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La prójima
Maha Vial *

 

 

Hoy una mujer es amoratada, insultada, despreciada. Hoy una mujer es despojada de su último sueño. El sueño cae al piso en mil pedazos. Los pedazos del sueño están bañados en sangre. La sangre sale por las hendijas de la casa, baja por las veredas, cruza calles y plazas, llega a otra casa donde otra mujer es despojada de sus sueños. Hoy una mujer-cadáver sube a la montaña de mujeres-cadáveres que se acumulan a lo largo de la historia. Hoy, como decir siempre, una mujer sucumbe.

 

¿Qué hay detrás o por sobre la vida de cada una de ellas? La fuerza de la ira de una mano que alza el cuchillo, implacable, es cierto. Ira que viene de las precarias y miserables condiciones de existencia que lleva a un prójimo a ultrajar a una prójima Eso dirán algunos sociólogos; tal vez otros cercanos al psicoanálisis argumentarán una historia personal de dolor. Sin embargo, la causalidad no justifica el efecto sangre, a decir verdad. Y somos testigos mudos siendo ciegos y sordos ante un mal que arrasa, agazapado. Entonces ¿cómo alterar esta historia social del desprecio? Porque detrás de esa fuerza arrolladora que nubla razón, que desecha afectos y enajena, se encuentra el desprecio, la minimización de la otra que ante la mirada del despreciador no resulta ser su semejante, sino sólo su prójima*, una nadería del destino que está ahí para la complementariedad, el servicio y la reproducción. Una otra que sólo es una figura distorsionada de sí mismo. Así, esta otra configura una especie que no tiene valor en sí misma, que no existe en tanto no es medible respecto del otro en términos de igualdad y fraternidad.

 

Ciertamente la cultura del poder reina en la mente y en la sangre de cada despreciador. Pero ciertamente no sólo en las entrañas de éste, sino que habita en la sociedad entera. En cada lengua que hablamos, en la fe que se profesa; en cada uno de los compartimentos del saber y el conocimiento pervive la mujer como figura fragmentada, opacada. A lo largo de la historia, la figura de esta débil especie ha sido consigna-da y estudiada bajo los velos de la mitificación, la condena y la ignorancia. Se nos ha regalado amor, pero un amor de baratija, un amor fraguado en el seno de la fantasía y la oscuridad.

 

Y díganme ¿qué hace frente a la ignominia ese viejo fetiche llamado Dios?

 

¿No será acaso el tiempo de derribar mitos y conceptos?

 

Mientras tanto, mientras se tejen leyes y discuten vanos argumentos; otra prójima, en algún lugar del planeta, le abre la puerta al asesino, le sirve café, le calienta el pijama y acomoda el lecho de la muerte.

 

  

*Nuestro prestigioso Diccionario de la Lengua Española ofrece la siguiente dicotomía respecto a un concepto similar: «Prójimo: Cualquier hombre respecto de otro, considerados bajo el concepto de los oficios de caridad y benevolencia que todos recíprocamente nos debemos» «Prójima: (1) Mujer de poca estimación pública. (2) Mujer respecto del marido»

 

(Publicado en Caballo de Proa Nº 67, Valdivia.)

 

Maha Vial, poeta y actrriz, autora de El asado de Bacon, Conarte, El Kultrún, Valdivia, 2007. Otras obras:  La cuerda floja, Sexilio, Maldita Perra.

 

 

 






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 Referencia
Maha Vial *.  "La prójima."  Anaquel Austral: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   30 de Enero de 2008.
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