como ya hemos señalado, El Correo de Bagdag (1994), no sólo representa el formidable ejercicio lingüístico de recrear el habla de un eslavo que practica el castellano, con todas las dificultades inherentes del traspaso idiomático. Su compleja trama se va desenvolviendo como una espiral sin quiebres, como un resorte que impulsa al lector a introducirse en mundos y sucesos fantásticos para obligarlo a ser el escudero de un extraño pintor mapuche, amante de los caballos y decidido a desfacer entuertos entre los kurdos.

 

Cuentos Completos (Alfaguara, 2001) reúne ochenta relatos, muchos de los cuales corresponden por sobre todo a la evocación: esto es el traslado al presente de un pasado irrecuperable, patentizado por obra y gracia de la literatura.

 

Formación de un Académico es un cuento o nouvelle que versa sobre su amistad con José Griguliévich. Sin duda, este es uno de los más novelesco de sus personajes. Varas lo retrata en su decadencia hasta la hora final, impregnándolo de profunda humanidad.. Se trata nada menos que de Grigulievich, agente soviético, reclutado por el NKVD en 1934 ó 1935. Según Pavel Sudoplatov, autor de Operaciones Especiales”, se había hecho un nombre al liquidar a varios informadores de la policía lituana, combatir al trotskismo en aquel país y participar en la guerra civil española, en 1937. También se le encomendó matar a Tito cuando era embajador en Costa Rica, pero, por la muerte de Stalin, se desechó este plan.

 

Los sueños del pintor (2005), basada en las conversaciones del autor con el pintor Julio Escámez, recrea desde su punto de vista una vida plena de aventuras, acercándonos a un artista de imaginación portentosa. Al mismo tiempo, induce al lector a conocer la obra plástica de uno de los pintores más admirables de Chile.

.Milico (2007) es, a nuestro juicio, su más inquietante novela. Muy lejos de ser autobiográfica, está inspirada en la relación del autor con su padre, el oficial de ejército José Miguel Varas Calvo, también escritor. El relato se inicia con la muerte de un oficial de ejército, padre del narrador, en vísperas del golpe de Estado.

Cuando se lee y se relee la obra de Varas —porque ésta posee esa piedra de toque de lo clásico: el escaso don de ofrecer nuevas vertientes al ser releída—, podemos apreciar una cualidad del autor que es inherente a su estilo. Su agudo sentido de observación está unido a la asimilación plena de la psicología de nuestro pueblo, profundamente segregado en lo social y étnico que, sin embargo, posee un poderoso lenguaje común que este autor sabe verter, como si lograra destapar el habla del más tímido, receloso o mudo de los protagonistas de la vida cotidiana. Este lenguaje interpretado con riqueza y sencillez se percibe en su rico estilo como la unidad identificatoria vigorosa que le permite a sus poseedores reconocer-se, hallar los códigos de comunicación, sortear riesgos, aun sobreponerse a la adversidad. Por lo mismo, este lenguaje común a todos los estamentos permitió enlazar a una diáspora que se diseminó por todos los continentes.

 

Ni siquiera el retorno mayoritario impide que los “patiperros” chilenos preserven las claves de esa comunicación, una de las cuales incide en esa manera de reírse de todo, pero, por sobre todo de sí mismos, como si la herencia espiritual cervantina fuera indestructible. En la literatura de Varas se impone un escenario urbano donde cada cual aporta sus orígenes, conocimientos, saberes y la correspondiente fidelidad a valores y normas, mientras amplía sus espacios. Desmitificada toda interpretación turística, prevalece la ciudad más allá de sus muros, su geografía, sus fronteras, imponiéndose como escenario ineludible de sus habitantes, seres palpitantes, nunca encasillados que, gracias a su peculiar forma de expresarse, aún dentro de la mazmorra se liberan.

 

El lenguaje es la clave de identidad, la voz auténtica, visceral, siempre voz, jamás imitación del habla ni calco fonético. Surge desde la interioridad de la psicología y decir de hombres y mujeres de este lugar del mundo. Un lenguaje rico en metáforas, pleno de imágenes identificantes, con su propia musicalidad, juegos de palabras, retruécanos, sobreentendidos e infinidad de figuras literarias.

 

Cuando se trata de Varas, es inútil recordar a maestros nacionales o continentales cuyos personajes y sucesos nos permitieron sentir dolor y risa, emoción, rabia y sonrisa para amar una literatura que nos impedía evadirnos de la propia e inseparable realidad. Tampoco es cosa de pretenderlo sucesor de alguno, con esa comodidad rutinaria que rechaza la luz propia, la individualidad neta. Nuestro autor posee un sello característico donde al buen decir, a la precisión y originalidad de su lenguaje, se imbrica un humor jamás corrosivo, una alegría de vivir a pesar de las desdichas, una seriedad que no excluye la morisqueta a la tontería grave, a la sordidez, a la muerte, dicho de otro modo: una profunda humanidad.

 

Leer a José Miguel Varas, leer sus cuentos y novelas, es la mejor manera de celebrar el nacimiento de este gran escritor, junto con brindar por su salud y larga vida con un vaso de bon vin.






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 Referencia
Virginia Vidal.  "José Miguel Varas cumple ochenta años."  Anaquel Austral: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   12 de Marzo de 2008.
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