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Presidente Lagos: lo que natura non da, Salamanca non lo presta
El doctorado honoris causa conferido por la Universidad de Salamanca al presidente Ricardo Lagos deja frío al pueblo chileno que no se ha volcado a las calles ni se ha concentrado en la Plaza Baquedano para celebrarlo. No presentaremos algunos botones de muestra sino apenas unos flecos de la toga doctoral de Lagos que ha realizado un gobierno a favor del imperio y de los grandes empresarios enseñoreando la iniquidad en el pueblo de Chile.
Este pueblo siente que esa investidura no le corresponde a un gobierno que ha sido con el presidente Bush el más obsecuente de todos los de América latina. Un gobierno que le imploró a Estados Unidos le permitiera firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC), un tratado que deja a Chile más amarrado, desde que se inicia este siglo, que lo que estuvo Panamá con canal y todo en el siglo anterior.
Tampoco le corresponde esa investidura a un gobierno que hace pasar por nueva o renovada la mismísima constitución de 1980, del dictador Pinochet, con algún maquillaje, sin haber osado promulgar una nueva constitución verdaderamente democrática.
Los primeros resultados del TLC se han manifestado en el alza del IVA, es decir de los impuestos que paga desde la criatura que acaba de nacer, el niño que aprende a leer, hasta el mendigo que se compra un pan o una caja tetra de vino: un alza del IVA de un 18 % a un 19% para compensar la pérdida de cuatrocientos millones de dólares anuales que el Estado dejará de recibir en virtud de la baja de aranceles del TLC.
Se han abierto las compuertas a las exportaciones (de materia prima de la minería, agricultura de exportación, pesca, acuicultura y sector forestal, que constituyen en conjunto más del ochenta por ceinto de las exportaciones) e importaciones que han acabado con la industria nacional y han puesto en crisis a la agricultura.
Lagos no se jugó por exigir pago de impuestos a las trasnacionales que se llevan el cobre y otras riquezas básicas.
Lagos consolidó la privatización de empresas prósperas y que daban trabajo a muchos chilenos entregándolas a huevo a capitales extranjeros, como la Empresa de Obras Sanitarias EMOS y la Compañía de Teléfonos.
Lagos pasará a la historia porque nada hizo por acabar con la humillante segregación social que escinde a Chile como nunca antes en su historia republicana. Su gobierno oculta que esta segregación social manifiesta en la imposibilidad de acceder a la educación sumada a la cesantía y al rechazo de los habitantes de barrios marginales para postular a un trabajo son las causas fundamentales de la delincuencia. En vez de atacar esas causas, se construyen cárceles con criterio demencial y el país entero está terminando entre rejas.
La distribución del ingreso durante el gobierno de Lagos es tan inicua que alejó toda esperanza de la equidad social durante los gobiernos de la Concertación, siguiendo con fervoroso entusiasmo la línea impuesta por la dictadura de Pinochet. Es así como la distribución del ingreso según las encuestas CASEN (de Caracterización Socioeconómica Nacional del Ministerio de Planificación) demuestran que el diez por ciento de los chilenos más pobres recibía sólo el 1,5% del PIB mientras que el diez por ciento más rico percibía el 41,3% en 1987 y en los últimos años del gobierno militar. Durante los gobiernos de la concertación esta iniquidad se intensificó, la última encuesta CASEN muestra que el diez por ciento más pobre recibe sólo 1,1 del PIB; se ha deteriorado la situación de los sectores medios, en tanto ha aumentado la concentración de 42,3% de la riqueza en el diez por ciento de chilenos más pudientes.
Lagos, aunque levantó el dedo en las vísperas, no se esmeró porque en este país se juzgara a Pinochet; si no fuera por la acción extranjera, Pinochet no habría caído nunca preso.
El gobierno de Lagos se ha caracterizado por su indiferencia para con los exonerados políticos del 11 de septiembre de 1973 –díganlo si no los periodistas exonerados de la Empresa Editora Horizonte y del diario Clarín- y para con los exiliados políticos a los que su gobierno no les ha reconocido sus derechos.
La asistencia de Lagos a los funerales del fallecido dictador Hugo Banzer, autor de crímenes contra la humanidad, no fue un gesto solidario con el pueblo boliviano y sus luchas.
Lagos fue incapaz de acabar con la vergüenza de la educación municipalizada y nada hizo para retornar a la educación fiscal básica, media y universitaria gratuita, de la misma que él y sus ministros profitaron.
Haber proseguido con la privatización de la salud y la reducción de la atención integral de salud a la mayoría de la población es otra vergüenza del gobierno de Lagos.
No puede ser motivo de orgullo para un presidente democrático ser aclamado como el mejor por la oligarquía y los empresarios que se congratulan por haber tenido un mandatario que nada hizo por la recuperación de los sindicatos, les evitó huelgas y redujo los derechos de los trabajadores a su mínima expresión.
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