Es una maravilla que la estupenda agrupación de médicos-poetas que conforman el Grupo Sueños y la Cofradía de la Casa de los Poetas hayan querido presentar “Hormiga pinta caballos” (RIL 2006) y, sobre todo, rendir homenaje en Rancagua a un barco que pobló los sueños de hombres y mujeres sobrevivientes de una guerra atroz para materializarlos en nuestro país. Han pasado setenta años y el “Winnipeg” sigue vivo en la memoria y se torna mágico como el mítico Caleuche.
El "Winnipeg" es el fruto de una ocurrencia portentosa de Pablo Neruda y Delia del Carril. Después de la guerra civil, los españoles que pasaron a Francia fueron metidos en campos de concentración. Al vate se le ocurrió traer a Chile a todos los que se pudiera, justo cuando se vivía en pleno y siniestro ambiente bélico. Consiguieron permiso de nuestro gobierno, se fueron a Francia, buscaron e hicieron adaptar el barco para transportarlo, organizaron la venida y llegaron dos mil cincuenta españoles nada más que con lo puesto a iniciar una nueva vida... Este es un suceso asombroso, único en el mundo. Obra poética.
El 4 de septiembre de 1939, esos dos mil cincuenta españoles arribaron con más esperanzas que equipaje a un mundo nuevo. Iban a empezar otra vida dejando atrás todo, salvo los recuerdos de la trágica guerra civil.
Tanto tiempo transcurrido y aún causa asombro la proeza surgida de la iniciativa del poeta y de su mujer.
Del papel que ella jugó en esta grandiosa epopeya algo testimonió Rafael Alberti, aunque no diera una cifra exacta:
“Después de la guerra civil española y de la expedición organizada por Pablo, del ‘Winnipeg’, nave que transportó a más de tres mil soldados (combatientes de la república española), casi todos especializados en la pesca, sacados de los campos de concentración franceses, ya el camino directo de Pablo Neruda hacia el Partido Comunista se le aclaró y se precipitó hasta ingresar en él, culminando su entrega total en el llegar a ser elegido senador por dicho partido. Entonces ya era Delia reconocida por todos como la Hormiguita, alcanzando por su fervor político, su claridad, dinamismo y gran entusiasmo a merecer ser llamada cariñosamente “El ojo de Molotov” o, abreviadamente, “El Ojo de Molo”.
Imposible olvidar las palabras que me dijo Delia, la Hormiga, cuando habló por primera vez sobre el suceso en una entrevista. Se refirió a las enormes dificultades que se le presentaron a Neruda para lograr el arribo del ‘Winnipeg’ a Chile. Tantas que creyeron era imposible se lograra el éxito de la iniciativa.
Entrevisté a Delia después que Neruda recibió el Premio Nobel para la revista “Hechos mundiales”, un reportaje que titulé “Neruda en el corazón”. Era la primera entrevista que concedía después de la separación definitiva. También fue una de las muchas conversaciones en que se basa este libro que lleva el nombre de “Hormiga pinta caballos”
Delia recordaba que todo nació cuando de vuelta a Chile, en 1937, ella venía por primera vez y aquí fue muy bien recibida. Él había cumplido sus funciones de cónsul en España. No estaban tranquilos porque eran terribles las noticias que les llegaban sobre la situación de los refugiados españoles metidos en campos de concentración en Francia. Entonces empezaron a discurrir, qué se podía hacer.
En una comida ofrecida a ella y a Neruda, asistió don Pedro Aguirre Cerda. El poeta aprovechó la oportunidad para conversar con él y le pidió que lo mandara a Europa a organizar la emigración española.
Delia me dijo: “Don Pedro aceptó la idea de organizar la venida de los españoles, pero parece que creyó que Pablo sólo tenía deseos de ir a divertirse a París.”
Retornaron a Francia, él como Cónsul Especial para la Inmigración Española y comenzó la admirable organización del viaje que antes habían imaginado juntos. Se creó el SERE, Servicio de Evacuación para los Refugiados Españoles.
“Allá, Pablo trabajó con un entusiasmo impresionante –afirmó Delia-. Me abismaba que alguien pudiera tener tan increíble espíritu de organización. Recibíamos infinidad de solicitudes que revisábamos con el mayor cuidado. Al fin, Pablo formó equipos completos de obreros como para montar varias industrias. Es así como en el solo rubro de barcos estaban desde los constructores hasta los que hacían las redes. Otro equipo era el de los expertos en todos los ramos de la industria del papel…”
Se borró de la cara de Hormiga la suave sonrisa de esos recuerdos para endurecerse y recordar algo que nunca había dicho:
“Cuando Pablo ya tenía todo organizado y la gente esperaba con impaciencia, el gobierno de Chile empezó a poner dificultades. Entonces Pablo fue terminante: “Si el barco no sale, me suicido”... Yo sé lo que es esa determinación trágica, y él estaba decidido.”
(Esa frase tan escueta de la Hormiga correspondía al más doloroso de sus recuerdos: el suicidio de su padre.)
El gobierno chileno advirtió la inexorable determinación de Neruda: era una cuestión de honor, significaba que debía cumplir o morir.
Al fin, llegó la autorización y es así como zarpó el viejo carguero“Winnipeg’ la madrugada del viernes 4 de agosto desde el puerto de Trompeloup-Pauillac, en el estuario de la Gironda, cerca de Burdeos.
Más tarde, Pablo recibiría una carta de don Pedro Aguirre Cerda donde le agradecía la magnífica gente española que había enviado...
Delia y Neruda se vinieron a Chile por el Canal de Panamá. Al poco tiempo, Pablo fue designado cónsul general en México.
Del aporte que realizaron estos nuevos ciudadanos chilenos se sabe bastante, pero aún queda mucho por decir. Esa humanidad española proliferó como un gran árbol cuyas ramas florecieron en la industria, la agricultura, la pesca, la gráfica, las artes.
Al compararla a un árbol, recuerdo algo poco conocido: uno de esos españoles trajo unas bellotas del árbol de Guernica y después las sembró en lo alto del cerro San Cristóbal, Allí brotaron. La sagrada encina centenaria que sobrevivió al infame bombardeo nazi ya murió, pero sus retoños siguen vivos en lo alto de este cerro tutelar.
Al poner énfasis en la participación de Delia del Carril como cogestora de la iniciativa del “Winnipeg”, pensamos en el conocimiento profundo que tenía de Francia y su sociedad. Ella había estudiado allá cuando niña, más tarde tuvo como maestros de pintura a grandes artistas franceses como André Lothe y Fernand Léger; estaba integrada al mundo artístico y literario. Todos sus valiosos contactos los puso al servicio de la idea.
Cuando Neruda llegó como cónsul a España, Delia ya estaba plenamente integrada a la vida de España, dirigía los coros obreros, trabajaba como traductora para los republicanos e integraba esa rica congregación de poetas y artistas donde se contaba a Miguel Hernández. Alberti, García Lorca. Ella se entregó con alma y vida a la causa republicana.
En cuanto a “Hormiga pinta caballos”, puedo decir que es el tanteo para aventurarse en la historia y el mundo de la gran artista que fue Delia del Carril, una mujer nacida por su propia voluntad a una nueva vida a los setenta años de edad. Se sobrepuso a la soledad, a la invalidad, a los achaques inseparables de la vejez y creó con un vigor que asombra sus enormes caballos al carbón, sus grabados en metal. Esa vida suya trasciende las lindes individuales y nos obliga a penetrar en otros ámbitos donde ella dejó su memoria. Fue la querida, la amada amante hasta que se dedicó por completo a manifestar el mundo que llevaba adentro. Mujer universal, nos obliga a vincularnos con el acontecer cultural del siglo XX y queda indeleblemente unida a cuanto ocurrió a partir de los años cincuenta en nuestro país.