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Gabriela Mistral y Maruja Mallo
Virginia Vidal

 

Pienso a Gabriela Mistral como la cordillera de los Andes, poderosa, por más que le abran senderos y hayan tratado de esculcarle hasta el ADN, ella sigue grandiosa y secreta, pero nunca se cansa de ofrecer tesoros. Pocas mujeres como ella tuvieron tan diversas y profundas inquietudes, relacionadas todas con su amor supremo: la humanidad. Transcurren nuestras vidas y ella no termina de darnos sorpresas. Una parte secreta de esta mujer que sabía guardar secretos, coincide con su la estancia en Portugal. Este importante retazo de su vida deja entrever su apasionada preocupación por el destino de los republicanos españoles al final de la guerra civil.

Vale la pena cavilar sobre esa estancia de la poetisa. Nombrada cónsul, de 1935 a 1939, en Portugal, su vida acontecía sin sobresaltos: aprendió el idioma, conoció a los escritores portugueses y escribió “Tala”. Pareciera que trabajaba en silencio, como metida en un claustro, ajena al mundanal ruido. Pero si se averigua, es posible descubrir que su alma inquieta estaba atenta a cuanto ocurría en el vecindario.

 

A Gabriela le penaba España y sin aspavientos procuraba ayudar a la causa republicana. Es así como pudo salvar a Maruja Mallo. Esta pintora, la más importante de la generación del 27, al ser sorprendida por la guerra civil durante las Misiones Pedagógicas en Galicia, logró pasar a Portugal hacia Lisboa, donde su amiga chilena. Gozó de su hospitalidad hasta que una invitación de la Asociación de Amigos del Arte le permitió embarcarse en Lisboa, llegar a Montevideo y exiliarse después en Buenos Aires, desde el 9 de febrero de 1937.

 

Ese paso de Maruja Mallo de Galicia a Portugal da la clave trascedente de una poco conocida gestión de Gabriela Mistral. La poetisa se propone permanecer en Portugal, pero esta idea es vista con malos ojos por su superior inmediato. Entonces acude a su amigo Gonzalo Zaldumbide[1], ministro de Educación de Ecuador quien se halla en París. Tal como Gabriela, el escritor y diplomático ecuatoriano fue muy cercano amigo de la venezolana Teresa de la Parra, la cual contribuyó a crear un fraterno vínculo indestructible entre el ecuatoriano y la chilena. Basada en esa confianza, ella le pidió ayuda para obtener el exequátur ante el gobierno portugués, como se lo comunicó al presidente Pedro Aguirre Cerda, en extensa carta de la que extraemos un párrafo:

 

“Pedí a mi jefe de Depto. [Departamento] mi nombramiento de Cónsul en Porto a fin de tener allá la libertad de acción que aquí no me ha dejado mi ministro y resultó esta otra donosura. Me dijo mi amigo Azócar que este gobierno ultraconservador no quería a una mujer de Cónsul en Porto y que él prefería, por mi propio interés, guardar las letras patentes y no presentarlas. Esta vez la indita que hay en mí saltó dentro, y pedí a un amigo del régimen preguntase al Ministro de estado el asunto, y escribí a Gonzalo Zaldumbide, Min. de Ed. [Ministerio de Educación] en París y amigo del Ministro portugués, me obtuviese el exequátur; se hizo todo con la facilidad mayor y el Canciller portugués me mandó decir que le extrañaba y le dolía que yo hubiese podido pensar en que él iba a negarme el ex., [exequátur] conociéndome personalmente y por mi trabajo en la Liga [de las Naciones], viendo él con tanta complacencia que viva en su país y teniendo ellos mismos una mujer Cónsul en Berna.”[2]

 

La expresión “resultó esta otra donosura” revela la ira no extinta que le produjo la deslealtad de Amando Donoso al publicar en la prensa chilena una carta donde les expresaba sin tapujos a él y a su mujer María Monvel sus opiniones muy críticas sobre la realidad española, lo cual la obligó a dejar su cargo de cónsul y salir de este país.

 

¿Por qué el deseo de Gabriela de permanecer en Portugal, cuya tierra y pueblo amaba, pero no en Lisboa sino en Oporto? Un puerto maravilloso de historia y leyenda, que ella podía visitar cuantas veces quisiera, donde siempre sería muy bien acogida por admirables poetas. Sin duda, por su ubicación era el punto ideal para acoger a los españoles que pasaran la frontera. Se puede comprender ese deseo suyo no como un capricho sino como “conciencia del dolor de España” que tornaba imperiosa la ayuda a los españoles. Esa necesidad la expresó tiempo después en Chile:

 

"Había que carecer de sesos en la cabeza para no tener conciencia del dolor de España. Pero quiero dejar en claro que pese a los interesados esfuerzos realizados por terceros para abanderizarme a determinado bando, he demostrado mi amor por España con hechos concretos, no con declaraciones. He ayudado en lo posible, por medio del Instituto de Cooperación Intelectual, a los profesores huidos de su patria[3] y a los pobres niños vascos que andan desparramados por Europa. De ahí la publicación de “Tala” en Buenos Aires, para su venta en América, y en Barcelona para su venta en Europa. Admiro a un pueblo que defiende su territorio, y que lucha con tanto heroísmo" [4]

La gallega Maruja Mallo fue la más importante pintora surrealista española de la llamada Generación del Veintisiete. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid. Allí se relacionó con Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, María Zambrano. Con Rafael Alberti mantuvo apasionada relación hasta que él conoció a María Teresa León. Participó en la primera Escuela de Vallecas, una propuesta 'plástico-poética' del escultor Alberto Sánchez y el pintor Benjamín Palencia. Durante la década de 1920 escribió para numerosas publicaciones literarias como La gaceta literaria, El almanaque literario o la Revista de Occidente y realizó portadas de varios libros. Ortega y Gasset conoció sus cuadros en 1928 y le organizó una exposición, la única para la cual abrió los salones de la Revista de Occidente. En esta muestra se exhibieron diez óleos que representaban poblados llenos de sol, toreros y manolas, así como maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición, a más de ser  un acontecimiento cultural, permitió valorar a la artista por su obra y no por su condición femenina. Federico García Lorca dijo:"Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con más imaginación, emoción y sensualidad."

Fue invitada a Francia donde expuso “Verbenas” y la escatológica serie “Cloacas y Campanarios”, considerada premonitoria de la tragedia en que se sumiría España. Visitó las casas de Vicente Huidobro y Picasso, conoció a los surrealistas franceses, quienes la adoptaron.

Maruja Mallo y Miguel Hernández se habían conocido en febrero de 1935, en la Casa de las Flores de Pablo Neruda y se tornaron inseparables. Juntos planearon el drama “Los hijos de la piedra, dedicada a los mineros”, inspirado en la revolución de 1934 en Asturias.

Esta pasión de Miguel impregna su libro “El rayo que no cesa”. Fue ardiente su relación con Maruja, tan distinta de Josefina Manresa, su púdica novia. Maruja muy delgada y pequeña de estatura, era locuaz y alegre, desinhibida, transgresora de las convenciones sociales de su tiempo, capaz de cruzar en bicicleta la nave de una iglesia donde se estaba celebrando misa. Fue la mujer que dejó mayor huella en la Generación del 27, cerrado mundo machista. Fue apedreada cuando salió a pasear con sus amistades sin llevar sombrero. Salir a la calle con la cabeza descubierta era considerado indecente por la sociedad española, de modo que su “sinsombrerismo” fue escandaloso y le valió muchas críticas.

Cuando Miguel Hernández, en 1939 —de vuelta del frente, derrotada la República—parte en busca de ayuda, pero se le cierran los caminos, entonces se va a Sevilla por Córdoba con intención de pasar a Portugal. Acaso entreviere el reencuentro con Gabriela como tabla de salvación, ella tomaría todas las medidas para ayudar y se empeñaría en darle asilo al poeta. Por desgracia para la poesía y la vida, Gabriela no logró su propósito. Él fracasó en su intento de cruzar la frontera. La policía de Salazar lo detuvo y entregó a la guardia civil. Tras la captura, nada pudo hacer Chile por lograr su libertad. Miguel sufriría una y otra prisión hasta su muerte en el Penal de Alicante, el 28 de marzo de 1942.

Aunque, como Neruda, sufrió el dolor y la impotencia de no lograr la libertad de Miguel Hernández, Gabriela fue consecuente con su afirmación fundamental: “La vida es mi amiga”.

Maruja fue bien recibida en Buenos Aires y prosiguió su trabajo artístico, impregnándose cada vez más de la energía y presencia latinoamericana. Recibió la influencia del pintor uruguayo Joaquín Torres García cuya obra estudió.  Recorrió varios países, conoció los más importantes pintores de ese tiempo. Vino a Chile en varias ocasiones, la primera vez invitada por la Alianza de Intelectuales.  Su conferencia estaba anunciada para el 25 de febrero de 1939 en el Teatro Municipal. Pero ocurrió el terremoto. Ella declaró con su característico humor negro: “Vosotros […] considerasteis que para apagar el recuerdo de la tragedia que me consumía era preciso tenerme aquí una tragedia nueva e inmediata”.

Ofreció esa conferencia el 3 de febrero, habló de la guerra civil española e hizo una colecta para las víctimas del terremoto. Luego dictó otras, una con auspicio del Movimiento de Emancipación de la Mujer a favor de los niños españoles. Visitó Valparaíso, Viña del Mar. Regresó a Chile varias veces, aún expuso sus obras en lugres como el Hotel O’Higgins de Viña. Se reunió con Neruda y recorrió la costa, incluso habría ido a Isla de Pascua. Son notables las fotos que se tomó con el poeta, ella completamente envuelta en cochayuyos. Sin duda, él le contagió su amor por las conchas marinas, tanto que ella en adelante las incorporó a sus cuadros resaltando su belleza y simbolismo.

Por ser mujer, en vez de valorar la importancia de su obra, a esta artista fecunda de personalidad arrolladora se la ha criticado mucho por su locuacidad, su esoterismo, su abrigo de pieles, su maquillaje recargado que le permitía convertir cada día su faz en máscara. Esa máscara no era casual: quería recuperar su rostro perdido: según ella, “el exilio mata la expresión del rostro”

En su larga vida Maruja Mallo, la más importante pintora surrealista española, no dejó de pintar ni de investigar los aspectos que la impulsaban en la gran aventura plástica. Tras largo exilio retornó a España en 1965 y, siempre vivaz, vital, divertida, se convirtió en una artista admirada por los jóvenes. Había nacido el año 1902, murió en 1995 en Madrid. 


[1] Poeta y ensayista, autor de: Significado de España en América (N.York, 1933); el facsímil de su carta, fechada el 26.08.1936, a Armindo Monteiro, ministro de RREE de Portugal, aparece en Proyecto Preservación y difusión del legado literario de Gabriela Mistral, a cargo de Magda Arce y Gastón Von dem Bussche, de la OEA y el Ministerio de Educación de Chile (editado por Zig-Zag, 1993).

[2] Matías Tagle Domínguez: Gabriela Mistral y Pedro Aguirre Cerda  a través de su correspondencia privada (1919-1941). Historia (Santiago) v.35 Santiago 2002: 323-408. ISSN 0717-7194 versión on-line

[3]  Subrayado por VVV

 

[4] Entrevista con Santiago Rivera: "Gabriela vuelve a la patria después de 10 años", publicada en la revista Ercilla en Santiago de Chile el 13 de mayo de 1938.

 

 

Revista Punto Final N° 782,

www. puntofinal.cl






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Gabriela Mistral y Maruja Mallo."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    4 de Junio de 2013.
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