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“¡Háganme Callar!" de Mónica Echeverría Yáñez
Un chilote en la guerrilla
Heikki Hiilamo, La ruta finlandesa.
Luisa Michel, combatiente de la Comuna de París
Tragedia periodística y terrorismo internacional
#je suis... chilien
Exigimos encontrar a los cuarenta y tres normalistas
¡No importamos el conflicto... El conflicto nos importa!
Sobre el artículo de la compañera Clarisa Hardy
Polémica en la Feria del Libro chilena según © Estandarte.com

Actas : Internacional

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Un chilote en la guerrilla
Virginia Vidal


"Un chilote en la guerrilla guevarista. Tirso Montiel (“Pablo”)" es una exhaustiva investigación del historiador Dante Montiel Vera sobre la apasionante historia de un oficial de Carabineros decidido a luchar junto a Ernesto Che Guevara. Tirso Montiel, tras un proceso de toma de conciencia, renuncia a su carrera y clandestinamente se preparó como guerrillero.

Su amistad con Elmo Catalán culmina con la participación en una red operativa revolucionaria creada al interior del Partido Socialista de Chile. En marzo de 1968, tras la masacre de la mina de El Salvador”, validan la opción de la lucha armada y, decididos a combatir se prepararan en Cuba. El primer destacamento fue una columna de apoyo al foco guerrillero que debía operar en la selva boliviana, constituido por Elmo Catalán, Tirso Montiel, Arnoldo Camú, Walterio Fierro, Carlos Gómez y Fernando Gómez, más tarde reforzado por Félix Vargas, Paulina Weber, Celsa Parrau, Félix Huerta, Eduardo Carvallo y otros, a más de Beatríz (Tati) Allende, la hija de Salvador Allende. Ellos integraron la sección chilena del Ejército de Liberación Nacional (ELN) fundada por el Che.

“Volvemos a la montaña”

La muerte del “Che” no desalentó a sus seguidores. La guerrilla boliviana se reorganizó en torno al Ejército de Liberación Nacional (ELN) creado por el Che e integrado por chilenos, entre ellos Tirso Montiel. Este segundo intento guerrillero –también fracasado- en Bolivia, a mediados de 1970 fue llamado la campaña de Teoponte, inspirada en la consigna “Volvemos a la montaña” comandada Guido “Inti” Peredo, sobreviviente de la guerrilla del Che.

La postura internacionalista de Tirso Montiel no era ajena a los chilotes. Lo demuestran los chilotes emigrantes a la Patagonia argentina que participaron en las huelgas obreras en las estancias de Santa Cruz. Varios fueron delegados de la Federación Obrera en las estancias y durante la gran huelga de 1921, reprimida por los soldados del Décimo de Caballería del ejército argentino, dirigidos por el teniente coronel Héctor Varela, cientos de chilotes fueron fusilados.

En las Brigadas Internacionales, constituidas por cuarenta mil voluntarios extranjeros de 54 países, lucharon en defensa de la República española durante la guerra civil. Entre los chilenos estuvo José Efraín Gartés (Garcés), un chilote que vivía en Brooklyn, Nueva York, que se alistó en la Brigada Lincoln para “luchar contra el fascismo” como se indica en las fichas.

Desde 1978 muchos chilenos se incorporaron a la lucha armada contra el dictador Anastasio Somoza y la “contra” en Nicaragua. También en la guerrilla de El Salvador formaron parte del Frente “Farabundo Martí” para la Liberación Nacional (FMLN). Marcos Ojeda Barrientos, vecino de la ciudad de Ancud, participó en los combates y diversas acciones militares para derrotar al dictador. Logró sobrevivir y actualmente vive en Europa, Otro fue Aníbal Espinoza Valdés. Detenido durante el golpe militar del 73, al salir al exilio integró el grupo de doce miristas enviados a Nicaragua a cumplir tareas internacionalistas. Formó parte de las Tropas Especiales “Pablo Úbeda” (TPU) del Ministerio del Interior nicaragüense que combatían a la “contra”. Murió en Managua a comienzos de 1984 y sus restos fueron descubiertos el 2009 en el cementerio de la misma ciudad donde fue sepultado.

El historiador Dante Montiel ofrece con sucesos estrictamente históricos un rico cuadro cultural y social de la vida de Tirso y de los chilotes. Trabajó en Concepción, luego fue trasladado a inicios de 1960 a Santiago a la 9ª Comisaría. Participó en la organización institucional “Niño y Patria”, repudiando tanto la miseria y desigualdad social como la represión a la lucha de masas.

La última aventura guerrillera

Tirso Montiel ingresó a Chile entre abril y mayo de 1969, con un pasaporte falso. Permaneció casi un año en la clandestinidad, debía incorporarse a la lucha y mostrar su diligencia como revolucionario.

“Marcela” (Tati Allende) organizaba en Chile una estructura de apoyo que permitió durante 1968 y 1969 restablecer una red clandestina en Bolivia y preparar en 1970 un segundo intento guerrillero en Teoponte.

Pero entre julio y septiembre de 1969 en Cochabamba y La Paz el ELN perdió a muchos de sus integrantes con entrenamiento militar. Los chilenos cumpliendo sus compromisos aumentaron sus efectivos en Bolivia. Desde fines de 1969 y principios de 1970, en La Paz y Cochabamba, el ELN realizó acciones de preparación de la guerrilla, asaltando diversos establecimientos financieros para obtener recursos para la reestructuración interna de la organización: eran dirigidas por Elmo Catalán y “Chato” Peredo.

El 8 de junio del mismo año, Elmo Catalán, miembro del Estado Mayor del ELN Boliviano junto a su compañera Genny Koller son asesinados en la casa donde habitaban en Cochabamba por un compañero de su organización, Aníbal Crespo, cuando se disponía a partir al norte para sumarse a la columna guerrillera. El funeral provocó protestas y enfrentamientos, acusaban a la CIA y al gobierno de Ovando de ser los autores del doble asesinato. Sin embargo la verdad era otra, como se manifestó en el comunicado del ELN. Hacer pública esta declaración derivó en que el líder del ELN debió enfrentar la oposición de militantes, entre ellos “El Indio”, segundo hombre de la “retaguardia” en Bolivia, para muchos de ellos lo políticamente revolucionario era ocultar la verdad y culpar a la CIA y al gobierno boliviano.

La muerte de Elmo Catalán provocó problemas con algunos miembros chilenos del ELN. Los que estaban en desacuerdo la jefatura del ELN se marcharon de Bolivia. “…El contingente que se retiró estaba encabezado por “El Indio” y Félix Vargas Fernández (“Luisito”). Vargas ingresó después al GAP (Grupo Amigos Personales), combatió el 11 de septiembre de 1973 en la residencia del presidente Allende en calle Tomás Moro, de donde salió herido; luego pasó a la clandestinidad y posteriormente fue detenido por agentes del Estado y trasladado a Tejas Verdes, allí se le vio por última vez”. Carlos Gómez Cerda (“Eduardo”) se muestra en desacuerdo con el comunicado que contaba la verdad, porque creía honestamente que así se honraba la memoria de su amigo y que su muerte no sería vana y tendría un significado. Gómez, que era dirigente del cobre y miembro del Comité Central del Partido Socialista, decidió entonces abandonar y regresa a Chile. El gobierno de Salvador Allende lo nombró Gobernador de Chañaral. Después estuvo exiliado en Cuba.

La honestidad demostrada por el ELN permitió que muchos jóvenes se sumaran a la lucha. Según Osvaldo Peredo fue tal la cantidad que debieron seleccionar a los militantes que irían al monte; además, el ELN integró mayoritariamente militantes bolivianos a la guerrilla. La certeza que en Teoponte se combatiría y se ofrecía la vida por el socialismo decidió a los jóvenes, principalmente de la universidad, incorporarse a la guerrilla y solicitar su “derecho al monte”. La elección de la zona de Teoponte donde se iniciarían las acciones se optó para los técnicos insurgentes porque posee una situación estratégica mejor que Ñancahuasú al estar más cerca de La Paz y de los centros mineros, sector que íaparece perfecto para la guerrilla.

Ubicado en la casa de seguridad, el chilote Pablo recorría la ciudad, andaba bien vestido para pasar desapercibido, poseía un diccionario quechua que estudiaba diariamente para hablar directamente con el campesinado boliviano. El ELN en esta segunda experiencia guerrillera estaba dirigida por Osvaldo (Chato) Peredo Leigue, médico, hermano de “Inti”, que fuera asesinado meses antes.

El contingente se lanzó a luchar en julio de 1970. Eran sesenta y siete hombres que se dirigieron a las montañas de Teoponte, para impulsar la guerra de guerrillas en esta área rural que albergaba a los sectores más empobrecidos y vulnerables de Bolivia.

Pablo muere combatiendo en Chocopani

En Chocopani la columna guerrillera marchó el 27 de agosto por un terreno escabroso. Lloviznaba y el ejército se aproximaba desde el sur. El comisario político del ELN Jorge Fernández Meana, destacado combatiente de origen norteamericano con entrenamiento militar en Cuba, se fracturó un talón. Lo cargaron en una hamaca, lo cual demoró la marcha. El ejército les tendió un cerco y la guerrilla no percibió la maniobra. Los campesinos informaron a los militares de la presencia guerrillera. Dos combates decidieron la suerte de la guerrilla. La muerte de Tirso Montiel ocurrió el sábado 29 de agosto de 1970 cuando fueron bajando al poblado de Chocopani.

El primer decreto firmado por el Presidente Allende tras asumir el 4 de noviembre de 1970 fue otorgar asilo político a seis ciudadanos bolivianos sobrevivientes de la guerrilla de Teoponte, entre ellos a su jefe Osvaldo “Chato” Peredo, además de los tres jóvenes chilenos que reingresaron a su país por Arica.

Teoponte, la continuación de la travesía de Ñancahuazú, es hoy un doloroso recuerdo que se revive con intensidad al pasar los años, especialmente por el martirio de aquellos cincuenta y ocho jóvenes.


Revista Punto Final N° 852. 27.05.2016




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 Referencia
Virginia Vidal.  "Un chilote en la guerrilla ."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   27 de Mayo de 2016.
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