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Son elegíaco a Nicolás Guillén
(A la muerte del gran poeta cubano, agosto de 1989). Entero lloro tu sonde Norte a Sur ¡qué dolor! desconsuelo y aflicción, debemos llorarlo a coro a lo largo de la costa de este lagarto tendido, tu eterno son de hombre entero, lo lloro largo, oprimido, tu son entero.
Tu son prieto y justiciero, tu blanco son de aguacero, tu son mulato y obrero, tu son postrero lo lloro entero.
Que sepas, Guillén, espero, poeta de rebeldías, que aquí anidó la alegría de tu son.
Clara palabra te evoca, vocablo nuevo en tu boca: Panimávida, agua loca, espuma sutil y roca, Panimávida, agua ávida. tu son convoca.
Hoy te veo noche y día, día y noche amanecida por el caminito aquel del Cerro Santa Lucía, que sólo tú conocías, avanzas con pie ligero, yo te veo.
Bestia de frío y de fuego, llamaste tú al Aconcagua, solemne mano lunada y ojos hoy petrificados, te lloran, Guillén, a solas, alto dolor acallado, bestial dolor apagado, fuego y agua
La muerte otra vez pasó -¡amigo Guillén! - gritó: tu oscuro lirio bangó lo quiero yo. Guillén Banguila y cubano, hoy no dijiste que no: -Gentil amiga- ya voy con mi guitarra y mi son, mi son arcano y cubano, mi son afroamericano, contigo voy, sí, Señora, cómo no.
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