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No destruir el Parque “José Domingo Gómez Rojas” ni borrar la memoria del poeta
Virginia Vidal

 

El Parque “José Domingo Gómez Rojas” ha sido rebajado a “plaza” en la cual se pretende erigir una estatua al Papa Juan Pablo II, frente a frente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Resulta incongruente –por decir lo menos— que con motivo del Bicentenario de la Independencia, se destruya una obra del primer Centenario y se borre algo más que memoria al pretender eliminar el fruto de laboriosas e inteligentes concepciones urbanas.

Cuando se cumplió el siglo del nacimiento de José Domingo Gómez Rojas (1896-1929), la SECh se reunió para rendir tributo a su memoria. En esa ocasión, la Municipalidad de Recoleta decidió restaurar el Parque “José Domingo Gómez Rojas”, ubicado entre los puentes Pío Nono y Loreto, al norte del río Mapocho. La Municipalidad no logró costear la modesta suma para esculpir el monolito que se pudo erigir en su memoria, pese a la generosa ayuda ofrecida por la Escuela de Canteros.

 

Este parque fue construido en 1906 como una de las obras para el primer Centenario de la República de Chile, por iniciativa de Alejandro Bertrand Huillard (padre de Julio Bertrand, Palacio Bruna) considerándolo prolongación armónica del Parque Forestal. El proyecto lo materializó Pedro E. Wieland, jefe de la Oficina del Plan de Santiago. La idea era mantener y aumentar los parques a lo largo del río Mapocho, paralelos a las costaneras.

 

Hacia 1940, fue bautizado como Parque “José Domingo Gómez Rojas” nombre del poeta ex alumno de Derecho. No era una decisión casual. En 1938 se había inaugurado la Facultad de Derecho (Pío Nono Nº 1) frente al parque, el cual le proporcionaba no sólo una digna perspectiva sino también un eje armonioso.

Ahora, la Facultad de Derecho, espléndida construcción del arquitecto Juan Martínez Gutiérrez, acaba de ser reconocida como Premio Obra Bicentenario por su arquitectura y emplazamiento, conjunto que lo convierte en uno de dieciocho los modelos urbanos de los últimos cien años. Durante la ceremonia de entrega del Premio Obra Bicentenario se destacó su emplazamiento en uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad, su diseño y su envergadura. Juan Martínez es el gran constructor, además, de edificios tan importantes como el Pabellón de Chile en la Exposición Universal de Sevilla, España, 1927; la Facultad de Medicina, el Templo Votivo de Maipú, y la Escuela Militar.

 

José Domingo Gómez Rojas es una de los poetas más entrañablemente vivos en la memoria de nuestro país. Nació en Santiago el 4 de agosto de 1896. Alumno de la Facultad de Derecho, se matriculó también en el Instituto Pedagógico para seguir Castellano.

 

Colaboró en “El Cristiano”, órgano oficial de la Liga Metodista Episcopal de la Costa del Pacífico. Publicó su primer poemario, “de marcada índole acrática”, Rebeldías Líricas (1913), como dijimos, con el pseudónimo de Daniel Vásquez. Según el crítico y antologador Julio Molina Núñez, era un talento precoz, “original y único”, además de “un visionario de misteriosas cosas ultraterrenas” como afirmó en su comentario de Selva Lírica. Los rasgos característicos del joven poeta eran la claridad y la concisión. El crítico halló en sus poemas breves o “micropoemas” como entonces fueron llamados, “ideas trascendentales expresadas con un bello esplendor que aparece realzado por la aristocracia de su estilo”. Una muestra es éste, tan famoso, conservado vivo en la imaginaria colectiva:

 

"La juventud, el amor, lo que se quiere

han de irse con nosotros, ¡Misere!

La belleza del mundo y lo que fuere

morirá en el futuro:¡Miserere!

La tierra misma lentamente muere

con los astros lejanos: ¡Miserere!

Y hasta quizás la muerte que nos hiere

también tendrá su muerte: ¡Miserere!"

 

Gómez Rojas combinaba los estudios con trabajo y actividad social. Fue secretario de una importante entidad sindical de la época: la Asociación de Trabajadores Industriales del Mundo, más conocida como la IWW,  llamada por los obreros la "I Doble U", iniciales en inglés de esa asociación obrera.

 

El año de 1920 fue fundamental en la historia del siglo pasado, por corresponder a la gran etapa de unión estudiantil y obrera. Las reuniones de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional se realizaban en el Club de Estudiantes, en la primera cuadra de Ahumada, con los trabajadores en resistencia de sindicatos diversos como el de estucadores; la Unión de los Laboradores en Madera; los profesores, obreros, artesanos, veguinos, vendedoras de pescado frito. El destacado estudiante Juan Gandulfo era el  secretario de la confederación anarquista de trabajadores: la IWW (Industrial Workers World) y presidente de la Federación de Estudiantes, organismo que dio vida a la Universidad Obrera donde se fundó una valiosa biblioteca; ambas funcionaban en el Club de Estudiantes.. A Gandulfo le dedicó Pablo Neruda su “Crepusculario”.

 

Vastos sectores populares temían se le quitara el triunfo a Arturo Alessandri, presidente electo con gran apoyo popular, se echó a correr el infundio de que su candidatura había sido pagada con oro peruano. Ladislao Errázuriz, el ministro de la Guerra, hizo mandar conscriptos al norte, a las fronteras con el Perú y Bolivia. Los representantes del poder no querían oír a los estudiantes, empeñados en demostrar la mentira de que los peruanos estaban movilizados, todo pretexto para no reconocer el triunfo de Alessandri. Don Ladislao pretendió anular la movilización popular anunciando un presunto peligro de invasión de nuestros vecinos del norte y llamó a movilizar las tropas. El propio presidente Sanfuentes fue a despedir a los soldados, entre los cuales se hallaba un hijo suyo, y esa marcha pasó ante la Moneda para seguir hacia la Estación Mapocho.

 

El 31 de julio de 1920, se realizó una gran manifestación de obreros y estudiantes por la paz, contra la guerra con Perú. Comenzó la acción represiva y muchos se refugiaron en el local estudiantil. Los acorralaron. Entre los detenidos estaba José Domingo. El local estudiantil fue forzado, destrozado, saqueado y los libros quemados. A los estudiantes, acusados de subversivos, vendidos al Perú y traidores, los obligaron a arrodillarse y besar la bandera en plena vía pública.

 

El ministro José Astorquiza Líbano no pudo soportar la actitud digna de Gómez Rojas en los interrogatorios, lo halló demasiado altivo y lo hizo encerrar en la Casa de Orates y someter a diversos castigos, entre ellos el de hacer inundar su celda. Según la versión de un portero de ese establecimiento, el estudiante se volvió loco por las torturas. Sacaba unas fuerzas terribles, se desgarraba la ropa, se destrozaba su propio cuerpo. Los enfermeros intentaban calmarlo lanzándole baldes de agua, luego lo golpeaban hasta verlo caer sin sentido. También se dijo que sufrió una meningitis y la fiebre lo hacía desvariar, padecimiento que fue tomado por locura. El joven se mató la noche del 29 de septiembre. Apenas había cumplido los veinticuatro años. Su muerte causó conmoción. Las industrias se paralizaron y todos los trabajadores salieron a la calle. Formaron interminable cola para ver su ataúd: iban a rendirle el último homenaje cuando lo velaban en la Federación de Estudiantes.

 

Cien años después de su muerte apareció “José Domingo Gómez Rojas. Vida y Obra” (compilación de Fabio Moraga y Carlos Vega, Editorial Atelí, Punta Arenas,1997) ofreciendo lo escrito, buena parte inédito, del notable representante de la vanguardia literaria, exponente del modernismo, en la huella que marcó Rubén Darío. No les fue posible ubicar los manuscritos de la novela De mar a mar ni las piezas teatrales ¿Ha muerto el amor?, El vino triste, drama estrenado en el Teatro Coliseo, y Los emigrantes, cedido a González Vera. Hay manuscritos, lo publicado en la cárcel, la “Opera Omnia”, texto extraviado que los compiladores hallaron en el Archivo Andrés Bello de la Universidad de Chile, dentro del legado de Pablo Neruda a la Universidad.

 

La vida, pasión y muerte de Gómez Rojas inspiraron a dos de nuestros premios nacionales de literatura: el elocuente testimonio de José Santo González Vera en Cuando era muchacho y Manuel Rojas lo convirtió en el protagonista de La oscura vida radiante.

 






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 Referencia
Virginia Vidal.  "No destruir el Parque “José Domingo Gómez Rojas” ni borrar la memoria del poeta."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   30 de Septiembre de 2009.
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