Anaquel Austral 
 
 Actas
 Nacional
 Internacional
 Realidad
 
 Publicaciones
 Ensayos
 Crónicas
 Entrevistas
 
 Memorial
 
 Catastro
 Ensayos
 Novelas
 Cuentos
 Entrevistas
 Micrónicas
 Relaciones
 Biografía
 
 Poesías
 Apuntes
 Poemas
 El Poema
 
 Epistolarios

Página Anterior Página Principal Buscar Archivo Correo del lector
Internacional
Secciones
Publicaciones
 
“¡Háganme Callar!" de Mónica Echeverría Yáñez
Un chilote en la guerrilla
Heikki Hiilamo, La ruta finlandesa.
Luisa Michel, combatiente de la Comuna de París
Tragedia periodística y terrorismo internacional
#je suis... chilien
Exigimos encontrar a los cuarenta y tres normalistas
¡No importamos el conflicto... El conflicto nos importa!
Sobre el artículo de la compañera Clarisa Hardy
Polémica en la Feria del Libro chilena según © Estandarte.com

Actas : Internacional

Versión impresora


Tren de la Cultura en Barcelona
Virginia Vidal

 

 Al conjuro de la Casa Amèrica de Cataluña *, un tren fantasma y algunos de sus pasajeros surgen del pasado. El tren avanza sonoro traspasando capas de tiempo y de olvido.

 

A cien años del nacimiento del Dr. Salvador Allende, se conmemora una de sus admirables iniciativas aquí en esta Casa. Yo no lo podía creer cuando me llegaron los primeros correos: a treinta y ocho años de distancia aquí se rendiría homenaje a una actividad que ahora parece un sueño.

 

Mandar un tren con artistas a recorrer buena parte del territorio fue la primera acción cultural de Allende al iniciar su gobierno. En Chile no lo hemos recordado como es debido.

 

Don Alonso de Ercilla dice en “La Araucana”:

“Es Chile norte sur de gran longura, costa del nuevo mar, del Sur llamado, tendrá del este a oeste de angostura cien millas, por lo más ancho tomado; bajo del polo Antártico en altura de veinte y siete grados, prolongado hasta do el mar Océano y chileno mezclan sus aguas por angosto seno”.

Este país de gran longura se extiende en una orilla de América Latina de tal modo que Breton lo llamó “oruga de mariposa lunar”. Tiene unos ocho mil km de largo, no más de cuatrocientos de ancho y dos millones de km cuadrados, Inmenso país para una población de unos quince millones de habitantes. Inmenso y rico, tanto, que su riqueza permitiría a todos sus habitantes vivir como príncipes.

 

Tal configuración mantenía aislados a muchos, lejos de las grandes ciudades, marginados, con dificultades enormes para comunicarse, viajar y transportar sus productos, por eso el visionario presidente José Manuel Balmaceda (1840-1891) le proporcionó una formidable red de ferrocarriles materializando una indiscutible idea de progreso. Balmaceda quiso la riqueza minera para beneficio de todos. Los dueños de El Mercurio y la oligarquía le hicieron la guerra civil y lo arrastraron al suicidio.

 

Allende admiraba a Balmaceda. Decidió usar los trenes como vehículo de la cultura, para darles a los habitantes de los más apartados rincones lo más bello de las artes escénicas, complementadas con la literatura y las artes plásticas. Esta iniciativa correspondía a la medida número cuarenta de su programa: Crearemos el Instituto Nacional del Arte y la Cultura y Escuelas de formación artística en todas las comunas”.

 

El Tren salió de la Estación Central de Santiago  el 15 de febrero de 1971 hasta Puerto Montt y regresó a Rancagua el 16 de marzo. Recorrió más de mil km de la zona agrícola, ganadera y minera más poblada del país visitando ciudades y llegando a reductos de pueblos originarios, a las minas del carbón, a apartados villorrios.

 

Tan maravillosa iniciativa no la he olvidado nunca y la he recordado en diversos escritos sobre Allende y sobre ese período. Por ello, cuando recibí la información de Casa América sobre el acto conmemorativo que habían organizado, sentí una emoción indescriptible: se iba a rememorar el trayecto de un tren con su carga de artistas y de sueños.

 

Por desgracia, fueron vanos los intentos de localizar a alguno de los empleados de Ferrocarriles de esa época. Hace poco, me reuní con Nahúm Castro, el director de FFCC designado por Allende, que a más de ser torturado, sufrir prisiones y exilios, vio cómo la dictadura destruía todo el sistema ferroviario nacional.

 

¿Qué impresión tuvieron los mapuche, los mineros del carbón, los campesino del Vergel al oír por primera vez en sus vidas alguna pieza de Vivaldi, Bach o Manuel de Falla? Tal vez, la misma de un recién nacido cuando oye su primera música. En sagrado silencio esos compatriotas escuchaban a los concertistas en guitarra Eulogio Dávalos y a Miguel Ángel Cherubito, quienes, vestidos de gala, interpretaban a los maestros, mientras todos los habitantes del poblado se congregaban a su alrededor.

 

Recuerdo las lágrimas de hombres aguerridos que veían llegar el tren a su estación. Recibían con cariño y respeto a los artistas.

 

Después del concierto, se producía un alegre intercambio de opiniones. El programa también incluía música popular de destacados intérpretes de la Nueva Canción Chilena, como Rolando Alarcón. Y también  Enrique San Martín y Nano Acevedo, aquí presentres. Poco a poco comenzaba la animación para el baile.

 

Recuerdo a Pedro Villagra y demás actores complementados con la gracia de la danza de Rayén Méndez y Fernando Cortizo. Llegaban a una bocamina, villorrio o reducto y entraban en confianza con los lugareños que les contaban problemas, conflictos, dificultades. Comenzaba la representación teatral y los actores los representaban con sus vidas y necesidades provocando asombro y alegría. Muchos interpretados hasta pensaban que los actores eran brujos que adivinaban su realidad.

 

Esta conglomerado de seres sabios, alegres y responsables daba inicio a la participación activa del pueblo en la acción cultural. Se improvisaban escenarios y en algunas ciudades se aprovechaban los de los teatros existentes. Acudían poetas, escritores, cantautores a incorporarse a esta magnífica caravana aportando sus propias creaciones. Madres, padres, niños del pueblo, se integraban, orgullosos de sus artistas. Los conmovía la calidad, la ausencia de chabacanería. Sentían que se les ofrecía lo mejor. Era lo que se merecían.

Imposible evocar tan rica experiencia en breves instantes. El Tren y sus pasajeros eran portadores de la maravilla organizada y comprometida con amor a su pueblo.

Nadie mejor que Neruda, hijo de un obrero ferroviario para evocar ese mágico conjunto de locomotora y vagones

:

“Oda a los Trenes del Sur” (Fragmento)

Oh tren explorador de soledades,

cuando vuelves al hangar de Santiago,

a las colmenas

del hombre y su cruzado poderío

duermes tal vez por una noche triste

un sueño sin perfume,

sin nieves, sin raíces,

sin islas que te esperan en la lluvia,

inmóvil entre anónimos vagones.

Pero yo, entre un océano

de trenes, en el cielo de las locomotoras,

te reconocería por cierto aire

de lejos, por tus ruedas

mojadas allá lejos,

y por tu traspasado corazón que conoce

la indecible, salvaje, lluviosa,

azul fragancia!

 

Por esta iniciativa y su materialización, agradecemos a Antoni Traveria, director general de la Fundación Casa Amèrica de Cataluña, y a todo su personal. Esta importante entidad fue fundada hace casi un siglo: en 1911.

Barcelona, 29 de enero de 2009

*Casa Amèrica  programó para el 29 de enero:Raíces y contexto del Tren Popular 19 hrs. El Tren Popular dentro del marco del gobierno de la Unidad Popular. Ecos de una política cultural sensible a las necesidades y carencias del pueblo”. Según el programa, intervinieron Francesc Monserrat,  Gestión Cultural, el periodista Pierre Kalfon, (condecorado con la Orden B. O’Higgins) y Virginia Vidal. En la siguiente jornada  del día 30 sobre las experiencias artísticas, intervinieron Nano Acevedo, Enrique San Martín, el maestro Eulogio Dávalos y Edmundo Herrera.

 

http://www.diariometro.es/es/article/efe/2009/02/04/814005/index.xml

 






Subir
 Referencia
Virginia Vidal.  "Tren de la Cultura en Barcelona."  Anaquel Austral. Ed. Virginia Vidal. Santiago : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.    9 de Febrero de 2009.
 <   >
© Derechos Reservados