por una silla en la cámara de los diputados
por la respetabilidad de Maya
y cambiar mujeres y hombres como se cambia / una pesadilla por otra culpa que no sabe dejar cicatriz
ni canto
ni la memoria de lo que alguna vez dijimos que era sentido
No: no es toda mi generación
como no se derrite de una vez el ventisquero
ni se cubre la sabana austral de nieve con la primera nevada del Invierno en los primeros días de Junio"
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Anaquel Austral 
 
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Poesías : Poemas

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Poemas de Jorje Lagos Nilsson
Jorje Lagos Nilsson

 

 

No tuve la suerte de la desgracia

No tuve la suerte de la desgracia

de ver a mi generación destruida,
sus sesos marcados por la avidez de los dueños de supermercados
Sé que muchos murieron contemplando
un país que se dibujó en nubes en alguna parte,
entre el cielo y la mar
(no se drogaba de otra manera mi gente, Ginsberg,
sin ser ajenos a los sueños del humo, del sexo, de las madrugadas que sabían caminar cuando todo lo demás se hundía debajo de los muelles, entre la carcoma del tiempo de los veinte años)
No tuve la suerte de la desgracia:
la vida golpeó como un tropel de caballos
que no dejó huella
y mi generación traicionó los llamados de su Historia
—aunque no toda ella
porque de muchos no ha quedado huella y son
luces abandonadas de estrellas cuyos nombres no sé pronunciar


Cambiaron la poesía que prometieron / por el nudo perfecto de la corbata bancaria / por el asesoramiento a las empresas
por una silla en la cámara de los diputados
por la respetabilidad de Maya
y cambiar mujeres y hombres como se cambia / una pesadilla por otra culpa que no sabe dejar cicatriz
ni canto
ni la memoria de lo que alguna vez dijimos que era sentido
No: no es toda mi generación
como no se derrite de una vez el ventisquero
ni se cubre la sabana austral de nieve con la primera nevada del Invierno en los primeros días de Junio

La historia de mi generación no es la pequeña historia de las traiciones leves / no pertenecen sus palabras a la letra de los boleros que escuchábamos ni a la de los tangos que a veces
sólo a veces
procurábamos descifrar con esas cervezas tibias de los bares de la juventud / calculando si los pechos de la vecina cabían en las manos ahuecadas para recibir la leche inmemorial de una cópula sin hijos
de una cópula sin testigos que conmoviera, sin embargo, al mundo
porque era la cópula de un instante: el de la victoria contra los demonios de la conformidad
Entre mis culpas no está la conformidá
No conozco otro compromiso que aquel sagrado con el vino
y con los amores
y con los recuerdos / ahora que hasta el odio parece un juego de niños / una disculpa / un recurso para llamar la atención de incautos / una geografía de la trampa infinita de la gran traición

Me duele cada hambre que aúlla en avenidas y calles, en los pequeños boliches de barrio
en los niños que abren y cierran puertas,
en los ascensoristas de los edificios gubernamentales,
en la chica que asea pisos y baños y hace la cama donde apenas fornicó el jerarca (si lo hizo);
me duele el hambre que pasea por las pantallas de todo televisor,
que toma una micro para ir al centro a disimularla
que asalta a una anciana
que se inunda con toda lluvia
que va al fútbol y habla del campeón de boxeo
y que ellos —los de mi generación— alimentan con tanto cuidado como eligen el colegio inglés para sus hijos
o el abrigo de piel de sus mujeres de patas chuecas / e innombrables deslealtades a su propio incierto origen de hembras apaleadas que olvidaron hasta el lugar desde donde provienen
Pertenezco sin duda a esos batallones que deben perder toda esperanza / a esos que asustaron a un notario con un lirio / a esos que parieron generales y comerciantes / a esos que hablan con su lengua y no con su corazón

Soy de aquellos que disimulan su antisemitismo con un chiste
y creen que los negros son buenos para el deporte;
soy de esos que fueron socialistas porque era diferente e importante
y que aprendieron la lección de la bayoneta
Pertenezco a la generación que dice “basta” a la violencia y compra medios para uso policial porque hay que defender lo ganado
y ya no van a putas, las putas los visitan con horario limitado
entre una conferencia y otra, entre un discurso y otro
entre una mentira y otra
Soy de los que no cree en Cristo, pero usan al Cristo como un mensaje que los atornilla ante la pobreza como si fueran dueños del lugar donde sale el sol
Mi generación es la venganza de todos los amos muertos
Significa cambiarlo todo para que nada cambie
y vayan otros a buscar sus huesos, los del Che, donde saben que nunca estuvieron / soy parte de un mecanismo espectral movido por la pequeña vanidad de los imbéciles

A veces pienso que la muerte me ha perdonado
o al menos postergado su visita definitiva
sólo para darme tiempo y decirlo
Mi condena es el recuerdo, el haber estado ahí,
el haber sido parte de un sueño
que hoy esta Macintosh me fuerza a contar sin talento
resistiéndome a tejer la corona o la guirnalda de los desaparecidos
Sé también que no soy el único herido por la sobrevivencia
y sé que el balcón sobre la mar de donde vengo
no es el único lugar donde alguien se muerde hoy los testículos
y se pregunta sin utilidad visible
¿qué hago yo aquí
cuál es mi lugar en el mundo?

jaln.

Marzo 18 1996 / 23.53
Buenos Aires.

 After Mahler - Composición triste.

Duermen los niños, que duerman; que no vayan mañana a talar árboles o a secar la mar. En sus sueños no siembran plomo por las calles. Que duerman los niños aferrados a la inocencia de sus cabellos.
Mi hijo me mira desde el no lugar de los hijos muertos, mi gato lo sabe y también duerme su sueño sin mancha y sin nombres.
Duermen los niños; que no despierten en territorio de horcas. Que duerman su sueño sin mirada.
Caminarán en tierra ajena con prudencia: no es tuyo el pez y hasta el cielo puede tener dueño desde tu sombra o hasta tu descanso. ¡No despertéis a los niños, dadles la oportunidad que perdimos!
El señor del universo es responsable del universo. El predador reposa en su vigilia.
No los despertéis: imaginadlos mañana con vuestras pesadillas, vuestros relojes, incómodos en el lecho sudado, expertos el el arte de engañar o de seducir, miserables pensando en el dinero o en el prestigio. Ocultando las huellas infelices de lo pasajero.
Vedlos atrapados en la cátedra o en el púlpito. No los despertéis. Que sueñen, que no se transformen en respiración infiel, que no abandonen ellos, que no aborten ellas, que ninguno tenga hijos indeseados. Que nunca vayan a la guerra.
Duermen con las ventanas extendidas y las manitas sueltas, duermen con suspiros, con esperanza, con mensajes que los años se encargarán de borrar. Duermen como si no los esperara nuestra herencia
Miradlos: duermen, no caminan aún por la calle de la muerte. Todavía no son nuestros enemigos.
Todavía se parecen a lo que perdimos cuando nos despertaron.


jaln,15/9/96
 

El aspecto cotidiano de los domingos


El gato mira llover / no pregunta
conoce todo lo que necesita y sabe cuando debe huir
(como desta lluvia y deste viento)
La bicicleta escucha llover / no pregunta
por qué el gato mira el teclado y acecha la pantalla
alerta ante mis faltas de dicción
(porque se debe escribir como en oración audible)

La copa de vino sabe que llueve / pregunta
mediada por la racha de la próxima soledad
(uno nunca sabe cómo empezará mañana)

Desde el balcón por las hendijas entra el viento
no pregunto / recuerdo a mis amigos muertos
(diferencio entre la duda y la pregunta)

Detrás mío escucho el murmullo de unos pocos libros
y tengo ganas de perderme en el vasto desorden de mi escritorio
para llegar al gato y la bicicleta y la copa
(ahora que nadie me dice nada) Es inútil pretender escribir cuando se cruza
la melancolía del invierno con mis plantas
(es la vida la que escribe; uno toma el dictado)
Iré a decirle a mi amante que me perdone / no sé
es muy tarde y estoy fumando demasiado
El habitáculo de los duendes necesita sal para recuperarse
y nadie ha lustrado la sierpe de madera
Pasaron varias semanas / y juro
que no tengo la menor idea acerca de lo que hago aquí
con mi gato sobre los muslos
la bicicleta con sus gomas desinfladas
y esta copa que siempre pide más antes de dormir.

lunes, 9 septiembre 1996 0:21:29  

Another One - vaina innominada  

Debe haber tenido ojos cansados, pero no los vi —ayer antes de las nueve a.m. entre silencio con olor a sueño y reivindicaciones perdidas. Ayer y aquí, en Buenos Aires.

Uno no puede decirse que es fatalidad, que en la superficie amenaza el sol al viento del sudeste, que los bombardeos son cosa de otro lugar, que harás el amor esta tarde, que beberás por Dylan Thomas, que tienes tiempo para vivir o que la muerte está lejos —en la acera de enfrente del supermercado.

No puedes pensar que en Santiago esos ojos cansados usan colirio para mirar entre la niebla detenida (como una sirena que te comerá los pulmones o una puta que se llevará tu billetera para saciar el hambre de generaciones).
O que en Nueva York alguien vivió en un piso lleno de cucarachas
escribiendo algún buen poema que cambió por un toque a orillas del parque.

O que en Caracas se arraciman por Chacaíto los niños que venden pegamento mientras el policía levanta la mano sangrante para saber a quién le pertenece el anillo que robó el tipo muerto de tres balazos.

Nadie bebe en San Francisco —me escribe un amigo— todo se va en polvos y jeringas, en HIV y en distancia,

¡Pobre emperatriz del japón: no sabe la que se viene! No puedo sacarme de encima esos ojos cansados —deben estar cansados desde el día anterior, y entonces cansados del que estuvo antes. Un cansancio de ópera, de oratorio, de misa solemne, de te deum, de libros sin leer, de televisión que balancea la miseria con la huida.

Nada es cierto, me digo. Sólo existirá este mundo limitado por el ruido del roce de las ruedas en el acero del riel.

Me bajaré en la próxima estación a tomar una cerveza a las nueve y trece minutos de la mañana. Me bajaré a pensar que hicieron con mi juventud. Me bajaré a llorar por lo que hago por las juventud de otros.  Me bajaré a escribir este texto miserable.

Me bajaré para saber cómo serían los ojos de esa mujer que duerme en el vagón. Duerme siete minutos antes de salir a derrotarse otra vez —como siempre, como todos los días—, sin saber que por ella sufrió el viejo Pound y murió el joven Pezoa Véliz.

Todo es cierto, me digo. Y se abren las puertas con un chirrido neumático y me pongo a caminar.

 Subject:   Llueve, cará
 
Sea lo que dios quiera (o dioses).

Llueve como si comenzara a llover
y escucho esa vieja canción en mi cabeza:
“por esta calle, a lo largo
parece que ha llovido
será un amante que llora
su amor perdido”
La felicidad depende de pocas cosas:
que no existe, por ejemplo,
que el vino es sagrado e inagotable,
que habrá muchas calles para llorar esta perra vida
Quizá la felicidad depende de mi gato,
el maldito que revisa mis escritos acuciosa, morosamente
y sale conmigo a beber vino de cajita
y a enamorar mujeres traicionadas
(porque la traición es un deber que se repite)
aunque llueva
¡Odio la lluvia que desgasta mis balcones!
¿Qué tal si me apoyo para ver pasar los colectivos
y me voy a la mierda y le rompo el techo a un auto
o caigo sobre una viejecita que ha comprado media docena de huevos?
La vida carece de sentido
no tiene pudor
quizá hasta sea inútil / Leí:
“desapareció el Hombre
y ni la Tierra, ni uno solo de sus abismos
lo echó de menos”
He ahí un epitafio decente
Sospecho que a veces el poema es un editorial
(de otro modo no lo escribiríamos
o por eso hacemos el amor, para
no perder la aventura del sexo
y el apetito nuevo del desayuno)
Llueve
¡Cómo brama el arbolito de enfrente contra el viento!
En el bosque habrá hongos mañana
y en un mes sin erre los hongos de Huautla son mejores
mucho mejores
que la mejor línea aérea para no llegar a ninguna parte
(o que mi balcón derruido o mi botella vacía
o mi teléfono digital siempre negro:
que no nos traicione la tradición).
Mañana me diré que pude haber escrito un poema
y que algo pasó
un milagro
porque pasado mañana quizá me siente a escribirlo
o la semana que viene
o nunca
y así jamás diré nada sobre el poema que pensaba escribir
y me engañaré a mi mismo / pensando
que ya lo escribí y se perdió por esas cosas
Entonces, tal vez, hablaré bien de Galán o de Kundera
de los traductores de la Kodama,
quién sabe,
de Felipe Trigo (¿conocen a Felipe Trigo?)
de Ellis, de los que piensan en el infierno como de una idea
y nunca más recordaré mis libros perdidos
Esta lluvia me hace pensar en dar explicaciones sobre mis dichos
me hace pensar acerca de la salvación de un pastor luterano
que pretendió hacerme anclar en la religión de mi madre
y terminó borracho en un sillón de mi casa
mientras yo hacía café con brandy en la cocina
Lagos: debes escribir breve
Lagos: no debes escribir
¿Qué quieren que haga si bajo la lluvia me encontré con mi amante
y nos miramos
y me dijo “hace tanto”
y luego me dijo “no, qué te imaginarías
quizá debamos esperar, estar seguros…”
si no entiendo los condicionales (no hacen Historia)
La verdadera Historia está en el olvido, joven poeta,
o en la gangrena de los sueños
Terminemos con esto ya que no acaba la lluvia:
Marilyn me mira desde su foto sobre la Mac / Sonríe
(quizá porque ahora escucho al anciano Bach con auriculares)
mientras maldigo a mi vacía botella de ron venezolano.
Sigue lloviendo
como si comenzara a llover.

Balcones mojados 

jaln / 18 de agosto de 1997 / 06.21

6:23:11
Subject:    Llueve, cará. Urgente

Gravísimo error que puede ofender al bueno de Galán. En el texto reciente debe leerse, donde dice galán, Gala. Por el (o la) señor (dama) Antonio Gala
uf.
j.

Ocho poemas escritos en un bar

 I

 Estoy en un bar sin historia
El bar no tiene Historia / yo tampoco Estoy en este bar sin historia
(la tercera botella de cerveza) y pienso.
Pero no pienso / No pienso en ello: he dejado de ser niño
acelero mi ruta a la vejez sin haber sido nunca un hombre maduro
En realidad he aprendido / algo triste: juventud es una estación de tránsitoPertenece a los que murieron y eso debe explicar al mundo
nos ayuda e entender por qué es inhabitable

II

Tengo una versión confusa del pasado No recuerdo el proceso que me cambió
del blanco fresco al tinto cálido / creo que es importante saberlo
Tampoco sé cómo dejé de mirarles el trasero
pasé a buscar en sus ojos el vacío espectro de la existencia
Los dioses me han castigado: olvidé el sabor de mi primer trago de whisky
(quizá los dioses me quieren salvar, pero entonces ¿por qué recuerdo
los 12 martinis que me decidieron al primer matrimonio?) Los dioses sólo quieren estar presentes)


III

Los que bebían conmigo están muertos se mueren a puñados
caen en los hospitales o han dejado de beber y firman cheques
Hablan de su inexistente juventud dan gracias al Cielo
porque hacen cosas trascendentes ahora que viven sobrios
Menos mal que la sed no depende de la gente

IV

No quiero una mujer que me quiera No necesito su memoria
Quiero terminar este litro de cerveza y soñar
que todavía es posible una mujer que me abra el alma como a una botella
Sin preguntas / que escuche lo que tenga para decirle
y pueda permanecer en enamorado silencio sin sentirse molesta con su destino
Quiero una mujer que sueñe mis sueños en colores
que se desnude con gracia que venga a mi ceguera terrible
para saber que no importa vivir en vano

V

Debí haber muerto hace años pero no / Aquí estoy
preguntándome en este bar sin historia si acaso
terminará en empate después de todo la carrera de la vida
Cuando acabe (un final posible) mi muerte será un laurel sobre la frente
mirto azahar
copihues ambrosía entre las sienes
del perdedor

VI

Yo recuerdo cuando había que ir al cine
a la universidad a los bancos
con corbata y de preferencia anudada sobre una camisa blanca
Yo recuerdo que en el bar no
En la biblioteca tampoco Yo recuerdo
que era difícil robar libros sin usar corbata

VII

Cuando no había televisión charlábamos buscando el camino hacia las mujeres
No enterábamos de las cosas por la radio y los diarios del día siguiente
De verdad nos importaba el mundo Hasta llegamos a creer que era posible cambiarlo
y nos pusimos a estudiar para hacerlo
En esa época las niñas olían a lavanda aunque no lo crean eran verdad los portaligas
y sus sostenes tenían dos broches A veces podíamos desabrocharlos
y casi siempre corríamos los puntos de sus medias Era un drama
Todos los vinos de Chile llevaban el nombre de una santa: así me convertí en un hombre religioso
con alguna habilidad en los dedos Hoy también están desnudas debajo de la ropa
No me explico por qué es diferente

VIII

No se es alcohólico
no le creáis a vecinos, cursos y rosacruces no escuchéis a vuestras(os) amantes
ni a siquiatras, cónyuges, amigos boticarios o burócratas
(sobre todo nunca, por vuestra vida vayáis a alcohólicos anónimos:
ésta es una guerra y los traidores deben ser fusilados)
Nadie en sus cabales bebe para olvidar es una cosa de talento y perseverancia
Uno toma para mantener a raya a los espectros Nos castigan,´
pero sin nosotros el mundo estaría lleno de fantasmas que disputarían sin piedad los espacios
que deja la locura Nunca, tampoco, dejéis el vaso sobre la mesa de luz
basta la botella en el piso y un gato a los pies de la cama

Heme aquí agredido / por estas agujas de pino piñones que fueron la herencia de la Tierra y del Viento
cuando advenían los otoños y la mar bramaba contra las rocas enfurecidas
de la única playa
Heme aquí con el escudo hecho tiras con la espada desenvainada / estupefacto
por estos vaivenes de la sangre echando de menos los fuegos que parecen apagados
por esos guerreros que se ausentaron
Heme aquí sin respuesta / sin reposo sin espuelas para enseñar al camino
sin riendas con el eco desvaído de los clarines
abandonados en lontananza
Heme aquí sin reconocer / la derrota de mis pasos sin olvidar una sola batalla de las perdidas
a la espera del Invierno de la marea que alguna vez regresará
a soplar desde el infinito la hoguera del fin
al
 

jaln






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 Referencia
Jorje Lagos Nilsson.  "Poemas de Jorje Lagos Nilsson."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   30 de Septiembre de 2013.
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