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Epistolarios
Manoblanca y los pájaros del pavimento, de Yenny Paredes
By Lenka Moretic Vidal
15 de Junio de 2010, 12:08

 

 

Querida Yenny:

 

Estaba viendo sin ver la televisión y en una teleserie brasileña leyeron un poema de Luis de Camoes, (un pedacito de Amor é fogo que arde sem se ver), entonces, me acordé de Manoblanca... y heme aquí (¡qué verbo tan difícil y extraño! yo escribiría y evo me pero no me hagas caso, es serbio) prendiendo el computador y escribiendo.

 

No soy crítica literaria ni nada que se le asemeje, sin embargo, quedé comprometida de enviarte mi opinión-sensación-decantamiento.

 

Manoblanca y los pájaros del pavimento, lo leí varias veces, (menos el colofón, después lo leeré), es que la poesía no es para digerirla de una y todas las veces quedé con la misma sensación, de que no lograba descifrar las palabras.

 

Luego dejé que me hablaran:

 

Sentí que has nacido, amado, odiado, vivido, vegetado, perdonado, resignado, muerto, renacido y más que eso, es como si tuvieras el secreto (y certeza) del tránsito que te toca en esta vida-tierra, y eres tan humilde, que ni siquiera protestas, porque sabes lo que viene y a qué vienes.

 

Mi corazón en varias ocasiones se "suavizó" (falta le hacía) y una que otra lágrima me traicionaron en la lectura, sin embargo, lo que prima es que tengo que aprender de tus escritos, como persona, y... mucho.

 

El libro es precioso, me miré a través de mi propia prisión y disfruté cada dibujo, la delicadeza del papel y lo asertivo del intercalado con los poemas.

 

Los colores y el esmero en la publicación (¿cuántas correcciones?... no es necesaria la respuesta) decía, el esmero y prolijidad en la publicación, muy bien logrados.

 

Te mando un abrazo y mis mejores deseos en tu vida profesional, literaria, graffitera, familiar y bueno, también motuda.

 

¡Que todos tus viajes se concreten!

 

 

Selección de poemas de Manoblanca y los pájaros del pavimento

 

El Juego

Creyendo que estábamos solos, nos desnudamos; una por una

dejamos caer las hojas. Recorté con los dientes un cordón de

niños de papel que tú colgaste luego en el dintel de la puerta.

Nos vendamos los ojos y empezamos a besarnos. Afuera

nevaba. En lugar de palabras, te salían peces de la boca; en

vez de sudar, me brotaban pájaros mojados. Por los rieles del

pecho galopaban caballos de viento. Te obligué a derramarte

contra el espejo. Tus ojos reían, tus manos lloraban. Rodando

había caído tu boca por la escalera y ahora todas las estatuas

de la calle sonreían. Hasta que volvió la Vida con sus piernas de

tijera. Paso a paso derritió la nieve y se nos acabó la fiesta; de

luto, siempre la Vida, con su varilla de castigo en la mano.

 

 

El Espejo

Quitarse la cáscara del día

las luces de colores

las ropas que a veces duelen

despojarse de la risa

Abrir la carne y encontrar

el cuesco de la tristeza

cuya constatación nos vuelve reales

Entrar en el cuadrante del espejo

hundirse en ese otro cielo

desarraigado de preguntas

levantar la mirada y encontrar

el ojo vertical que nos observa

atravesando la frente

Y atravesar la frente

Separarnos en gajos

abrir los ángulos gastados de la memoria

trazar la cruda desnudez la necesaria

cobijar el pez verde que nos navega

Desarmarnos Desglosarnos

volver a lo que fuimos antes de

tener un nombre

y de tanto desbordarnos

en el agua crucial del espejo

reconstruirnos sin aditamentos

con la honestidad de una gota de lluvia

en la ventana del silencio.

 

Manoblanca y los pájaros del pavimento. Corporación Cultural Municipal de Valdivia, 2008.

 

  Publicado: 15 de Junio de 2010, 12:08 Subir © Copyright 2005 - Anaquel Austral