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Publicaciones : Crónicas

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Conversación
Sybila Arredondo de Arguedas

 

                                                     

Creo haber iniciado el cumplimiento de una tarea tan grande.  Estoy seguro de que ha de ser continuada.  

José María Arguedas[1]

 

Este epígrafe de José María Arguedas es expresión de un breve  balance de su existencia;  y este balance, a tres años de su decisión de acabar con su vida, no lo  expresa como un final sino como un inicio  y está seguro de que la tarea será continuada. “Prometí (…) revelar  el mundo que yo había vivido (…) ofrecer una imagen veraz de ese mundo” (Arguedas, 1966: 8).

 

Esto nos demuestra un  optimismo esencial  y contradictorio,   “…cargado de vida […] y esperanza (también de dolor y desgarro) que José María Arguedas nos brindó hace algunos años” (Escobar, 2015:¿?)

 

Concretamente, actuando mi presencia tal vez como hecho catalizador y  por idea de Rodrigo Aravena Alvarado, director de la entonces Biblioteca Conmemorativa José María Arguedas,  Juan Escobar Albornoz opta  y  obtiene una beca del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para profundizar sobre los vínculos del escritor con Chile y los chilenos.  

 

Escobar asume como especialista en la obra y vida de Arguedas; quien esto escribe, apoyando como familiar del escritor y refuerzo del equipo que completa Aravena, como funcionario de la Biblioteca Nacional de Chile, en la perspectiva de plasmar esa tarea para investigar el cómo y por qué se desarrolló —producto de condiciones históricas de América Latina— la relación de cariño y el respaldo que él buscó repetidamente en el tiempo y encontró en nuestro pueblo, en este Chile, donde llega oficialmente por primera vez en 1953.

 

Comentando en el artículo “Imagen de América Latina”[2] escribe que Chile  “es un país en que la civilización no solo no ha exacerbado el individualismo, sino ha conservado y aun alentado el cálido afecto del hombre por el hombre” (Arguedas, 2012, OC X: 341).

 

Podría haber iniciado esta “conversación” con una autocrítica, frente al espíritu de investigación desafiante de jóvenes chilenos cuando  —después de años de ausencia— vuelvo y soy acogida con ese espíritu, coincidiendo con la aparición de los siete tomos de sus obras antropológicas y culturales que “finalizan” la recopilación, iniciada después de la muerte de José María, uniéndome a la audaz idea de Humberto Damonte, quien, a través de su Editorial Horizonte, ha plasmado –contra viento y marea— la edición de las Obras Completas de Arguedas.  Estimo que la presión popular nos ha permitido concluir esta tarea, en el marco del centésimo aniversario de su natalicio… aunque lo expresado más arriba de “concluir esta tarea” es plantear una verdad a medias  pero, al menos, es un logro. Cabe felicitarnos y dejar el trabajo de perfeccionamiento a los que vendrán y desde aquí—ya están— logramos hoy dar a conocer e incorporar  fotos, algunos artículos,  un poema y algunas cartas aún inéditas que hemos pesquisado gracias al presente trabajo.   

 

Contagiada  y quizá fortalecida por su  enseñanza,  después de haber permanecido en  prisión,  se estima  que unos quince años, después de  haber conmemorado el centenario del nacimiento de José María, alegremente impresionada por los homenajes y acciones llevadas a cabo por este aniversario en países tan lejanos como  Corea, China, Japón y más cercanos como Francia, España, Italia, Estados Unidos, etc., vuelvo a Chile, con intenciones de permanecer, el año 2012.  Año de aparición de los últimos siete tomos de sus Obras Completas, cuyos cinco tomos iniciales de creación literaria aparecieron el año 1983 en Lima-Perú, por Editorial Horizonte; el total de los doce tomos publicados durante unos azarosos cuarenta y dos años de brega de compilación, edición  y aliento de parte de innumerables y perseverantes animadores, todos —incluida quien habla— con esperanza, ilusión y optimismo.

 

           Mencionamos como otro logro “incrustado”  en nuestra tarea conjunta que hemos  avanzado con dificultades, pero entre nuestros pueblos podemos reforzar este comentario que hacemos con una frase del discurso —ya bastante popularizado de José María — “No soy un aculturado…”:  “intenté convertir en lenguaje escrito (…) El cerco podía y debía ser destruido.”  Esto fue en Perú, siglo XX ; esperemos mucho del siglo XXI,  quizás el parto ya esbozado por José Carlos Mariátegui.

 

En su obra y hasta casi secretamente, se van recogiendo voces. Irán develando e ilustrando, a través de textos, de entrevistas y  otros datos de diversa índole, nuevas informaciones que han ido apareciendo a la luz de la investigación, desarrollada ya en más de un año y la colaboración de muchas personas amigas, en común admiración por la obra notablemente amplia en temas , especialidades y conocimientos  de Arguedas, que nos permiten y enseñan a evaluar y conocer nuestras relaciones  con los pueblos de esta América Latina y otros pueblos del mundo, no olvidando jamás que: “Chaynan hatunyachkan llaqtanchik. Allinta wiñaykuptinqa manam imapas pipas harkayta atinqachu wiñaq llaqtaqa mana harkanam.” :  “De ese modo creció y está creciendo nuestro pueblo.  Si continúa alzándose no podrá ser detenido.  La fuerza del pueblo que crece no es mortal.”; en su propia traducción del quechua, José María nos hace  presente que las necesidades de los pueblos, a lo largo de la historia, a grandes rasgos, se cumplen generalmente, en medio del fragor bélico, a través de guerras, de revoluciones, de guerras civiles, étnicas, campesinas,  cuya esencia es la lucha de clases y que son justas,  contra sistemas, leyes o sociedades caducas.  En ese costo doloroso —por muertes, prisiones, persecuciones, desaparecidos— nos encontramos con los héroes y luchadores que componen las vanguardias, junto a los dirigentes forjados en la dureza y el peligro. Por ejemplo, de nuestro tiempo, en Méjico, fresca aún  “…  la desaparición de los cuarenta y tres muchachos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa”. Elena Poniatowska[3] nos convoca  e informa en un fragmento de su discurso “¡Regrésenlos!”,  el  26 de octubre  2014,  en el Zócalo de Ciudad de México: “El pasado 23 (…) La multitud protestaba contra el crimen de Ayotzinapa, un crimen de lesa humanidad.”  Y la voz de un testimonio paternal:”…exijo a la autoridad  […] no tape a los culpables de la masacre que cometieron los policías de Iguala y su presidente municipal”. En el Perú,  los días 18-19 de  junio de 1986, en los penales de El Frontón, Lurigancho y Santa Bárbara, los presos políticos se rebelaron en defensa de sus vidas; fueron atacados con fusiles ametralladoras, bazucas, granadas, bombas lacrimógenas,  explosiones de trinitrotolueno y mediante helicópteros artillados (…):  doscientos cuarenta y tres presos políticos murieron. En el diario peruano La República,  del 20 de junio del 2008, los familiares aún reclamaban la entrega de los restos de sus parientes.  Los días  desde el 6 al  9 de mayo de 1992, el gobierno de esa época realiza su operativo nominado oficialmente “Mudanza 1” en el establecimiento penal “Miguel Castro Castro”; de allí   resultan cuarenta y dos fallecidos y ciento setenta y cinco heridos[4]. Este caso fue calificado por distintos doctores de la ley como masacre o genocidio, pues buscaba aniquilar a  dirigentes y militantes comunistas. Menciono también de Perú, del 5 de junio del 2009, el llamado   “Baguazo” ( por Bagua)  o caso de la Curva del Diablo, donde Santiago  Manuin Varela, awajun-wampi, ha sido acusado , junto a cincuenta y tres nativos más,  por el fiscal Superior de Amazonas, por  la movilización, que realizaban varios peruanos de esas etnias en Amazonas,  zona de selva y petróleo, en rechazo a la dación de decretos legislativos contra sus territorios, finalmente rehusados por vergonzantes; tomo la voz del obispo de la zona,  de Jaen, que estuvo cerca de los hechos:  “No puede ser que se pida cadena perpetua o condenas gravísimas para quienes,  según todos los testigos, su único delito fue reclamar sus derechos y luego tratar de impedir que se derrame sangre inocente en ambos bandos”. Fueron treinta y cinco los peruanos muertos y ahora, el 14 de mayo, después de cinco años, se pretende condenar únicamente a los indígenas hasta con penas que llegan a  cadena perpetua, sin siquiera tener pruebas[5]. En Colombia, Brasil, Paraguay y otros  países hermanos de América Latina, conocemos de asesinatos de dirigentes  campesinos principalmente por problemas de la tierra.  

 

En Medio Oriente, genocidios, estimados como  “Limpieza étnica” en Palestina por medio de las “operaciones” israelíes: Operación “Días de Penitencia” (2004) en Gaza, Operación “Arco Iris”(2004) en Rafah, Operación “Lluvia de Verano” (2006) en Gaza y más difundidas, como la:  Operación “Plomo Fundido” (2008-2009) en Gaza y las dos últimas “Pilar Defensivo” (2012) y “Margen Protector” (2014) nombres que esconden   ejemplos de  ataques genocidas  del actual Estado sionista de Israel[6]. En el propio Chile, nos duele el sacrificio de jóvenes como Matías Catrileo, Alex Lemún, Jaime Mendoza Collío  y en el mundo, miles de enfrentamientos y luchas, porque donde quiera que haya injusticia…  se sigue  escribiendo la historia. África, enorme y  más bien desconocida para nosotros, algunos casos brutales, solo se nos viene a la cabeza en este minuto: Nelson Mandela.

 

       Siguiendo la ruta investigativa y la inquietud de profundizar los postulados de la obra de José María Arguedas, sus lectores chilenos  caen en cuenta que, además de ser peruano y tener un pensamiento que toma partido por su pueblo, él nos acicatea con su ejemplo porque: “La literatura es testimonio y contribución” y él  “…entendía el mundo y la vida como la entendían los indios” (1966: 7-8) y “este modo de comprender las cosas y de juzgarlas era, no sólo extraño en muchos aspectos, sino contrario al modo como lo entendían los señores” (p. 8). Se refiere a su experiencia de la infancia y juventud, que más tarde le llevará a expresar:

 

“Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce  a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo?  No lo sé bien.  Pero no mató en mí lo mágico.  No pretendí jamás ser un político ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido, pero fue la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud”[7].

 

Entre 1964 y 1969, año de su muerte, escribe y publica entre múltiples otros trabajos, sus últimos libros: Todas las sangres, cuya dedicatoria es: “A Jaime Guardia, de la villa de Pausa,  en quien la música del Perú está encarnada cual fuego y llanto sin límites. A la ciudad de Santiago de Chile, donde encontré la resurrección”. A continuación aparecen:  Amor mundo y todos los cuentos y  El zorro de arriba y el zorro de abajo.  Este último, intensamente escrito en Lima y Santiago, el cual  —según sus propias palabras— logra  terminarlo  en  Quilpué.  

 

       A través de esta investigación, los participantes hemos tratado de “escarmenar” artículos, novelas, cartas, participaciones en congresos, notables testimonios y diversos tipos de documentos  que expresan, una vez más la vecindad acogedora que encontró José María  en nuestro país. Viceversa de, esta vez, nuestra convivencia con el Perú que se expresa actualmente en  el nombramiento de ese querido amigo  de José María, Pedro Lastra, quien es nombrado en abril de 2014, miembro correspondiente –en Chile— de la Academia Peruana de la Lengua.  Se avanza, quizá con dificultades,  pero en el mutuo conocimiento entre nuestros pueblos, para  que ese conocimiento sea tierra fértil para actuar con conocimiento de causa y unidad cuando se presenten problemas.

 

       Las palabras de Arguedas laten como un corazón del pueblo, nacen y son acogidas por todas las sangres populares generosamente,  de Latinoamérica pero también de  otros pueblos del mundo.  Nombro al desgaire algún conocimiento, de mi parte, de personas que se encuentran en trabajos sobre la obra de Arguedas: en Brasil, Rómulo Monte Alto, de la  Universidad Federal de Minas Gerais , traducción al portugués y publicación de El zorro de arriba y el zorro de abajo; Antonio Melis, de la Universidad  de Siena (Italia) sobre los poemas en quechua y la traducción al castellano por su autor, en Katatay ; Elfriede Plöger, de Alemania y Gaelle Pertel, de Francia, trabajan en la traducción  a sus respectivos idiomas de cuentos de Arguedas; de Venezuela, quizá ya impreso,  un  libro sobre El charango  donde debía ir  el importante artículo de José María sobre ese instrumento;  en los Estados Unidos, en marcha estudios sobre El Zorro de arriba y el zorro de abajo  y sobre Dioses y hombres de Huarochirí ¡y vaya usted a saber cuántos más!

 

       Yo me reafirmo, en mi “Presentación” a los siete  últimos tomos de las Obras Completas de José María Arguedas y aquí repito: “Por  ahora, con despedida abrupta: felicitarnos todos los que hemos puesto el hombro en la tarea—  y dejar el trabajo de perfeccionamiento a  los que vendrán. Ojalá sean tiempos que iluminen y establezcan naciones de justicia y solidaridad como nuestro José  María lo deseaba” (Arredondo, 2012: 22).

 

       Los que vendrán… ¡ya llegan!   ¡Bienvenidos!

 

 Bibliografía

 -Arguedas, J.M. (1966). Perú vivo. Libro-Disco. Lima: Juan Mejía Baca.

-Arguedas, J.M. (1983). Obras completas. Cinco tomos I-V. Compilación y notas de Sybila Arredondo; prólogo de Antonio Cornejo Polar. Lima: Editorial Horizonte.

-Arguedas, J.M. (2012). Obras completas, obra antropológica y cultural. Segunda serie. Tomos VI-XII. Compilación, notas y presentación de Sybila Arredondo de Arguedas, introducción de Martín Lienhard y Rodrigo Montoya. Lima: Editorial Horizonte.

-Arredondo, S. (2012). “Presentación” en Arguedas, J.M. Obras completas, obra antropológica y cultural. Segunda serie. Tomo VI. Lima: Editorial Horizonte. pp. 17-22.

 

Rangue, 1 de mayo del 2015.


[1]  Este fragmento es parte del trabajo “La literatura como testimonio y como una contribución”, que apareció en la colección Perú vivo de la editorial de Juan Mejía Baca, Lima, 1966, p 9. No fue publicado ni como fragmento, ni completo en la segunda parte de las Obras completas de Arguedas de 2012. Por esa razón, además por referirse a Chile en él, lo publicamos en la tercera parte de este libro. Es un testimonio que consta de 22 páginas y va acompañado de un disco en que José María Arguedas lee el texto. Los mil ejemplares terminaron de imprimirse el 12 de setiembre de 1966.

[2]  José María Arguedas “Imagen de América Latina” en el diario El Comercio, Lima, 25 de febrero . 1962.

[3] Mexicana, novelista, periodista y activista de los derechos humanos, ha recibido el Premio Miguel de Cervantes en 2013 y el Premio Nacional de Periodismo de México en 1978.

[4]     Ver Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), del 25 de noviembre de 2006, Caso Centro Penal Miguel Castro Castro (Cantogrande).

[5]     Consultar en Radio Marañon, en el Especial Baguazo (/index.php/secciones/especial-baguazo)

[6]     Mayor información en: Ilam Pappe (2008). Limpieza étnica en Palestina ; sabemos de la existencia de un trabajo de Simcha Flapan sobre el Plan Dalet; Ben Gurion. Renacimiento y destino de Israel. Todos estos autores son israelíes.

[7]     Palabras de José María Arguedas en el acto de entrega del premio “Inca Garcilaso de la Vega” (Lima, octubre de 1968), fragmento del discurso “No soy un aculturado…” que se colocó en forma de prólogo en la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo, de acuerdo a las instrucciones del autor que aparecen en el Epílogo –carta a Gonzalo Losada—en la obra.






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 Referencia
Sybila Arredondo de Arguedas.  "Conversación ."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   27 de Julio de 2015.
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