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Luis Alberto Acuña y su legado de imaginación, humor y profundidad
Virginia Vidal

  

 Conocimos en la Sociedad de Escritores a este discreto caballero iquiqueño, profesor de química, ex docente de la que fue Universidad Técnica del Estado. Empezamos a considerarlo cuentista excepcional al leer “Jarrón de porcelana china”.Tenemos grabada la imagen de Luis Alberto Acuña (1927-2005): lo vemos sonriendo, comedido, en algún aposento de la Casa del Escritor.

Publicó cinco libros de cuentos: La Revancha, Ediciones Mazorca. Santiago, 1960; Contrabando, Editorial Arancibia Hnos. Santiago, 1962; La Noche Larga, Ediciones Conosur. Santiago, 1967; Jarrón de Porcelana China, Editorial Universitaria. Santiago, 1979; Carmelo se fue a la guerra, Ediciones Centro de Estudios Sociales, CESOC. Santiago, 1995; Píldoras para el estrés (epigramas, aforismos y apotegmas), Rial Génesis, Santiago 2001.

Numerosos premios literarios revelaron que jurados conocedores del género supieron valorarlo: Premio Municipal (Municipalidad de Santiago), 1980; Premio Alerce (Sociedad de Escritores de Chile), 1978; Premio Juegos Florales Gabriela Mistral (Municipalidad de Santiago), 1974; Premio Daniel de la Vega (Las Últimas Noticias), 1993; Premio Asociación de Críticos y Comentaristas de las Artes, de Miami, EEUU, 1976. Sus méritos como cultor del cuento breve fueron apreciados fuera del país, como se advierte en I racconti piu brevi del Cile, Gianni Toti, Ediz. Fahrenheit. Roma, 1997.

Merece ser reconocido entre los adelantados de la microficción. Hondo dramatismo alcanza en menos de un par de líneas con el minicuento “Catedral esquina Matucana”:

“Parecía un muñeco destripado por la mano de un niño. Pero no era un muñeco: era un niño”.

Bien sabido es cuán pocos son los grandes temas de la creación literaria. Acuña supo desarrollarlos en muy variadas e imaginativas formas. Mientras se leen sus variadas historias, se advierte la incesante busca de la palabra justa, del esmero en conseguir un lenguaje despojado. Un humor sutil ilumina más de un sombrío momento. La fantasía no se contradice con el realismo que alcanza tremenda fuerza en ambientes obreros o de contrabandistas. Nunca olvidó su Norte Grande, es así como caletas, oficinas y escenarios de la pampa salitrera fueron el trasfondo de algunos de sus más recios relatos; también tuvo presentes las grandes huelgas, como la de La Coruña, a Luis Emilio Recabarren organizador de la clase obrera y, de modo muy especial, la compleja psicología de personajes forjados en un ambiente de extrema dureza.

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La venganza fue otro de los temas que Acuña concibió en muy rico espectro –por ejemplo, la venganza de las hijas viejas que devuelven ojo por ojo el castigo al padre cruel ahora inválido en “Dos viejas repechando el cielo”—. Sobre todo, abordó la violencia en sus más crueles manifestaciones como el asesinato y la más atroz de todas: la violación.

La violación es un crimen que le sirve de base a varios relatos que desmitifican por completo al guapo arrogante pendenciero, bueno para el trago y conquistar mujeres. “La Red” envolverá a los lectores en una magistral descripción de gran plasticidad. Un violador que va acumulando reconcomio fuerza a la esposa de un compañero de trabajo cuando éste se ha ausentado. Después justifica su agresión sexual más el castigo feroz a golpes atribuyéndole colaboración a la mujer. Un sorprendente final envuelve al resentido con la venganza del marido. Violadores impunes imponen su poder físico en una niña débil, alcanzan la mayor degradación y violencia “En “El Colorado” la agresión sexual pareciera legitimada por las mujeres que no tienen el suficiente arrojo para castigar a los criminales y, cómo resignadas, protegen a la niña víctima del capote. El niño, amigo de la muchachita pareciera reflejarla en un espejo, ha sido víctima de otra forma de violación: el anulamiento por la obligada ingestión de alcohol.

El ejercicio del poder sobre el más débil avasalla a comunidades completas sometidas al matón, en tanto las víctimas quedan marcadas para siempre con la vergüenza y la humillación. De repente, el matón o guapo, violador que se impone con prepotencia en una oficina salitrera donde atemoriza con sus pendencias y hace alardes de sus borracheras y conquistas, es sometido por el tiempo, la vida y otro matón. Tal es el caso de “El Caupe”.

Ese ejercicio culmina cuando un grupo o un grupo de hombres se constituyen en el poder supremo y pueden matar la vida, la belleza, la creación. La metáfora se advierte en un cuento llamado simplemente “Víctor”. Tiene por escenario el estadio en que un admirado poeta triunfó invadiendo los espíritus con su canto. Este ser que sólo quería justicia y vivir donde reinara el amor es sometido a extremas torturas hasta ser aniquilado.

La muerte por asfixia, el encerramiento en vida fue una especial obsesión de Acuña, muy bien elaborada en “El Capataz” donde una cuadrilla de mineros, víctimas de un derrumbe, aguarda con tremendo coraje una improbable salvación. Esta obsesión alcanza trágico suspenso en “Sepultado vivo”. El escritor luego de recrear de modo impresionante la soledad y fatalidad sin remedio del personaje, logra un final de gran lirismo que causa profunda tristeza. El lector sufrirá la indecible angustia de la catalepsia alucinante de un muerto cuyos sentidos viven más allá de la corrupción de la materia en “¿Y si así fuera?” La inquietud que despierta se prolonga más allá de la trama.

 “El extraño en el viento” logra la refinada sepultura en vida, mucho más diabólica que la presumible en el maestro Poe con “El barril de amontillado”. Reúne elementos precisos: un hombre amó a una mujer antes de que ella se casara. Siguió amándola en silencio. Ella tampoco dejó de quererlo, al punto de llegar a revelarle esa pasión al marido. Éste concibe refinada venganza: primero asesina a su mujer y luego y se las ingenia para atraer al hombre enamorado y encerrarlo en una fortaleza de la que no es posible salir, condenándolo a permanecer junto a su amante muerta. El paisaje, la arquitectura, la atmósfera dan cuerpo y enriquecen el singular cuento donde la trama es solo el perfecto esqueleto.

“Jarrón de Porcelana China” es un cuento maestro que se teje en torno a un amor feroz a la traición que conlleva la venganza suprema. Tiene por protagonista a un gato seductor y cómplice, mirón, y verdadero conductor de la fatalidad. La sutileza y la ausencia total de estridencias armonizan con ese felino. El jarrón es la nota luminosa, cristalina e inolvidable en una atmósfera de tensión creciente que culmina en impecable final.

La otredad sin remedio a la que se resisten los humanos estableciendo mil formas de discriminación, tiene un impecable desarrollo en “La Conferencia” con su sorprendente final. En “Iba a ser un ingeniero”, un padre despierta a una realidad que no soñó ni en la peor de sus pesadillas cuando debe afrontar la verdadera personalidad de su único hijo detenido en una redada de travestis. Por si fuera poco, lo golpea ironía feroz cuando una vecina lo divisa en equívoca compañía.

El misterio de la vida es un asunto que aborda desde diversos ángulos, no más leer “El péndulo en el umbral”. Muchas veces acude a la ciencia ficción para profundizar en ese misterio, siempre preocupado del ser humano y su destino como en el vuelo hacia “El planeta azul”. Inquietante resultado logra en “El hombre del espejo cóncavo” con desolada pre-visión de un mundo donde reina la felicidad posterior a una catástrofe nuclear. Después, nueve décimas partes del planeta han sido asoladas y los sobrevivientes ejercen una suerte de anestésica bondad, pero no falta alguien amarrado a un atavismo que le hace brotar resabios de crueldad y violencia.

Admirable homenaje rinde a Galileo en “Eppur si muove”. Recrea la vida y el fin terrenal de un sabio martirizado pero que no pierde jamás la fe en la libertad, en la necesidad de que “las ideas deben debatirse a los cuatro vientos para que el hombre cumpla su condición de hombre”.

Hernán del Solar, Premio Nacional de Literatura definió al autor de “La Revancha” como “un escritor sobrio, imaginativo, agudo, que observa con precisión menudos detalles de interés y desarrolla con soltura sus temas”.

 

Marino Muñoz Lagos, importante crítico literario radicado en la más austral de nuestras ciudades, dijo tempranamente al leer “La Revancha” que sus cuentos “demuestran que Luis Alberto Acuña es un talento acucioso, dueño de una personalidad literaria que bien cultivada puede darle a Chile lo que los grandes escritores le han dado: su pasión del oficio y la verdad humana que esconde cualquier menester en la frente de los grandes creadores. En suma, la belleza” (La Prensa Austral. Punta Arenas. 29.11.1960.) Es curioso, un crítico mercurial se refirió al mismo libro destruyéndolo. La rectitud y sentido del humor de Acuña lo llevaron a incorporar éstos y otros comentarios en “La noche larga” (1967)

Es de esperar se reediten estas narraciones y se den a conocer en escuelas y colegios, entonces jóvenes lectores podrán disfrutar sin sentirlas patinadas ni añejas. Autores como Acuña, ajenos a la figuración y al autobombo, pueden difuminarse en una ocasional bruma del tiempo, pero a la larga su escritura irradia. Releer sus cuentos ha sido a la vez un reencuentro y un grato ejercicio que deleita, estimula y desafía.






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 Referencia
Virginia Vidal.  "Luis Alberto Acuña y su legado de imaginación, humor y profundidad ."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   26 de Marzo de 2010.
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