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Neruda, un poeta con siete vidas
Ramón Díaz Eterovic

 

 Pablo Neruda es de esos personajes de los que uno cree que se ha dicho todo, y sin embargo, cada cierto tiempo aparece un testimonio o una biografía que entrega nuevos antecedentes o una mirada distinta acerca de su vida y su monumental obra literaria. Es lo que ocurre con el libro Neruda, memoria crepitante de Virginia Vidal, periodista y escritora que tuvo el privilegio de ser amiga del poeta y de su esposa Matilde Urrutia; y testigo de primera fila de algunos  de los episodios más significativos de la vida de Neruda, como la recepción del Premio Nobel de Literatura, a fines del año 1971; época en la que el poeta se desempeñaba como embajador en Francia del gobierno del Presidente Salvador Allende.

 

Neruda, memoria crepitante (Ediciones Radio Universidad de Chile, 2015) aborda distintas instancias de la vida del vate, desde su nacimiento en Parral hasta su muerte en los días posteriores al golpe militar de 1973. De su adolescencia, y cómo un antecedente de la búsqueda del seudónimo que lo hizo famoso, Virginia Vidal destaca la brutalidad paterna que debió enfrentar Neruda y su hermano Rodolfo, cuando ambos demostraron condiciones para la poesía y el canto, respectivamente; dos ocupaciones que el ferrocarrilero José del Carmen Reyes consideraba poco viriles. Neruda, a los dieciséis años viaja a Santiago y vive lejos del hogar sureño. Su hermano acaba como empleado de una ferretería; ocupación en la que fue apagando sus condiciones artísticas. Sobre el alejamiento de Neruda de su hogar, Virginia Vidal señala que al partir: “dejaba atrás una confusión de clandestinidades, enseñoramiento del machismo, secretos y vergüenzas familiares”.

 

De los primeros años de Neruda en Santiago, Virginia Vidal destaca sus acercamientos al anarquismo, algunos episodios de su vida bohemia, que al parecer, y dada la pobreza de Neruda y sus amigos, estaba más dirigida a la comida que a las copas; sus colaboraciones para la revista Claridad, los contactos con Gabriela Mistral, y su admiración hacia poetas jóvenes de la época, como José Domingo Gómez Rojas, quien muere en 1920, víctima de la represión policial. De estos temas pasa a la publicación de Crepusculario y la instalación de Neruda como un poeta destinado a captar el fervor de sus lectores. Luego viene su viaje a la India, el matrimonio con la holandesa María Antonia Hagenaar y su romance con Delia del Carril. De ahí nos trasladamos a la Guerra Civil Española y al rol que jugó Neruda en el rescate de numerosos españoles amenazados de muerte por el fascismo español. Son los años en que Neruda se convierte en una figura poética e intelectual de primera fila, gracias a su actuación política y principalmente por el desarrollo de una obra poética que comienza a ser conocida en todo el mundo y en distintos idiomas.

 

Neruda, qué duda cabe, es el primer cachurero en un país de cachureros” dice Virginia Vidal al comentar la relación del poeta con sus casas y con las colecciones de distintos objetos que guardó en ellas, como si fueran los juguetes de un niño grande y travieso que nunca dejó de maravillarse con el aleteo de los volantines, las formas de las caracolas o el color de las botellas. Cachureos, juguetes, piezas de variados y a veces misteriosos orígenes, que sirvieron para conformar una suerte de universo nerudiano que en su momento pudo ser un buen estímulo para su poesía, y que hoy en día se puede apreciar en las distintas casas del poeta. “De estas viviendas –acota Virginia Vidal—, terminadas de armar por él, tres son las más importantes y visitarlas se ha convertido en una ansiedad, como si ellas y los objetos irradiaran la poesía que no siempre se lee. No causa alegría constatar que el poeta hoy es objeto de un culto que no exige la lectura de su obra”.

 

Son especialmente interesantes las páginas que la autora dedica a los últimos días de Neruda y a su posterior sepelio en el Cementerio General de Santiago, donde sus restos estuvieron durante muchos años antes de llegar a su casa de Isla Negra, el 12 de diciembre de 1992. En estas páginas es muy patente la visión de la escritora—testigo, y por lo mismo buena parte de lo cuenta tiene el sabor de lo inédito y de lo escrito al borde de los hechos, con los sentimientos y el dolor a flor de piel. Al relatar el funeral de Neruda, escribe: “La gente llora. Surge, tembloroso por el llanto, el primer verso de La Internacional”.

 

Una acertada síntesis de este libro realiza la periodista Vivían Lavín, cuando en su prólogo comenta: “Virginia Vidal se convierte en una fuente privilegiada para acceder a la figura de Pablo Neruda (…) En esto radica parte del valor de este libro (…) un relato en primera persona que obtenemos de una memoriosa Virginia Vidal que relata detalles de aguda observadora”. A eso sólo podemos agregar que con su pluma ágil, documentada y atractiva de leer, la autora nos invita a una nueva travesía por la siempre interesante vida de Neruda.






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 Referencia
Ramón Díaz Eterovic.  "Neruda, un poeta con siete vidas."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   25 de Julio de 2015.
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