Anaquel Austral 
 
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Poesías : Poemas

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Imágenes de fuego
Nelson Torres

GLOSAS DE INICIO

Cuando empezó a llover y no paró hasta que pareció brotar sangre de la tierra, años en que la calamidad anclaba en estos territorios, fue que iniciamos estos viajes, exploratorios algunos, otros ya derechamente de colonización y alumbramiento. Éramos ganchos de un desconocido árbol, lo único que reconocíamos, viéndonos los unos a los otros, eran los ojos, no había un fondo ni tierra ni cielo ni raíz que ilumine nuestras siluetas cada vez más amorfas. Hubo que salir, viajar y naufragar. Fueron años de desaparición y exilio. Viajábamos a la velocidad de la metáfora, aferrados a poemas de dudoso origen; echábamos a andar motores y poleas sin tener la certeza del lugar al cual nos llevaría esa tecnología. Siempre fue el amor el combustible de los viajes. Y descubrimos que era luz corrupta aquello que goteó sobre estos territorios cuando llegaron las calamidades que asolaron y extinguieron un quinto de ese cielo y todos los colgajos del amor.
Como si una cordillera completa se derrumbara, nos cayó de golpe y a mansalva el gran naufragio. Once, nueve, setenta y tres, son las palabras que iniciaron el oleaje que nos llevó a las costas más alejadas del amor. Muchos de nosotros todavía no regresan de ese escabroso viaje.
Como pantallas de Winamp o Real Media Player nosotros, náufragos y desaparecidos, postrados y agusanados desde la punta de los pies a las orejas, descubrimos la gran urbe que brilla como una explosión de soles y ahí guardamos y curamos nuestras heridas. Sanó todo, sólo el rencor ha perdurado y lo guardamos como un tesoro, para viaje al futuro y no se olvide nunca al desaparecedor.
Los que osamos regresar, los que pudimos arrastrarnos hacia las desoladas pampas de las islas, sólo pudimos encontrar un mundo que se descascaraba como un capullo colgante de ese nuevo cielo.
Entre las ramas del árbol más humilde, de frutos dulces y corteza suave como espalda de mujer, allí, colgaba en dulces lonjas…la misericordia. Y vimos que era buena.


V

Soy uno de los aparece en un terrible sueño de Julius Popper, el cazador de Selk´nam.
Furiosas bocas arrojan fuego a mi corazón que se evapora.
Se apaga el fuego mío,
el viento arrastra la ceniza muerta de mi corazón.

VII

¿Cómo habría sido el firmamento que miraban los Selk´nam?, ¿Cómo el cielo que bajaba congelado en Tierra del Fuego?
¿De qué modo, cómo, desde dónde, en qué formas apareció la muerte en esos territorios?
¿Qué figura vio por última vez
Angela Loij antes de la extinción de su etnia?

XIV

Llevo un meteoro entre mis ropas pintadas con luz de luna y vaho de gusano de seda.
Pasadas estas lluvias, cuando otros vientos nazcan en estos territorios,
podré volar: pájaro seré,
el mensajero de mi parentada.
Estirando mis alas
-de punta a punta el horizonte-anunciaré el lugar donde encender un nuevo hogar.

XVI

¿Cuándo apareció el hambre acá? Quiénes fueron los primeros que sintieron ese terrible fuego y cayeron derrotados como por un alud de nieve?

Era más grande el mundo de lo que imaginábamos, más grande que el corazón de la nieve.

¿Dejaron de crecer las focas, pingüinos y guanacos?, ¿desaparecieron bajo la última de las nevazones?

¿Qué fuego alimentó su ira en contra de nosotros?


II. POEMAS QUE PALPITAN EN LA HOJARASCA

VI

Nuestros apellidos:
Guala: “el ave zambullidora”. Loncopán: “cabeza de puma”. Marimán: “diez cóndores”.
Ñancupel: “garganta de aguilucho”. Peranchiguay: “neblina de fuego”.
Como las lenguas de un incendio la tierra echó a correr sus palabras sobre la piel que me cobija.

SITIOS DE FIN DE LUZ

TIERRAS DE RELÁMPAGOS

En Dawson un relámpago

echa a volar la noche como una bandada de jotes

que -asustados- abandonan a su presa: breves segundos en que la claridad se fija como una mariposa

sobre estas tierras desoladas.
No amanece, no amaneció jamás en estos territorios, en este desamparo sólo anida
y cuelga como estalactita
la tiniebla: el sol es una bola de alquitrán entre los espinillos.
Un relámpago, y un único segundo para reconocer el rostro del pariente
y, a veces, descubrir la tierra firme y el inicio de la senda hacia esa luz definitiva.


ISLA DE LOS NAUFRAGIOS

Curiosamente, ningún golfo ni vientos
ni corrientes confluyen hacia estas latitudes.
Como una larga estela de sargazos -reflejada-flota la noche en el Estero del Olvido.
En mitad del mar, los pescadores
encienden sus lámparas para atraer a los cardúmenes y sólo atrapan miedo, palabras entrecortadas
(aspas aspas aspas de helicópteros aullidos de pavor golpes estruendosos de bultos contra el mar)
y escamosos versos que -agónicos-se azotan en las redes.
Abajo, los durmientes -comidos de pancoras-
parpadean junto a los tesoros -sueños- que salieron a buscar siguiendo el derrotero de la luz
que, de improviso, se apagara.

ISLAS DE LA MORTANDAD, HACIA EL FIN DE TODO

Mortandad, lugar de ejecutados,
aquí estuvo aquí reinó se hizo matorral y bosque la muerte la orfandad,
aquí, en estos territorios,
en donde sólo echó raíz el miedo, la tiniebla.
Bajo esta tierra negra, turbulenta,
yace luz pulsos retinas con imágenes terribles y bocas que gotean gritos y lamentos.
Flotan en la altura zumbidos aspas de de helicópteros (costra pus herida purulenta):
El miedo cuelga como bruma –todavía- en Mortandad.

ISLAS DE LOS HIJOS ÚNICOS
En Isla de los Muertos las aves empollan un solo huevo. La aventurera madre escapa a segundos de asomar el pico del viajero
y a los machos corresponde su resguardo y alimento.
El primer vuelo, torpe y lleno de pelusas todavía, será desde su alta rama y solo
como esta propia isla naufragante.
El resto ya es materia de los vientos, la fuerza de las plumas y los sueños.
A los muertos queda el resplandor,
la misteriosa chispa de atrapar en su caída ese sorbo volátil de vida caliente
y regresar al mundo en forma de pájaro solo.

LA ISLA DE LOS ARTISTAS

Más allá de Chulín, hacia los peores golfos, hay 200 kilómetros cuadrados de puro mañío,
todo abrazado de marejadas que aplastan y trituran.
Sólo un corazón flameante de sueños y medusas, luciérnagas humanas, polen de cometas o energía cósmica pudo recalar en esa isla.
Y aquellos la poblaron de objetos y acciones de arte que harían torcer la nariz a los comunes y corrientes.
Sus libros tienen forma de neumáticos, repollos, nubes, pulpos y vaginas: jamás una escultura tuvo forma rígida en esta isla fosforescente;
el inicio de un fresco puede quedar cortado en seco por la maraña de árboles,
pueden pasar kilómetros de ramas y praderas, y luego reaparece en brochazos intensos,
cuarteados, porque entre el inicio y la continuación el tiempo cambió de posición y ha tendido a diluirse.
Canciones populares, sonatas, sinfonías
surgen al primer chisporrotazo de luz contra las hojas: una gotera contra el suelo, el sonido del viento, gruñidos, crujidos, ronroneos todo entra
como otro instrumento más
al gran concierto que atiborra el horizonte de cornos u oboes.

La poesía es el andamiaje de este paraíso de hojas tiernas, poemas cuelgan de los ganchos de los árboles como frutos, junto a senos hombros y muslos de muchachas quinceañeras y hay días en que emergen cientos de arco iris y la noche hierve llena de grafitis parpadeantes.
Cae una gotera de lluvia y de inmediato, desde el suelo, algo tirita y se levanta -rauda- una metáfora.

III. LIBRO DE VIAJEROS PERDIDOS(*)

(*)Estos poemas obtienen el premio del concurso de la Patagonia.

ESTAMPIDA

Nosotros escapamos pero de la democracia
a los cerros a los bosques a las cordilleras de San Pedro lo más lejos posible de aquella bocanada maloliente.
No se nos pasó jamás por la cabeza que levantarían nuevas urbes sobre la misma arena socavada.
Peor aún: unos iluminados vinieron a ocupar de todo a todo lo que fuera en otros tiempos ese cuadriculado azul
en que podíamos tirar a chorros nuestros amados poemas (rostros que no vi cuando el país ardía por todos los costados).
Como empezamos a sobrar como jamás nos dirigieron la palabra y como no quedaba odio ya ni para tirar siquiera un leve insulto tomamos nuestras pilchas e iniciamos este viaje.


EMERGEN LAS CRESTAS DE LOS NUEVOS PUEBLOS

Como si la realidad se devorara a sí misma (un ojo de agua o remolino de azufre)

pero a la inversa y hacia arriba casi a ras de nimbos y estratos soplos de viento azul se izaron esa tarde sobre las arenas

de las playas y canales destos territorios

pensamos que el Chaitén nos arrojaba sus baba piro plástica

aroma a mujeres nuevas vientos como fogonazos de arena caliente y atronadores ruidos como si se derrumbara un quinto del cielo

la primera república nueva que avistamos la denominamos

Nueva Fosforescencia de Castro en honor a un viajero loco y soñador

vimos como aparecía desde el fondo de la tierra y se oían aspas como de millones de helicópteros

vimos cómo emergían las calles

como artefactos en serie arrastrados por poleas hacia el fin emergió la Nueva Castro

y le sucedieron Césares y Chaitén de las nuevas Amapolas y La urbe de los caminos de diamantes de Ancud

era cosa de mirar hacia cualquier rincón del horizonte y uno podía ver cómo subían las ciudades

con ese olor al nacimiento reciente

aromas a capullos a caballo humeante saliendo del útero materno en vez de material piro plástico y cenizas

llovían hojas de amapolas y flores de lumas ríos de boleros

afluentes de tangos marejadas de corridos mejicanos saltos de agua de salmos y poemas tiernos

extensos lechugales cubrían desde ancud a Quellón: vista desde el cielo Chiloé

parecía un rugoso pangue de nalca tierna con dios arrebujado dentro y sucedió que en las aguas del Gamboa

dizque apareció Bernardo Olavarría

en una casa-balsa navegando y pintando el muy hot incluso más allá de la catarata

y nadie se fijó en el detalle de su entierro

porque después de todo siempre supimos que era inmortal y sucedió que las aguas del estero de Castro burbujeaban

y arrojaban luces en todas direcciones y a cada tizón y a cada apagón de luz se sucedían cantos

cada canto un poema

cada poema una miga dulce

cada miga un libro en el que Jeremías

ejercía su violencia amenazando al pueblo en nombre de ese Dios que respiraba azufre

Valdivia

pálida y turbia

flotó por unos minutos como un primer relámpago

y entre las algas y musgos fluorescentes divisamos a la Maha arrojando polen fresco

y los árboles estiraban sus ganchos como brazos para cogerlo y procrear luz porque era buena

Los mencionados forman parte de una generación de pintores, músicos, poetas y folcloristas del sur de Chile

e Iván Carrasco profería un discurso de fin de mundo de pie con un megáfono

sobre un bloque de hielo que flotaba casi al ras de calle Picarte y Jorge Torres volaba con un paraguas

impulsado por su corazón lleno de gritos afilados y Pedro Guillermo Jara era un holograma proyectado sobre el cerro de Tentén

pintando una novela de seiscientos veinte tomos en un grano de arroz y Arestizábal bombeaba los colores del arco iris

para guardarlo en tubos

y pintar de otro color el suelo y cielo de la Isla y las playas y vi a Marcos Urra

como si fuera uno más de la mesnada de Cid Campeador con un escudo de papel y flecos que parecían poemas

Sergio Mansilla

asomado a un promontorio como un rey griego

miraba la vastedad del territorio que se iba autocreando

Amador Cárdenas llegó a Castro en mitad de estas apariciones y nacimientos como otro soplo furioso y no hubo guitarra que pudiera negarle sus caderas y no hubo acordeón

que le opusiera resistencia a sus manos que hacían volar canciones en forma de mujeres desnudas

como una ventana abierta azotada por un temporal

Lalo Cerna entró por calle Lillo hacia el Puerto de Castro y se las enfiló hacía lo más profundo del horizonte

los que lo vieron pasar dicen que era como una pequeña nube tirando rayos y truenos y cada rayo y cada trueno

era una semilla de río o lago o cordillera

para este Nuevo Chiloé y sus nuevas ciudades empinadas

Felipe Montiel vino del río Carihueico sentado en un tronco con cráneos y osamentas

pasó como una flecha silbando canciones nunca oídas y

arrojando historias que echaban raíces

y hojas más arriba incluso de las nubes

ra como si alguien apuntara y chorreara esas imágenes sobre el inmenso telón del horizonte

hacia el sector del Cerro Millantuy podíase escuchar como reproducidos en subwoofer

el atronador discurso de Domingo Burich y hacia el fiordo

(como el vapor que exuda la tejuela mojada por la lluvia) se elevaban y flameaban los pendones

del Glorioso Batallón de Castro

mientras la lluvia baldeaba los techos del antiguo Liceo de Niñas y la gloriosa Escuela de Artesanos.

“Marianina cómo viene Marianina cómo va” entonaba el viento al pasar por entre las nuevas hebras de pasto tierno nacientes

a Carlos Alberto Trujillo lo trajo un temporal

y siembra poemas en los vientos: esas vastas espesuras -que parecen viñedos- no han de ser tocadas

por las nuevas músicas ni los nuevos muralistas

cada rama gotea espermio fresco y cada renuevo y cada esqueje habrá de ser el fondo de este nuevo firmamento

Marlene Miranda Barrientos soñaba lluvias de meteoritos

yo extraía raíces de poemas muertos en cunetas cuando apareció y el mundo que era un fragor de gemidos y muerte

(eran los tiempos álgidos del desaparecedor) se tornó

en suaves brisas y relámpagos que parecían sonrisas o besos y vinieron los hijos como árboles derribados

Nelson sobre una hoja de loto flotando a la deriva de la noche llena de cruces y ruidos estruendosos

y Antonio como si fueran un tropel de caballos rubios bordeando las laderas y las crestas de los cerros

y he aquí que las calles se llenaron de espanto

y lo que fue noche se tornó en día y el día en noche faltaban manos para acaparar colores e historias

la esperanza colgaba del cielo como estalactitas y era obvio que no todo podía ser bueno

Queda a las generaciones venideras ponderar

El viento en esporas nosotros en poemas nuestras madres en lágrimas cada lágrima

una herida –bajo la cicatriz- abierta para siempre.





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 Referencia
Nelson Torres.  "Imágenes de fuego."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   26 de Febrero de 2015.
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