(A la muerte del gran poeta cubano, agosto de 1989)
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Entero lloro tu son
de Norte a Sur ¡qué dolor!
desconsuelo y aflicción,
debemos llorarlo a coro
a lo largo de la costa
de este lagarto tendido,
tu eterno son de hombre entero,
lo lloro largo, oprimido,
tu son entero.
Tu son prieto y justiciero,
tu blanco son de aguacero,
tu son mulato y obrero,
tu son postrero
lo lloro entero.
Que sepas,
Guillén, espero,
poeta de rebeldías,
que aquí anidó la alegría
de tu son.
Clara palabra te evoca,
vocablo nuevo en tu boca:
Panimávida, agua loca,
espuma sutil y roca,
Panimávida, agua ávida.
tu son convoca.
Hoy te veo noche y día,
día y noche amanecida
por el caminito aquel
del Cerro Santa Lucía,
que sólo tú conocías,
avanzas con pie ligero,
yo te veo.
Bestia de frío y de fuego,
llamaste tú al Aconcagua,
solemne mano lunada
y ojos hoy petrificados,
te lloran, Guillén, a solas,
alto dolor acallado,
bestial dolor apagado,
fuego y agua
La muerte otra vez pasó
-¡amigo Guillén! - gritó:
tu oscuro lirio bangó
lo quiero yo.
Guillén Banguila y cubano,
hoy no dijiste que no:
-Gentil amiga- ya voy
con mi guitarra y mi son,
mi son arcano y cubano,
mi son afroamericano,
contigo voy,
sí, Señora,
cómo no.
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