Anaquel Austral 
 
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Tres aproximaciones a “esta delgada luz de tierra”, de Reynaldo Lacámara

Catastro : Entrevistas

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Elvira Hernández: poesía desde el silencio a la luz
Virginia Vidal

 

“No se puede estar cerca del poder"

La reciente publicación de una antología de poesía chilena en París, por Saúl Yurkievich, incluye los nombres de Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Enrique Lihn y Elvira Hernández con La Bandera de Chile. Este poema de tremenda fuerza, escrito en 1981, circuló en edición mimeografiada y su primera edición salió en Tierra Firme, Buenos Aires, 1991. Ante el acontecimiento, decidimos averiguar más sobre la poetisa cuya apariencia y lenguaje contrastan sigilo, delicadeza y brío digno de Quevedo. Comienza con lo siguiente: “No se dedica a uno/ la bandera de Chile/ se entrega a cualquiera/ que la sepa tomar” .    

—¿Por qué María Teresa Adriasola escogió el pseudónimo?

           

“Tal vez Elvira por lo arcaico”.

           

—¿Cómo la hija del Cid o como la coya de Talagante, casada con el carpintero de Pedro de Valdivia, Bartolomé Flores?

           

“El Hernández lo adopté de una familia en cuyo hogar guardaba la tenida para cambiarme el uniforme escolar e irme de cimarra. Fui muy andariega, me escapaba de mi casa, faltaba a clases. Hasta fui a Valparaíso. Los  Hernández me adoptaron oficialmente como hermana, hasta con una torta. Aunque dejamos de vernos, me sentí integrante de esa familia muy particular. Siento que este pseudónimo opera no como un nombre sino como un heterónimo. Sólo es el nombre para la poesía, el otro lo uso para narrativa y ensayos.. Son muchas los móviles inconscientes que influyen al adoptar un nombre. No es una la que escribe, sino que es adoptada por ese nombre. Con esto, eres médium, esclava de la poesía, no puedes levantar cabeza”.

 

Andariega insomne

           

—¿Fue feliz la infancia?

           

“Nací en Lebu, pueblo minero. Estudié las preparatorias en Chillán, donde me tocó ver cosas muy fuertes. Como empecé a salir desde muy chica y a escuchar historias, sentí que debía habitar un mundo enorme y, en vez de darme miedo, me sentía acongojada. Escondía el bolsón y me iba a un conventillo, donde una mama que me había criado. Tenía un perrito. Conversaba con ella y jugaba con él. Un día me paré donde unos obreros de una construcción. Reposaban en la hierba, luego de almorzar. Pasó una avioneta. Uno preguntó: ‘¿Quién irá ahí? Y otro dijo: ‘Si es el Canela, ¡que se vaya a pique!’ Todas esas frases sueltas, esos detalles, me producían un gran desasosiego. Se me ocurrió seguir ballet. Un día, llegué más temprano y sentí unos sollozos terribles. Mi profesora me dijo: ‘Me vine más temprano para llorar’. Y me contó una historia de amor desgarradora. Caí en el insomnio. A los diez años, conocí al Chacal de Nahueltoro, en la comisaría de Chillán, donde, por detrás, yo levantaba unas tablas y me colaba al patio. Un teniente me dijo: “ven, niñita, vamos a sacarnos una fotografía con este hombre”. Y nos tomaron una foto a los tres, mientras la gente de afuera estaba reunida, con ganas de matarlo. Esa foto ha de estar en algún archivo de la comisaría... Tengo el recuerdo de un hombre terriblemente desvalido; no me parecía malo. Me daba lástima. El oficial tendría un metro ochenta y el Chacal le llegaba un poco más arriba de la cintura. Tenía un ponchito encima. Después, vi el retrato cuando pidió el indulto: se veía otro hombre... Cosas como ésa, me dejaban insomne por largo tiempo. Viví ese insomnio durante la infancia y la adolescencia y se prolongó buena parte de la vida. De la comisaría, recuerdo los calabozos, los caballos; sentía los diálogos de los presos. Mentiría si dijera que oí palabras obscenas. Se me grabó un lenguaje popular tan rico, con tantas maneras de decir. Caí por ebriedad la mayoría. La gente se interrogaba. Se lamentaba. Siempre dolidos. Una veía gente que llegaba a pedir auxilio: mujeres chorreando sangre, prostitutas, una humanidad doliente. Veía no delincuentes, sino víctimas. Esto no significa que no sea partidaria del castigo. Pienso que hay responsabilidades y a mayor conocimiento de causa, debiera haber mayor rigor en las penas”.

 

—¿Muchos conflictos existenciales?

 

“No estaba conforme con lo que acontecía a mi alrededor. Sin pretenderlo, recibía confidencias de muchos adultos sufrientes. Entonces, comencé a preguntarme: si Dios vela por sus criaturas ¿cómo se manifiesta? Esperaba milagros todos los días. Y no ocurrían los milagros. Yo buscaba desesperadamente a Dios. Un día, en un momento de locura, me dije: ahora, Dios me tiene que dar una prueba de su existencia para yo creer. Me fui a la iglesia de las Carmelitas. Estaba cerrado, pero había un candado abierto a un costado, donde estaban refaccionando. Una gruta con la Virgen. Ya era de noche. Oigo un ruido, una respiración profunda.  Siento miedo y, a la vez, curiosidad. Pasa un auto y el foco ilumina a una pareja que está amándose... Desde ese momento, dejé de buscar a Dios”.

 

—¿Y la juventud?

 

 “Después, cuando entré a Filosofía, pensé que debiera haber una racionalidad que condujera todo esto, tan sin pies ni cabeza. El año 1969 corresponde a un período apasionante. No había lugar para la reflexión. Rápidamente pasé a la acción: “Hay que transformar el mundo”. Y un día que subíamos en unos buses para ir a la Moneda, me encontré con Ariel Dorfman. No nos conocíamos, pero me dijo: “Echa dos libros a tu bolso, porque vas a tener mucho tiempo”... Me molestaba mucho que en los mítines se hiciera vida social y nadie escuchara los discursos. La reflexión política tampoco era relevante. Sólo había tareas. Quise tener una vida mundana y, en el momento de salir, me devolvía, me encerraba a escribir y no iba a la fiesta. Trabajé en deliberas imitaciones de los clásicos. Quería saber cómo iba a formular mi propio trabajo. Después, la literatura tenía demandas que no se cumplían, tan simples como la libertad de expresión. Poco antes de ser detenida, ya circulaba mi primer trabajo, Meditaciones físicas para un hombre que se fue, aún inédito. Tuve fortaleza cuando estuve detenida, pero me derrumbé al llegar a casa. Alguien había advertido a mis familiares que me revisaran todo y ¡todo me lo quemaron! Me puse a llorar. Algo reconstituí más tarde.

 

—¿Por qué la “maleta cargada de nada”? ¿Por qué conmemorar diez años de nada, con motivo de la publicación del primer libro?

 

 “Nada es el lugar donde uno puede empaparse de algo. Equivale a tocar fondo. El punto donde sólo uno trae su código genético para empezar de cero a hacer, crear. La nada es potenciadora. Es empezar a nacer. Es lo que sale del no ser todavía. Bueno. Un día, voy con La Bandera de Chile donde Jorge Guzmán, mi profesor. Me dice: ‘Mire, soy muy crítico. Más tarde, me lo entregó advirtiéndome: ‘Este es un buen libro, pero por favor no lo publique con su nombre, porque, de nuevo, la van a meter presa’... Ahí, ya adopté el Elvira Hernández. ¿O me adoptó? En 1988, salí de Chile a ver a mi hermano exiliado. Sufrí un gran desaliento. Se imponía una tendencia a hacer las cosas por detrás: negociaciones, pactos y, a la vez, se ahogaba la discusión. Ahora, creía que ya habíamos vivido la peor etapa de nuestra historia, pero uno constata la existencia de la corriente camaleónica. Todo se difumina. Se borran fronteras. Los jugadores de fútbol están en el mismo nivel de los dignatarios... Tengo muy claro que el poeta no puede ser parte del sistema. No se puede estar cerca del poder sin contaminarse. Siento que estamos en el nivel de los parias, sin embargo tenemos un acceso al poder. Me sorprenden las invitaciones alcaldicias o del cuerpo diplomático a los poetas o las alusiones oficiales a los poetas, a los héroes y a los mártires. Sospecho también de la postulación oficial de Nicanor Parra para el Nobel, pero ¿qué se hace para que su obra llegue a todo el pueblo?”

 

Los siguientes son sus trabajos publicados: ¡Arre! Halley ¡Arre! salió en 1986. Meditaciones físicas para un hombre que se fue (1987) nos llegó dentro de un sobre de papel Manila, con cuatro tarjetas con ilación de jaculatoria a la cual se le puede aplicar la ley de la reversibilidad pero que, por sobre toda tentación de solaz en el análisis formal, golpea la conciencia, exige pensar y no da respiro. Luego salieron: Carta de viaje (1989), El orden de los días (Museo Rayo, Colombia, 1991). Con Santiago Waria (1992, segunda edición en 1996), va de la A a la Z en la peregrinación por la waria —ciudad en lengua mapuzungun— con algo de inevitable guarida para todas las desolaciones, burlas, entuertos y desencantos. Al respecto, Elvira dice:

 

“No tengo obra, tengo trabajos. Obra es vinculación directa entre tu trabajo y tu sociedad; reconocida relación recíproca, con crítica de por medio: muchos estratos que están actuando. En el momento en que el poeta pasa a ser parte de nuestra riqueza, ya tiene obra y ya no lo puede dominar. El que uno tenga una buena crítica, no convierte eso en obra. Juan Luis Martínez, en el momento en que escribe, se plantea el enmudecimiento de su poesía. Parto del hecho de que Chile tiene grandes voces, pero ya las voces cesan y viene el reinado de la escritura que es otra lengua. Juan Luis se sitúa en ésta como adelantado  con La nueva novela. Después de esto, ¿qué se puede escribir?”

 

(Entrevista aparecida otrora en el diario La Época de Santiago de Chile.)

Elvira Hernández nació en Lebu (Chile), en 1951 bajo el nombre impuesto por sus padres de María Teresa Adriasola. Ha publicado ¡Arre! Halley ¡arre! (1986), Meditaciones metafísicas para un hombre que se fue (1987), Carta de viaje (1989), La bandera de Chile (1991), El orden de los días (1991),  Santiago Waria (1992), Álbum de Valparaíso (2004).

Algunos poemas:

La bandera de Chile (fragmento)

Levanta una cortina de humo la Bandera de Chile
asfixia y da aire a más no poder
es increíble la
bandera
no verá nunca el subsuelo encendido de sus campos

santos
los tesoros perdidos en los recodos del aire
los entierros marinos que son joyas

veremos la cordillera maravillosa sumiéndose en la

penumbra

ficticia ríe
la Bandera de Chile

SANTIAGO WARIA

así como Atenas fue astu para los griegos
y Roma urbs para los romanos
Santiago fue waria para los mapuches
como cualquier otro poblado

Anda Sola
                                                mira para atrás
                                                   ... sólo tú quedas
en el camino
                                crecen misterios                                .. la cizalla crece
                 ..... los perros de vidrio molido
                               Sodomas y Gorgonas están por delante
                                                    a sólo 6 kilómetros
                                                    son tu ciudadela
                                                    tu podio
....... súbete te moverá el carrusel
                                  . galoparás la máquina
                 ... serás la payasa más movida
                                                    la del billete verde
                 ... Anda Sola Teresa vieja...
Baba caída
                     500 milímetros al mes
                    Cielos corruptos
                                                         El tiempo no es
un remedio para nada                    el buen tiempo
                                                                        .Hay que tomar
pronto el tren ....... el Rápido
                                                                 un copetín en el snack bar
                                                                                      un guillete

                 .....La Estación Mapocho abre sus puertas
a la nada
                  Para ustedes que creen estar viajando
sólo queda desembarcar

CIUDAD INTERIOR

No puedo ser otra cosa que la pensativa del Patio de los
Callados, la llorosa del Parque de los Reyes,
la olvidadiza
                                                                ni otra
que la que recoge papeles con sangre
                                                                ni
aquella que no quiere el balazo solipsista
                        porque nada desaparecerá
A ratos soy la misma, la Una, la del espejo
que camina con una araña en el ojal
                                                        la sombra
que se pegó al hombre que dobló la esquina
            y duele su cuello guillotinado

FUENTE NEPTUNO

Te tomo la palabra. ¡Bah! ¡Qué haces aquí! Esto es peor que cruzar la Avenida Cardenal Caro. O que Escilas y Caribdis en seco. No se respira el salobre mar sino amoniaco puro. Amén del monóxido y el hollín por mil. Es el Novus Orbis vomitado: Ngechén en la Cruz y en la picana. Es la noche bajo el tridente, dando tumbos por las escalinatas, por la Escala Unica sin un peso en los bolsillos. Pronto aparecerán tus pescados de acá, la corte milagrosa para el Mirón del Cerro. Los príncipes del peñascazo se quedarán en las laderas salivando un pito. Las reinas de la noche pasarán derecho al fornicatorio. Los caminos yacen atestados y el cerro se mueve como un pulpo. Los reyes del sablazo establecen pronto sus capitales. Los vampiros tienen puestos sus guantes de gasa. El Mohicano encendió su fogata y yo he lanzado mis cupidos a más no poder. Es mi única transacción la que se pierde en el aire, un chorro sin destino. Mojo la cara en tus aguas y no logro quitarme la sarna de maldito. Nunca tuve proposiciones que hacerle a la vida.

 U

…si me permite don Díaz Loyola, soy la mujer
que tuvo que inventar la pincelada china y el cocimiento
de Don Diego de la Noche y Horizonte, más otras fritangas

                                           hace mil años
duermo con pupilas desveladas y mi traje es de noche:
un encaje de hormigas y estreptococos brillantes

los traros me sobrevuelan con valses antediluvianos:
                         ¡es raro! creen que soy cosmopolita

todavía recuerdo que en una copita de orina vi "Retrato
de un Desconocido" y el lago Pirehueico

que yo sepa
no he abandonado la componedura de huesos y cuerpo:
soy fisiatra titulada en la quebrada del tiempo y
me acompañan en mis paseos mentales un gato abisinio y
mi camahueto

el arte de los cuchillos invisibles tiene más pólvora
que los calendarios

¡ah! si pudiera poner un telegrama al futuro y notificarlo
de su filosofía

mi actual dirección es Av. La Higuera s/n
comuna de Pudahuel

* C. Pezoa Véliz

 

               No sé qué hay en esta trashumancia

               qué va pasando para allá

               qué va pasando para acá.

               Cada día es más denso

               no se puede atravesar

               ni acaso travesear.

               Va y viene el vaivén

               la tracalada

               el vadear por el bajo

               lindando la nombrada bajeza

               o rebasar el pasadizo

               el tejemaneje

               la interconexión.  

               No sé cuál es la quisicosa

               si nos acarrean o arriamos

               si cagamos pila

               o estamos en el aire

               si han propuesto intervalo

               trasplante o jesuseo. 

               Cuán confundido va el camino.

               Canto y mi mal no espanto.

               Escribo y desestampo el giro.

               Ya no salgo ilesa.

               La corrida de cercos llega a mi nariz.

               No vives en Acullá

               con los pies en la tierra

               vas con ellos puestos por delante

               en los dominios del señor De la Hoz

               & la Hipodérmica.

                                                                         Marzo, 2005.

Que se suspendan los días por algunas horas

Que me dejen en mi limbo de frazada

Contorsionada en posición fetal

Bajo el forado de la costilla que me diste

Que me dejen respirar mi único respiro

Que me dejen caer en equis bajo tus esternones

Que me dejen moverme y removerme como una enferma

Estoy así desde mi reciente boda

Postrada como esponja que ha bebido licor

Que me dejen así suspendida

Y si quieren me tapan con diarios.

  Mayo 1993

 

 






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Elvira Hernández: poesía desde el silencio a la luz."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    6 de Abril de 2005.
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