Anaquel Austral 
 
 Actas
 Nacional
 Internacional
 Realidad
 
 Publicaciones
 Ensayos
 Crónicas
 Entrevistas
 
 Memorial
 
 Catastro
 Ensayos
 Novelas
 Cuentos
 Entrevistas
 Micrónicas
 Relaciones
 Biografía
 
 Poesías
 Apuntes
 Poemas
 El Poema
 
 Epistolarios

Página Anterior Página Principal ,  558008 lectores(as) en línea Buscar Archivo Correo del lector
Ensayos
Secciones
La desdichada vida de Maruca Hagenaar
Pedro Lastra, fantasma de nuestras conciencias
Lumbraria de los santiaguinos
El desierto de Javiera Carrera: Cartas del exilio
El jaguar en el pantano: Pablo de Rokha
Juan de Luigi bizarro y varonil
José Miguel Varas cumple ochenta años
Hechos, Sentidos y Preguntas

Publicaciones : Ensayos

Versión impresora


¿Gramática de la basura o refundación de la trasmisión oral?
Daniel Hidalgo

 

La escritura nace de la necesidad del Hombre por la trascendencia. Si bien ella se basa en la comunicación, ésta resulta indirecta si la comparamos con el lenguaje oral, en donde se obtiene una respuesta inmediata. Entonces, lo que el Hombre produjo al escribir fue la prolongación en el tiempo de un discurso. Pero el Hombre inventó reglas, diseñó modelos y normas para poder desarrollar el sistema de escritura. Estas normas, sin embargo, no sólo sirvieron a lo largo de la Historia para ordenar el discurso escrito, para hacerlo comprensible, sino también para transformar a la escritura en un privilegio de pocos.

 

Me encontraba en casa bebiendo un café y fumando un cigarrillo mientras corregía una cantidad gigantesca de pruebas acumuladas que, estúpidamente, evadí hasta que más no pude. Debía entregarlas a primeras horas de la mañana del día siguiente al colegio, en mi calidad de alumno de Pedagogía en práctica. El curso en cuestión resultó ser un Primer Año de Enseñanza Media, popularmente conocido como “Primero Medio”. Por lo general, estos cursos están conformados por alumnos de catorce o quince años y se caracterizan por personificar el paso de la Enseñanza Básica a la Enseñanza Media. Este avance, a pesar de todo, está marcado por una generalizada sensación de fracaso. El alumno de Enseñanza Básica pareciera condensar una gran cantidad de contenidos aprendidos durante los cuatro primeros años de Educación Básica; luego, de 5° a 8° año, pareciera sufrir el más desalmado de los descuidos por parte de sus educadores. El gobierno, a través de su entidad responsable: el MINEDUC, es consciente de esta particular problemática y para ello ha ideado los módulos de nivelación de los conocimientos que debieran manejar los estudiantes al momento de entrar a Primero Medio: una serie de guías que los alumnos y alumnas deben realizar para, justamente, nivelar los contenidos adquiridos.

 

El curso al cual yo corregía pruebas sólo había terminado el primero de estos módulos y el balance era negativo. Eran los primeros meses del año y tal vez no era tan grave, nos consolábamos con dejo patético el profesor de asignatura y yo.

 

El profesor, quien no debió en ningún momento entregar esas pruebas a alguien que no se encontraba validado para corregir −como yo−, desconocía el nivel de resultados del curso ante la evaluación, por eso me solicitó que me centrara más que nada en la ortografía y, como el me dijo: “la gramática”. Yo, consciente de la carencia de ésta en los estudiantes de la Educación Municipalizada a la que yo también pertenecí y, más aún, vergonzosamente reconociendo que esta distaba demasiado de ser mi fuerte, decidí enfocar los casos más exagerados.

 

Dispuesto a corregir comas, puntos y acentos (los ejemplos más palpables de la deficiencia en cuestión) me topé con la enorme sorpresa de que éstas no eran el mayor problema, sino que los estudiantes escribían en lenguaje chat.

 

Así, el texto se extraviaba en un lenguaje incompleto que hacía algo difícil cumplir con la tarea de corregir las pruebas. Creo que alcancé a corregir cerca de diez y luego me distancié y me sumergí en mis pensamientos.

 

Hasta hace poco yo hacía tareas escolares, como ellos, sin el menor autoanálisis, sin ninguna preocupación y ahora me paso los minutos cuestionando al lenguaje. Nunca imaginé la importancia de corregir tareas.

 

Para dar un ejemplo, prosigo en lenguaje chat: l prblma d ls almnos y almnas d st curso, corrspnde a 1 ncipiente cltura nformtica…

 

Estoy exagerando.

 

Primero pensé en decirle al profesor que reprobara a todos los que hubieran usado y abusado del lenguaje chat, que yo no estaba dispuesto a corregir respuestas así. Pero luego me puse a pensar en otra cosa.

 

Pensé en la escritura.

 

La escritura, pese a su importancia en la prolongación de la “voz” del Hombre, es peligrosa. Pervierte en distintas formas el proceso de comunicación humana: se presta para manipulación, para leer erróneamente, excluye, anula la inmediatez, disfraza y borra el contexto extralinguístico, es un sistema demasiado ambiguo.

 

La escritura busca capturar al lenguaje oral y almacenarlo para masificar su recepción en el futuro cercano o distante.

 

¿Qué pasa con el lenguaje chat, entonces? Que pese a ser escrito resulta todo lo contrario. La idea en el chat, en el Messenger, en el ICQ o en cualquier tipo de comunicación directa on line, es que el texto escrito se produce con la intención de elaborar un texto desechable. Nos enfrentamos, de esta manera, a una nueva forma de escritura que altera todo lo conocido anteriormente como escritura.

 

Sé que a este punto los señores lingüistas que puedan tener acceso a este artículo se encontrarán algo alarmados ante “tanta barbaridad”, acostumbrados a un conservadurismo colosal y a una suerte de fascismo morfosintáctico −léase RAE, si gusta− retrógrado y opresor en todos sus sentidos. A ellos mis disculpas adelantadas por tamaña osadía de mi parte.

 

Prosigo: este texto desechable, producido para cumplir con una comunicación inmediata, es evidente, se basa casi puramente en el signo. Para ello se mezcla un sistema lingüístico incompleto, dotado de palabras inconexas, dibujos (llamados emoticones), animaciones. La idea es comunicar por sobre todo, sin importar demasiado la forma de este proceso con tal de que cumpla las condiciones mínimas para hacerlo comprensible al receptor del discurso.

 

Transcripción de una charla por Messenger.

1 dice: ola

2 dice: ola como tai?

1 dice: bien ytu?

2 dice: (carita triste)

1 dice: k t paso?

2 dice: teno pena

1 dice: k mala por ke?

2 dice: muxos prblmas

1 dice: t escuxo (carita cerrando un ojo)

(…)

1 dice: grax

1 dice: T (corazón gráfico) muxo

2 dice: Yo =

 

Vale la pena recalcar que aquellos dibujos de caritas diversas y figuras como corazones, animales, flores u otras, a las que ya identificamos como emoticones, tienen precisamente su soporte en el nombre. Emoticones −me imagino que es marca registrada− es una palabra de fantasía compuesta, en donde identificamos: “emotion” (emoción, sentimiento) e “icones” (iconos, símbolos, gráficos). Así evidenciamos la fuerte presencia de lo semántico como pilar fundamental de la comunicación on line. Los estados de ánimos condensados a un simple dibujo (animado o fijo), toda una representación comunicada con un simple clic.

 

La idea de texto desechable tiene relación directa con la utilización del significado sobre el significante. La comunicación on line termina al momento de desconectarse. Nada queda. Por eso, para los participantes de esta situación comunicativa, no importa demasiado la forma del discurso y sí lo que queda después: lo comunicado. Pierden, entonces, importancia las normas gramaticales y ortográficas. No hay necesidad de generar un texto bien elaborado porque éste desaparecerá. Observamos a este punto una cercanía mayor que la de la escritura tradicional con el lenguaje oral, dado que la escritura on line permite la existencia del diálogo.

 

Sin embargo, también tiene cercanía con el lenguaje escrito. Crea una amalgama de diversos tipos: pictográfico, ideográfico, fonético, alfabético, silábico, es decir: condensa casi toda nuestra historia escritural. Y comparte todas la normas de la comunicación que conocemos.

 

Mi café ya se había enfriado y no me quedaban cigarros, no así la cantidad de pruebas por corregir: seguían intactas e impolutas esperando que yo prosiguiera mi tarea. En realidad, no todos contestaron en lenguaje chat, algunos prefirieron abreviaturas más convencionales.  

Luego, me pregunté qué haría el profesor (real) en mi lugar. Lo más probable es que él desconozca totalmente este lenguaje. Lenguaje chat o lenguaje xat. ¿Es, entonces, inaceptable su entrada al aula de clases? ¿Hay que proseguir con la idea de que para cada lugar, situación, existe un lenguaje correspondiente, correcto? ¿Podrán, en un futuro lejano, publicarse libros en esta lengua? O finalmente cuando todo se aclare un poco más ¿podremos validarlo como una forma más de la comunicación, como la distinción entre lenguaje culto y lenguaje informal, sólo aplicable al contexto de lo desechable?






Subir
 Referencia
Daniel Hidalgo.  "¿Gramática de la basura o refundación de la trasmisión oral?."  Anaquel Austral: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    1 de Octubre de 2005.
 <   >
© Derechos Reservados