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El influjo de los chilotes en la Patagonia
Dante Montiel

 

En Chiloé se comenta de la Patagonia que se constituye en el presente como el mayor territorio donde se esparcen los chilotes o, lo que es lo mismo, donde se concentra la mayor población chilota o descendiente de chilotes. Esta migración era el auténtico rito de iniciación de la juventud isleña o rito de paso de la juventud a la adultez. Por una parte, está ausente la autoridad paterna y por otra, está la relacionada con la formación de un nuevo hogar. El viaje los convertía en hombres hechos y derechos, por lo que el proceso se repetía anualmente, como un ciclo que proyectaba a sus antepasados.

Es imprescindible que se valorice, se proyecte y se incorpore el análisis de la migración chilota a la Patagonia en sus diversos matices, más aún si estos conterráneos dejaron influencias locales en dicha región. También algunos elementos patagónicos retornaron con los viajeros y que aún perduran, especialmente en los sectores rurales, como el consumo del mate con sus tradicionales bombillas, el uso de bombachas con las botas gauchas y boina vasca, el truco, la fabulación que invitaba a viajar, las palabras y refranes gauchescos, entre otros ejemplos, que iniciaron un paulatino deterioro cultural al romperse el vínculo con Magallanes producto de la finalización migratoria.

La emigración de Chiloé es un fenómeno social masivo. Generalmente todos tienen un familiar en la Patagonia, ha sido él mismo migrante, o pensó, quizás en emigrar. Este proceso comenzó en 1843 durante el gobierno del Presidente Manuel Bulnes, con el viaje pionero y de colonización de la goleta “Ancud”, siendo Intendente de Chiloé Domingo Espiñeira Riesco, organizador de la expedición. Con una tripulación escogida a base de marinos chilotes, de tradición náutica probada, el capitán Juan Williams y el práctico Carlos Miller, sorteando las inclemencias del tiempo, la difícil topografía marítima, las reparaciones navieras, hicieron la travesía cual odisea contemporánea, recalando en Septiembre en pleno Estrecho, fundando el Fuerte Bulnes y tomando posesión de estos territorios en un acto de soberanía trascendental. Así, los pioneros de Chiloé permitieron a Chile aumentar su territorio en más de un 50%, cumpliendo con creces la misión que les encomendó el gobierno chileno de incorporar esta región estratégica de enorme riqueza. La preocupación por las tierras meridionales era la consecuencia de tres factores: el desarrollo económico del país, el espíritu colonizador de algunos hombres y una clarividente táctica política oficial.

La conclusión es que sin considerar a los isleños difícilmente se habría realizado tal hazaña náutica ,y se haya escogido precisamente a Chiloé como trampolín para alcanzar el austro.

Comienza el influjo insular.

Con la posesión de aquellos territorios quedó establecida una ligazón histórica entre Chiloé y Magallanes que el tiempo ampliaría y afirmaría. De esta manera el Fuerte Bulnes, luego Punta Arenas, son el inicio de la definitiva colonización de la Patagonia. Detrás de estos pioneros llegaron más chilotes a la “América destemplada” como llama Enrique Zorrilla a la Patagonia. En 1870, la población de Punta Arenas fluctuaba en unos 1.000 habitantes, de los cuales un 70% eran chilotes y, el mismo año el gobierno favorece la llegada de inmigrantes extranjeros, principalmente europeos. Ya desde 1867 se promovía la migración ofreciendo terrenos, raciones de comida, herramientas y pensiones a los colonos.

Desde 1843, los chilotes ejercen un rol migrante, colonizador, fundador, trabajador en los territorios patagónicos, epopeya que les hace merecedores de vivir en esas tierras y seguir siendo los protagonistas de su historia . Hasta fines del siglo XIX Chile estaba completamente orientado hacia el norte, a los territorios de las grandes riquezas mineras, hacia allá iban los capitales, los empresarios, los técnicos y obreros, en una expansión natural del más profundo significado; renunciaba, por así decirlo, a la Patagonia, ya que durante décadas no se vislumbró una política de expansión formal hacia estos territorios, haciendo que la hazaña de la toma de posesión de Magallanes aparezca como un hecho de mínima importancia, incluso marginándose a la región como lugar de desarrollo colonizador. Sólo se retomó esta vocación pionera hasta la década del ‘90 del siglo décimonono y a inicios del siglo XX, manteniéndose así el rol colonizador fundacional, sin retirarse jamás de la zona, favoreciéndose la inmigración nacional con una fuerte oleada de chilotes que emigran a Magallanes, acción generalizada a contar de 1894-96 y, promediando el siglo XX se manifiesta un proceso de expansión que ya es masivo.

La presencia pionera de extracción chilota, se reafirma cuando se incrementa con gente adaptable a las condiciones ambientales de la Patagonia en las distintas faenas agrícolas, ganaderas, forestales, mineras. Para el periodo 1907-1960,  la población de Chiloé  permaneció estacionaria, a causa de la emigración.

Durante el siglo XX la emigración isleña a Magallanes ha sufrido vaivenes, aunque se mantuvo intensa y ya desde 1920 con una tendencia de radicación definitiva, aumentando en la década de los ‘60 para comenzar a ceder en los años ‘70, en los cuales las condiciones socio-económicas de Chiloé comienzan a modificarse paulatinamente a un aspecto más favorable, provocando una disminución de este

fenómeno, que en los decenios del ‘80 y ‘90 es cada vez menos notoria hasta prácticamente desaparecer. La última oleada migratoria importante se constató pasada la mitad de los años 50, cuando Magallanes vivía la época del puerto libre, condicionante para una emigración con nuevas expectativas de trabajo y mejoría de la calidad de vida. Situación acentuada a consecuencia del terremoto de mayo de 1960, que provocó una suerte de éxodo poblacional hacia el sur, entre otros lugares.

Algunos guarismos indican que el número de chilotes radicados en Magallanes era de 14, 8% en 1906 y 26% en 1952. El año 1970, entre un 20% y un 30% son descendientes de chilotes, o sea cerca de la mitad de la población está relacionada con Chiloé. Por tanto, han concurrido a la formación de la sociedad magallánica en un 20% aproximadamente, del total de la población desde 1920 y hasta el presente, si sumamos a los descendientes el aporte seguramente se duplica.

Masiva es la influencia o “diáspora” chilota en la región magallánica, al surgir y desarrollarse las explotaciones ganaderas extensivas principalmente ovinas, tipo “estancia”, fuente de riqueza de la región, acudiendo a las faenas de esquila con sus labores colaterales miles de isleños como obreros-temporeros. Singular es señalar que las primeras cabezas ovinas fueron llevadas de las islas chilotas por los colonos de Punta Arenas y Fuerte Bulnes. Puntualizamos que unas pocas familias se hicieron dueñas de grandes latifundios, mientras los chilotes ocupaban los lugares bajos de la escala social, trabajando como peones de los europeos que contaban con mayor patrimonio. Las difíciles condiciones laborales en esos años, donde el obrero no tenía prácticamente derechos, movía a los compatriotas chilotes a incorporarse a movimientos de reivindicación social. Este traslado intenso a las estancias chileno-argentinas, costó más de un millar de víctimas, heridos y encarcelados en la represión de las huelgas laborales, como las de Puerto Natales en 1919, en la Provincia de Santa Cruz, Argentina, los años 1920-1921, en la Federación Obrera de Punta Arenas y en el levantamiento obrero de Puerto Bories.

Generalmente la actitud política de los emigrantes era de derecha, sin una conciencia clara, oriéntandose paulatinamente a una ideología de izquierda y, en lo religioso a un ambiente más laico; este giro a la izquierda se explica en el contexto de las demandas sociales y económicas en Magallanes desde el año 1910 y siguientes, integrando de hecho agrupaciones políticas que defendían esas ideas y que se mantienen hasta el presente con relativa hegemonía electoral. El migrante chilote como trabajador apoyaba el movimiento sindical, que le garantizaba la posibilidad de obtener mejoras salariales y condiciones de vida más óptimas, integrándose a los sindicatos e introduciéndose al movimiento obrero latinomericano desde las Patagonias chilena y argentina. En estas lejanas tierras el pequeño propietario insular se vuelve obrero asalariado, sus mejores años laborales quedan por esos “pagos”, pero en esta realidad madura la solidaridad obrera y la organización sindical.

Motivaciones de la emigración.

Esta emigración como fenómeno social se explica por varias motivaciones, tanto de orden interno como externo. Los factores endógenos o internos, propios de Chiloé, facilitadores de la migración, que activan y hacen permanente el fenómeno, corresponden a la estagnación económica que mostraba en sus primeras décadas, involucrando un aislamiento casi perenne; la pobreza y marginalidad implicaba un atraso económico respecto a las provincias vecinas como consecuencia del tipo de economía, por ejemplo, Llanquihue y Aysén tenían el doble de ingreso por habitante que Chiloé, y Magallanes cinco veces más; falta de recursos de su población y necesidad de buscar trabajo y ahorrar dinero; insuficiencia de los medios de comunicación; arcaismo en los medios de producción y tenencia minifundista; interés migratorio de la población manifestada históricamente; dispersión rural que incidía en una calidad de vida más dificultosa que en las ciudades, donde se vislumbraba un mayor status al contar con servicios como electricidad, baños , educación, hospitales, comercio, etc.; todo lo cual multiplicaba la pobreza, dejando un remanente poblacional que no podía ser absorbido por una economía paralizada. Sin duda razones económicas poderosas para emigrar, pero también hay motivos culturales, que refuerzan y se entrecruzan con las anteriores, como los trabajos temporales en la estación de verano, principalmente la esquila y construcción, que constituía una manera de fomentar un conocimiento con una zona tan distante –1.000 kms.- y con la que no son posibles desplazamientos frecuentes; también el servicio militar en Punta Arenas actúa con la misma función; además de las cadenas solidarias que han logrado establecerse con cierto éxito en Magallanes, llamando a los parientes para que sigan su camino, formando parte del éxodo.

Entre las motivaciones externas se indica la política de Estado para poblar y colonizar el sur de Chile por estrategia geopolítica fronteriza; el interés privado económico que continuaba necesitando mano de obra desde Chiloé: esquiladores en la Patagonia, mineros en Río Turbio, obreros para la extracción del petróleo, servicio doméstico, etc.; el establecimiento de una línea regular de navegación entre Punta Arenas, Castro y otros puertos del país, facilitando la migración con un contacto directo entre los puertos desde 1907, haciendo expedito el tránsito de personas.  Migración que tuvo ocurrencia cuando la fama de Magallanes como territorio próspero alcanzaba su sitial de mayor desarrollo, generándose un nexo de información entre Chiloé y Magallanes por las posibilidades existentes para potenciar la migración, lo que derivó en una corriente espontánea de viajeros desde el archipiélago que con el tiempo sería periódica. Cuanto más intensamente se desarrollaba Magallanes, más crecía el afán para dirigirse a dicha región, donde había trabajo, remuneraciones y otras expectativas de vida; así, la marcha de los emigrantes fue irrefrenable. En este sentido, la Provincia de Santa Cruz en Argentina, sería el recipiente de todo el exceso migratorio que Magallanes no podía absorber, generando condiciones de adaptabilidad que motivarían después una emigración directa a dicha provincia y acabaría radicándose parte del contingente migratorio. Hoy los apellidos del archipiélago se repiten en esas latitudes, al extremo que sólo en dicha provincia hay más habitantes que en Chiloé.

Aspectos y características de la emigración.

En cuanto a la forma de la migración coexistieron variantes como la radicación definitiva, la inmigración temporal y el traslado posterior de la familia al nuevo sitio de radicación, que se concentró en tres poblados tradicionales: Punta Arenas, Puerto Natales, Porvenir, asumiendo la migración una expresión urbana. También se vislumbran tipos de relaciones sociales que refuerzan la trama social y facilitan que los nuevos inmigrantes recién llegados resuelvan sus necesidades básicas mientras su posición se estabiliza, relaciones que son: “ser familia”, “el compadrazgo”, y “ser conocido en Chiloe´”.

Aún no se resuelve enfáticamente si los braceros chilotes proceden mayoritariamente del campo o de la ciudad, ya que los entrevistados tienden a hablar de las ciudades más importantes, aunque hayan nacido o procedan del campo, porque son nombres más conocidos y daba mayor prestigio provenir de ellas. Sin embargo, son campesinos quienes emigran, procediendo generalmente de sectores rurales del archipiélago, especialmente de lugares alrededor de Ancud y Castro, correspondiendo en 1970 a un 29% y 30% del total de residentes, seguidos por emigrantes de Achao, Curaco de Vélez, Puqueldón, Queilen, Dalcahue y Chonchi.

La pareja para formar familia se escoge en el mismo lugar de origen, los hombres llaman a las mujeres que conocieron en Chiloé para casarse con ellas, oscilando el número de hijos entre dos y cuatro, menor que en la provincia isleña. La mujer chilota cumple importante papel en la colonización pionera, en cuanto es la única que tiene presencia efectiva, valorada por todos, cuando la población es mayoritariamente masculina.

 El chilote entonces nutrió socialmente al proletariado urbano, con su trabajo asalariado de obrero y empleado, derivando en una “chilotización” de la sociedad magallánica por la cantidad de sus integrantes. Coetáneamente se generalizaba un proceso de sustitución laboral desde 1907, lo que significaba reemplazar la mano de obra inmigrante europea por la chilota, al obtener una mejor posición económica y, en parte para satisfacer los mayores requerimientos ocupacionales que desarrollaba especialmente la faena ganadera, dando origen a un movimiento de periodicidad anual de los braceros insulares.

Se señala como perfil del emigrante su reciedumbre y rusticidad para el trabajo, la sumisión, laboriosidad, capacidad de adaptación al medio e inclemencias climáticas, habilidad para el aprendizaje, que con su presencia hacen surgir y afirmar las actividades laborales, faenas donde los chilotes estaban habituados por su cultura atávica.

Transcurridos algunos años, los inmigrantes fueron calificados con peyorativas expresiones, se mostraba una xenofobia producto de enfoques históricos teñidos de racismo, incluso en investigaciones y ensayos del presente, sin entender la idiosincracia del pueblo insular. Algunos de ellos señalan que se conformaban con lo que poseían, indolentes, faltos de iniciativa, poco esforzados individual o colectivamente a la manera de los europeos, quienes  -según determinados estudiosos- eran ejemplo de pujanza, inteligencia, espíritu de progreso, vigorosos, creativos negociantes, que impulsaron el

desarrollo económico y social de Magallanes. Otros dudosos observadores contemporáneos, como el viajero inglés George Musters estando de paso en Punta Arenas en 1869, mencionaba a los chilotes como impulsados al vicio de la embriaguez, rematando un historiador en una monografía relativa a la inmigración chilota en Magallanes: ”…lo que contribuiría a dar una mala y no siempre equivocada imagen sobre la generalidad de los inmigrantes…” ; acotaba también el cronista inglés que sus mujeres no tienen “… muy arraigadas sus nociones de fidelidad…”, o sea, moralmente objetables. Otro testimonio en 1881 de Julius Beerbohm, agregaba que en su mayoría eran físicamente poco atractivos, tipificando en los inmigrantes mestizos, que eran el grupo más numeroso y, los indignos Veliches, una “…raza… repulsiva… de apariencia miserable como estos chilotes…, la expresión de sus caras es una mezcla de estupidez brutal con ferocidad salvaje…”; adicionaba al exagerado juicio que “…hay poco que escoger entre ellos y los Fueguinos…”, se exceptuaban los “españoles” chilotes, blancos y de buen aspecto.

Epítetos ofensivos, sesgados de la verdad histórica al generalizar sus apreciaciones, situación  ya observada  en  cronistas supuestamente evangelizadores. Sorprenden los comentarios de muchos europeos, que osaron escribir estas apreciaciones para testimoniar en el papel sus prejuicios. Cabe preguntarse, por qué elegir sólo lo negativo en la documentación con el afán de menoscabar. Se vislumbra una intención, una actitud de apocar. Tributo que los situaba como individuos potencialmente desacreditables, que se convirtió en un estigma social, susceptible de ser transmitidos por herencia comunitaria y contaminar por igual a todos los miembros de una familia. Los posteriores inmigrantes, cualquiera hubiera sido su condición social y lugar geográfico, experimentaban el significado del estigma.

Pareciera que sólo existe gratitud y reconocimiento a los europeos, quienes no tuvieron que sufrir los rigores del frío y el hambre de los primeros colonizadores.

Rechazando los planteamientos indicados contra los isleños, que en este proceso dialéctico muestran a los inmigrantes europeos con un influjo favorable, destacando como los promotores de iniciativas, permitiendo el adelanto económico, y el progreso territorial magallánico; preciso es manifestar que sin pretender una apología de los emigrantes chilotes, ni menos de los inmigrantes europeos – españoles, croatas, franceses, británicos, alemanes - que tampoco eran una grey de virtudes o de moralidad distinguida, importante es clarificar algunas de las variables acotadas, considerando la documentación respectiva que corresponde precisamente a la realidad cultural isleña.

En Chiloé, uno de sus ejes temáticos es la comunidad, o sea la vida comunitaria, desde donde irrumpe toda la trama social, por ello, de una u otra manera intentaron recrear este accionar comunitario en la Patagonia. Aquel vínculo de relaciones sociales es fuerte e intenso, de allí el compartir, el convivir festivamente como parte de la vida, sin que implique necesariamente la generalidad del vicio del alcohol como se acotaba. Si le sumamos el  frío, la soledad, un clima adverso, son condicionantes para una actitud social de convivencia. Esto implica que los chilotes no son la excepción, todos los pueblos de una u otra manera participan de este habitual uso social y, no se puede generalizar ni estereotipar en este sentido, ya que forma parte de la práctica cultural cotidiana, actuando como un recurso que permite al inmigrante en cualquier parte del mundo el alivio y la “evasión” frente al trauma emocional que le significa el enfrentarse a un ambiente nuevo e inhóspito. A la vez la bebida cumplía una función social que facilitaba las relaciones sociales, generando mecanismos de solidaridad y favorecía la integración socio cultural. El consumo del alcohol provoca una transformación de sus pautas culturales en una situación de ajuste al medio. En este sentido la bebida acciona como soporte psicosocial, fortaleciendo la identidad social.

Es fundamental aclarar que ellos provenían de una economía cotidiana autárquica, donde el minifundio les aportaba la subsistencia necesaria como sistema de vida; por lo tanto, el lucro, el capitalismo, el negocio, no formaba parte de su ethos cultural. Era lento en estos aspectos porque aprendió a vivir con lo preciso y necesario, siendo fundamental la solidaridad familiar, tal como se aprendió desde los siglos coloniales, sin los vaivenes del mercado, la plusvalía o la gestión. Para los europeos esto implicaba una desventaja, acostumbrados a un ritmo de vida donde la economía liberal era parte de su mentalidad. Precisamos que el chilote en el ámbito de los negocios personales era muy vivaz, casero, desconfiado del extranjero y suspicaz, obteniendo un ingreso satisfactorio que le permitía vivir, ahorrar, y lograr alguna buena gestión, especialmente al regresar a su lugar de origen o viviendo en la Patagonia, con un nivel aceptable de calidad de vida.

En relación a las sentencias que se focalizan  en el ámbito racial, corresponden a ideas trasnochadas, superadas absolutamente por las ciencias humanas; lo extraño es que sí queda claro, expuestos así los párrafos, que la xenofobia fluye a pesar de que parecieran intentar mantener cierta objetividad los autores. Sin embargo, el mismo argumento se puede utilizar para quienes plantean dicha opinión comparándose a grupos raciales que se consideren superiores a ellos, lo que implica comentarios del mismo tenor.

 Respecto a las mujeres isleñas, fueron las que domeñaron con su familia este ambiente colonizador, las auténticas pioneras, vigorosas, trabajadoras y sufridas, que multiplicaban con sus vientres la población magallánica como la primera comunidad del lugar. No es adecuado opinar categóricamente sobre algún hecho y masificarlo, cuando corresponde a un aspecto más personal y menos social, especialmente en un momento pionero de la colonización.

Pese a los comentarios de una y otra postura, la realidad histórica es la misma, quienes dominaron, poblaron y se hicieron parte de la Patagonia,  fueron los chilotes; o sea, el generador de la historia como siempre es el pueblo, pero la historia la administran los más influyentes para sus fines, copando aquellos espacios obtenidos dentro de la intelectualidad chilena y aquí los historiadores llevan el estandarte, originando que un hecho cualquiera visto distorsionadamente, confluya en una cadena de repeticiones expresadas por otros investigadores, que recurren a ese tipo de fuentes desvirtuadas y tendenciosas.

Conclusiones de la  emigración y la vida comunitaria en el presente.

Así, el chilote de bogador y hombre de mar debe hacerse jinete, dominador de los grandes espacios, se hace ovejero o esquilador, llegando a convertirse en el habitante natural de esa parte de América. Consecuencia de lo expuesto es la dolorosa contradicción que le implicaba al emigrante el reconocerse a sí mismo como chilote, primero avergonzado de su origen, desconociéndolo en favor de otras culturas,  siendo forzado a reconocer su cultura en caso de necesidad, aunque encubiertamente se identificaba con Chiloé, hecho que incluso tiene derivaciones hasta el presente; y manifestaba un complejo de inferioridad frente al chileno o extranjero. Sintiéndose superior cuando adoptaba modismos y actitudes foráneas al regresar esporádicamente al terruño .Nótese que se sentía perteneciendo a un país aparte y todo lo que le recordaba la vida y cultura de Chiloé fue en cierto modo ocultado y a la larga olvidado e ignorado, en especial por los hijos nacidos y criados en el medio ajeno; a pesar que subyacía e irrumpía su amor por la tierra isleña, la de sus padres y abuelos, ante cualquier circunstancia que despertaba en ellos el orgullo insular.

Durante décadas la comunidad chilota en Magallanes no se articulaba como agrupación, encontrando esta vida en comunidad tal como en Chiloé en la agrupación territorial, aquel barrio homogéneo que le permite identificarse colectivamente, enfrentando más unidos la adversidad, reinterpretando la solidaridad y la “minga” social, cohesionándose; entonces, con satisfacción manifiestan su cultura y procedencia. Por ello, puntualizamos en los Centros chilotes; los Conjuntos Folclóricos; las ciudades de Puerto Natales y Porvenir que corresponderían al clásico poblado isleño en la Patagonia; la famosa población 18 de Septiembre como típico barrio chilote en Punta Arenas, caso paradigmático, con su parroquia del Nazareno de Caguach y la festividad del Santo Patrono con miles de participantes; las casas de madera y cemento donde instintivamente agrandan la cocina, el corazón del hogar donde vive y convive el chilote, recreando el antiguo fogón indígena, entre algunos ejemplos.

Otras influencias insulares se atisban en el dominio de la enseñanza, donde destacados profesores entregaron sus conocimientos pedagógicos, iniciándose la instrucción docente con la profesora Elena Barría de Téllez en 1875; asimismo, la literatura ha entregado al mundo valores chilote-magallánicos de prestigioso nivel, como Francisco Coloane Cárdenas, Manuel Andrade Leiva, Rolando Cárdenas Vera, Onofre Bórquez Barría, Ramón Díaz Eterovic, por mencionar determinados nombres.

La descendencia chilota, ya magallánica, ha fructificado y, a diferencia de los chilotes cimentados en la ciudades del centro del país donde están asimilados y absorbidos por el medio y van perdiendo con el tiempo el rastro de su procedencia, los que se instalan en las regiones australes muestran mayor conservación de sus usos y costumbres, mayor identidad y su eterna añoranza por Chiloé. Hoy, los chilotes se esfuerzan por reencontrarse y reconstruir su propio mundo. Por otra parte, una nueva corriente migratoria parece iniciarse, muchos regresan a Chiloé para vivir en su soñado hogar, donde recomienza la ligazón con sus antepasados, familiares y comunidad.

 

 

Bibliografía .

1.De la calle Isern, Javier. “La emigración de Chiloé a la Patagonia chilena”.pág.36-40.En “Chiloé a 500 años”.Gráfica Andes. Ltda. Santiago.1992.

2.Mansilla Maldonado ,Claudia; Rehbein Montaña, Rodrigo. “Viajeros del olvido”.Imprenta América. Puerto Montt.2007.

3.Martinic Beros, Mateo. “La inmigración chilota en Magallanes, apreciación histórica sobre sus causas, características y consecuencias”.pág.27-47.Apartado Anales del Instituto de la Patagonia. Serie Ciencias Humanas. Vol. 27.Universidad de Magallanes. Punta Arenas.1999.

4.Montiel Vera, Dante. “El influjo de los chilotes en la Patagonia”.pág.203-215.En. “Chiloé ,crónicas de un mundo insular”.Dimar Ediciones. Imprenta A&C. Castro.2002.

5.Palma Godoy, Mario. “El estigma “de ser” o “no ser “ chilote”.pág.2-6.En Revista “Impactos”,No 62.Año 6.Atelí Ltda..Punta Arenas.1994.

6.Zorrilla, Enrique. “América destemplada”.Ed. Orbe. Buenos Aires.1967.Algunos aspectos de la vida del trabajador chilote en la Patagonia. En Luis Loyola A :”Chilenos en Río Turbio”.Escuela Litográfica Salesiana.Santiago.1969.

 

Dante Montiel Vera.

 

* Profesor de Estado en Historia, Geografía y Educación Cívica. Miembro de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía. Miembro del Instituto Histórico de Chile.

Director Revista “Cultura de y desde Chiloé”; Asesor-Ejecutor reconstrucción Fortín español de Tauco; Asesor guionista, relator de programas culturales en radios y televisión local: “Chiloé en el tiempo”; “Chiloé, voces de la cultura e identidad”; “La minga”, “Chiloé, su historia, su música”, “Integrándonos”, “Acontecer bomberil”;

Libros publicados: “Chiloé a 500 años” (texto consultivo para la Educación Media Chilena). Gráfica Andes Ltda. Santiago, 1992. “Los Chono y los Veliche de Chiloé” Edic. Olimpho. Santiago, 1991. “Manual de Ejercicios. Prueba Específica de Ciencias Sociales. Economía. Educación Cívica”. América Ltda.. Osorno, 1987. “Chiloé, crónicas de un mundo insular”. Dimar.Ediciones. Castro.2003.

Autor de numerosas monografías correspondientes a diversos aspectos de Chiloé, su historia y habitantes.






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 Referencia
Dante Montiel.  "El influjo de los chilotes en la Patagonia."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    7 de Octubre de 2007.
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