Anaquel Austral 
 
 Actas
 Nacional
 Internacional
 Realidad
 
 Publicaciones
 Ensayos
 Crónicas
 Entrevistas
 
 Memorial
 
 Catastro
 Ensayos
 Novelas
 Cuentos
 Entrevistas
 Micrónicas
 Relaciones
 Biografía
 
 Poesías
 Apuntes
 Poemas
 El Poema
 
 Epistolarios

Página Anterior Página Principal Buscar Archivo Correo del lector
Poesías
Secciones
Publicaciones
 
Santiago de Chile
Caperucita Roja
Imágenes de fuego
Ay este país que llevo dentro...
Valparaíso
Manifiesto (Hablo por mi diferencia)
Amor ardido
Poemas de Jorje Lagos Nilsson
Elikura Chihuailaf en Grecia: “Somos guerreros por ternura”
Quijotadas

Poesías

Versión impresora


Elegía en un jardín y Poema en Puerto Aguirre
León Ocqueteaux

Elegía en un jardín

 

"Estoy enfermo de recuerdos de la infancia".

Sergei Essenin

 

Era el tiempo en que un ángel me llevaba de la mano.

Era mi abuela llorando una tarde de otoño.

Era el jardín el eterno prisionero de la nieve,

aunque en la aldea raras veces nevaba...

En la vieja casa todo había desaparecido.

Junto a los cercos rotos el tiempo agonizaba.

En el verano por los corredores desiertos

paseaban sus habitantes muertos.

Resucitaban sus viejas canciones, sus letanías y

sus historias de labriegos.

El viento, como una joven sonámbula,

era el mensajero que al atardecer cerraba los postigos.

La lluvia -vieja canosa- en puntillas se asomaba.

Y las tablas en el piso, las arañas trabajando en la tela

del olvido, los clavos torcidos,

era el poema que en medio del polvo se ocultaba.

...

Si observamos en silencio al jardín abandonado,

escucharemos que llora también sin saber por qué,

como la abuela esa tarde de otoño.

 

 

Poema en Puerto Aguirre

 

Al amanecer el poeta despierta

y lee "me alimento de la carne de buey

y del agua de

los torrentes"

Yo no puedo decir así como tú, viejo Walt,

afuera se desperezan los primeros pájaros del mar.

El viento WE sacude la pequeña casa de madera

y se escucha el trepidar de los motores de las lanchas.

Sí. El alba fría. Los últimos ebrios resbalan

sobre las callejuelas de caracoles muertos

y su ruido quebradizo me recuerda

un verso de Blaise

Cendrars.

El viejo Azócar escucha a Joan Báez y maldice

contra el mal tiempo que vendrá.

Por la ventana se ven tres tordos en las ramas

heladas del único ciruelo del puerto.

Y tú piensas en la leyenda de la felicidad.

Tu hijo quiere conocer al abuelo que acaba de morir.

"En la bodega de la vieja casa el morral cuelga vacío.

¿Quién cazará ahora los choroyes y torcazas?

Mi pobre padre ha muerto..."

Acaricio tu cabellera de algas amarillas

y te repito otra vez, unido a ti como el remo al bote.

Dulce como una abeja.

Quieres pintar el mar con el color de las olas.

Una noche de tormenta, hace ya más de veinte años,

Pablo de Rokha estuvo aquí comiendo choros zapato

con don Carlos Alvarado cuando era estafeta de Correos,

y escuchó las historias del pirata Ñancupel.

Algún día visitarás la Cueva de los Siete Esqueletos.

Nunca aprendiste a jugar truco.

Los peces se arquean en el agua

como caballos de mar

o ramas de árboles.

El día huye en la punta de los campanarios.

Puerto Aguirre es un lanchón cargado de congrios y

robalos,

es un caiquén ahumado servido en el boliche

de don Thelmo,

es el olor del ciprés de las Guaitecas recién cortado,

es Bill Barnes, el Aventurero del Aire,

vuelto a leer

treinta años después,

es el licor de murtas preparado

por doña Hilda Gutiérrez,

y es también la Isla Pejerrey, divisada apenas

una mañana de neblina.

Las islas del frente te recuerdan esmeraldas

en donde un Dieciocho estuviste solo en la plaza,

con una botella de vino, y los salmos

de Cardenal en el bolsillo.

En una fotografía apareces con sombrero

y una manta de castilla

junto a la verja destruida del Cementerio Antiguo.

En la pared, un cuero de chingue estacado en cruz,

y un verso escrito con carbón:

"Y la luz vino a pesar de

los puñales...

"Sí, siempre he de ir tomando tu mano,

viejo Walt Whitman.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Valdivia, 4 de noviembre de 2009.

 

Estimados amigos y amigas:

Ayer martes 3 de noviembre me enteré que el poeta León Ocqueteaux estaba internado muy grave en Coyhaique. Me avisó la poeta Corina Ainol, desde Chile Chico.

Y hoy día, miércoles 4, por la mañana, me enteré de la triste noticia. El mensaje lo envió el antropólogo y poeta de Coyhaique Mauricio Osorio.

La última foto que adjunto se la tomé a León el 2006, mientras realizaba una Pasantía para Escritores Profesionales en Chile Chico.

La crónica a León Ocqueteaux pertenece a Hernán Ortega que transcribí textual desde el sitio “Patagonia Panorama”, correo electrónico hernanortega@patagoniapanorama.cl 

 

I

El mensaje

 

“Nos han informado que el poeta León Ocqueteaux ha muerto hoy por la mañana en el Hospital Regional de Coyhaique. Nos sumamos al dolor por la partida de un gran escritor chileno, que amo la literatura.
Y Coyhaique lo despide con una nevazón efímera, que juega con el sol.
Su velorio y funerales serán en Coyhaique.
Un abrazo a todos y todas

Mauro Osorio”

 

II

León Ocqueteaux

 

 

 

Leyendo texto poético, en su oficina. Octubre 2007 (Foto A.Brüning)

 

Nació en Llanuras del Diablo y es abogado por la Universidad Católica de Santiago. En serio: nació en Pillanlelbún (localidad al sur de Lautaro), que significa aquello, en 1937. Según Carlos René Correa, ha declarado ser "católico y aldeano". "Poeta secreto", dicen en un ensayo de "Francachela" Nº12-13. Estuvo residiendo en Ecuador y otros países sudamericanos. Para quien escribe esto, es un hombre de "islas" porque nadie sabe (no se lo hemos preguntado) por qué razón llegó a instalarse por años en Puerto Aguirre, generoso paraíso de mariscos, pescados y lluvia. Ahora vive en Chile Chico, también una forma aislada pero donde es fácil ubicarlo: al lado afuera de su lugar de trabajo hay un letrero que dice: "León Ocqueteaux. Notario. Conservador de Bienes Raíces, Comercio y Minas". No sabemos si cuando escribe un poema, hace anotaciones al margen. Tampoco sabemos por qué siempre escribe y da señales como de un lejano punto del universo. No es amigo de la farándula literaria ni anda solicitando algún lugar en antologías. Simplemente, se ganó un nombre en la literatura chilena.

  No es un autor prolífero, sin embargo su poesía llamó la atención desde el primer momento y, por lo tanto, no es extraño que su poema "Cuento de Invierno" haya sido tomado al vuelo por la inigualada revista "Orfeo" (número 17-18, de 1966). Sin embargo, hay una simbiosis extraña entre el poeta de Lautaro, Jorge Teillier, y este otro nacido a ocho kilómetros de distancia, dos años después. Una simbiosis de carácter: han gustado de la conversación entre escritores en torno a una mesa y, en la escritura, tejen el lenguaje coloquial con imágenes originales brillantes ("El día huye en la punta de los campanarios", en Poema en Puerto Aguirre) y apuntes exactos. Los une, además, una suave sensualidad. Teillier, me consta, siempre se refería a Ocqueteaux como a un "rara avis in terris". Nuestro isleño, a su vez, es nostálgico de la presencia viva de Jorge.         El 31 de octubre del 2007 nuestra primera visita en Chile Chico fue a esa Notaría. Sigue escribiendo y removiendo sus lecturas y recuerdos. Nos lee apuntes: "Pablo De Rokha, a quien conocí por razones familiares, me encargó libros de León Bloy, con quien, por sus peripecias y dolores, se identificaba." (...) "Para mí el Che Guevara es una especie de Lawrence de Arabia, por su vitalidad." (...) Y agrega: "Estoy escribiendo un pequeño libro que se llama "Jorge Teillier. Ese fiero pulpo de mirada egea." Para Ocqueteaux, después de De Rokha, el más grande poeta chileno es el creador de la poesía lárica. Obra, sólo poesía:  

 

Dos Poemas                                     1962

Cuerno De Caza                              1965

Gorriones De 1943                          1968

Manzanas Robadas                      1992

Poeta En Puerto Aguirre             1992  

  (Dos poemas de L. Ocqueteaux, en Archivo Poesía, Sección Literatura)

Foto de Annabella Brüning

  

Elegía en un jardín

 

"Estoy enfermo de recuerdos de la infancia".

Sergei Essenin

 

Era el tiempo en que un ángel me llevaba de la mano.

Era mi abuela llorando una tarde de otoño.

Era el jardín el eterno prisionero de la nieve,

aunque en la aldea raras veces nevaba...

En la vieja casa todo había desaparecido.

Junto a los cercos rotos el tiempo agonizaba.

En el verano por los corredores desiertos

paseaban sus habitantes muertos.

Resucitaban sus viejas canciones, sus letanías y

sus historias de labriegos.

El viento, como una joven sonámbula,

era el mensajero que al atardecer cerraba los postigos.

La lluvia -vieja canosa- en puntillas se asomaba.

Y las tablas en el piso, las arañas trabajando en la tela

del olvido, los clavos torcidos,

era el poema que en medio del polvo se ocultaba.

...

Si observamos en silencio al jardín abandonado,

escucharemos que llora también sin saber por qué,

como la abuela esa tarde de otoño.

 

 

Poema en Puerto Aguirre

 

Al amanecer el poeta despierta

y lee "me alimento de la carne de buey

y del agua de

los torrentes"

Yo no puedo decir así como tú, viejo Walt,

afuera se desperezan los primeros pájaros del mar.

El viento WE sacude la pequeña casa de madera

y se escucha el trepidar de los motores de las lanchas.

Sí. El alba fría. Los últimos ebrios resbalan

sobre las callejuelas de caracoles muertos

y su ruido quebradizo me recuerda

un verso de Blaise

Cendrars.

El viejo Azócar escucha a Joan Báez y maldice

contra el mal tiempo que vendrá.

Por la ventana se ven tres tordos en las ramas

heladas del único ciruelo del puerto.

Y tú piensas en la leyenda de la felicidad.

Tu hijo quiere conocer al abuelo que acaba de morir.

"En la bodega de la vieja casa el morral cuelga vacío.

¿Quién cazará ahora los choroyes y torcazas?

Mi pobre padre ha muerto..."

Acaricio tu cabellera de algas amarillas

y te repito otra vez, unido a ti como el remo al bote.

Dulce como una abeja.

Quieres pintar el mar con el color de las olas.

Una noche de tormenta, hace ya más de veinte años,

Pablo de Rokha estuvo aquí comiendo choros zapato

con don Carlos Alvarado cuando era estafeta de Correos,

y escuchó las historias del pirata Ñancupel.

Algún día visitarás la Cueva de los Siete Esqueletos.

Nunca aprendiste a jugar truco.

Los peces se arquean en el agua

como caballos de mar

o ramas de árboles.

El día huye en la punta de los campanarios.

Puerto Aguirre es un lanchón cargado de congrios y

robalos,

es un caiquén ahumado servido en el boliche

de don Thelmo,

es el olor del ciprés de las Guaitecas recién cortado,

es Bill Barnes, el Aventurero del Aire,

vuelto a leer

treinta años después,

es el licor de murtas preparado

por doña Hilda Gutiérrez,

y es también la Isla Pejerrey, divisada apenas

una mañana de neblina.

Las islas del frente te recuerdan esmeraldas

en donde un Dieciocho estuviste solo en la plaza,

con una botella de vino, y los salmos

de Cardenal en el bolsillo.

En una fotografía apareces con sombrero

y una manta de castilla

junto a la verja destruida del Cementerio Antiguo.

En la pared, un cuero de chingue estacado en cruz,

y un verso escrito con carbón:

"Y la luz vino a pesar de

los puñales...

"Sí, siempre he de ir tomando tu mano,

viejo Walt Whitman.






Subir
 Referencia
León Ocqueteaux.  "Elegía en un jardín y Poema en Puerto Aguirre."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    4 de Noviembre de 2009.
 <   >
© Derechos Reservados