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La Cuestión de la Unidad de la Izquierda (En Chile)
José Leiva

 

Compañeros de un colectivo me pidieron que escribiera un artículo con el tema “la unidad de la izquierda”. Esa petición también se la hicieron a otros colectivos y, lo más probable, a otros compañeros que por su parte podrían aportar en esta cuestión que tanto agobia a los revolucionarios. Por razones, precisamente de la unidad, acepté escribir una opinión, ya que una negativa se podría considerar un agravio o síntoma de arrogancia y de ninguna manera quisiera demostrar o aparentar algo semejante. Hubiera preferido que ellos mismos escribieran algo y lo pusieran a disposición para debatirlo, a que se escriban una serie de opiniones sobre el mismo tema. Metodológicamente hubiera sido más apropiado para intentar resolver el problema de la dispersión.

 

Como en cualquier disciplina científica, ante un problema determinado, se plantea una hipótesis y ésta se ejecuta o pone en práctica —se experimenta— para confrontar su certeza obviamente con el objetivo de resolverlo. Es lógico que puedan surgir una o varias hipótesis más, pero sobre la base de mecanismos determinados —la más común es la votación— se escoge una. Si la práctica demuestra error de la hipótesis (su falsedad), entonces se elabora una nueva, aprovechando las lecciones extraídas del experimento, o se escoge de las ya elaboradas y se repite el ciclo.

 

Si consideramos la política desde una concepción científica, deberíamos proceder de la misma forma. Ante cualquier problema, lo más acertado sería escoger al más apto, al que consideremos más capaz en dicha cuestión para que elabore una hipótesis o tesis política al respecto. Pedir en general a todos los implicados la elaboración de hipótesis significa alargar los procesos o, en última instancia, ni siquiera aproximarse a resolver el problema. Como no me siento el más ducho en la materia, hubiera preferido aportar sobre una propuesta ya hecha aunque considero es responsabilidad de todos dar sus opiniones y puntos de vista sobre la propuesta.

 

Mi primera observación para resolver el problema de la unidad de la izquierda, sería la cuestión metodológica. Entrando de lleno a la sustancia y para no escabullirnos en metodologías, vemos que la izquierda chilena está dividida en más de cuatrocientas organizaciones, colectivos, agrupaciones, partidos y otros tipos de asociaciones voluntarias con características políticas, desde el Partido Comunista —incluso se podría considerar a partidos o sectores de éstos en la Concertación— pasando por la Fuerza Social, Humanistas, IC, PCAP, frentes de todos tipo, lo mismo movimientos, organizaciones híbridas que partieron con reivindicaciones sociales ocupando cada vez más posturas políticas, hasta grupos anarquistas de las más variadas índoles. Mencionarlos a todos abarcaríamos unas cuantas páginas. Esto es lo real, es lo concreto y existe por el momento, al margen de nuestra voluntad. Lo común de todas estas organizaciones o entidades es su postura antineoliberal, antiimperialista y en pro de un mundo mejor. Evidentemente no es suficiente. ¿Por qué? ¿Qué más hace falta?

 

Según la tesis de que la conciencia social es producto de las relaciones sociales generadas por el modo en que se producen las mercancías, veamos —a grandes rasgos— cómo se genera la producción de mercancías en Chile, como está distribuido el PIB (Producto Interno Bruto, o sea lo que produce el país), cómo la población está relacionada con él.

 

 

 

Voy a entregar algunos datos que pueden no ser muy exactos, la variación no es significativa, pero sirven para el planteamiento que hacemos.

-   La gran empresa (cobre, madera, pescado) constituye alrededor del 1.7% del total de la empresas. El resto, o sea el 98.3% conforman las MIPYME (micro, pequeña y mediana empresas).

-   La gran empresa produce alrededor del 83% del PIB —Felipe Lamarca dice que el 90%— y las MIPYME el 17%.

-   La gran empresa abarca al 20% de la fuerza laboral y las MIPYME al 80%.

 

Sin pensarlo mucho, uno llega a la conclusión que la mayoría de la población, alrededor del 80%, no tiene mayor incidencia en la producción del país. También concluye que esa mayoría de la fuerza laboral trabaja y en muchos casos es dueña mayoritaria del 98.7% de las empresas. Dentro de éstas hay considerar desde el lustrabotas o dueño del carro manisero que se considera empresario, hasta medianas empresas hasta con cientos de trabajadores asalariados. La diversidad de “empresas” es tan variada y numerosa que mencionarlas ocuparía unas cuantas resmas de papel; lo mismo, escribir una serie de opiniones al respecto. No es la idea de este artículo, apenas lo mencionamos para señalar la fragmentación laboral y la diversidad de intereses y necesidades de la mayoría de la población. Incluso por ramas de trabajo, por profesiones, los intereses se diferencian.

 

Estos índices reflejan como el modelo neoliberal globalizado prácticamente ha acabado con la sindicalización. En la década de los 60, y principio de los 70 del siglo XX, el 80 a 90 por ciento de los asalariados estaba afiliado a alguna organización sindical. Hoy, según la OIT, sólo el 12% está agrupado en sindicatos. La Central Unida de Trabajadores (CUT) abarca como el 5% de éstos y tiene capacidad para la negociación colectiva de cerca del 8% de los trabajadores asalariados.

 

Entonces como segunda observación apreciamos que la concentración del capital, la monopolización de las empresas, la globalización neoliberal ha generado una gran masa de trabajadores sin mayor incidencia en el PIB, muy fragmentada en lo laboral y que no está organizada sindicalmente.

 

Además se puede concluir de estos mismos datos que los intereses y necesidades de los trabajadores también se han diversificado enormemente, a diferencia del tiempo de la Unidad Popular, donde un gasfiter de Arica tenía en general —digo en general porque necesidades particulares están determinadas por el entorno donde viven— los mismos intereses que uno de Punta Arenas. La centralización tanto laboral (ej: el salario se determinaba a nivel de gobierno) como organizacional, permitía la unidad también en la lucha por sus reivindicaciones. Ahora un gasfiter de una comuna tiene intereses y necesidades diferentes de uno que puede ser incluso vecino: un gasfiter puede tener su localcito de gasfitería, otro trabajar para una empresa contratista y otro ser de planta dentro de una empresa. Todos hacen la misma labor, pero perciben salarios diferentes, tienen previsiones diferentes y tienen visiones diferentes de la realidad. Esto también implica que se van asociando en grupos o colectivos donde los intereses y necesidades son afines.

 

Una tercera observación sería la fragmentación de la conciencia social y de la asociación en instancias organizativas basándose en el rol que ocupan ante los medios de producción.

  

Los partidos políticos de izquierda.

 

Desde los años 30 del S. XX el principal partido de izquierda, por tamaño e incidencia en la vida política, fue el comunista y probablemente aun lo sea. Concibió una concepción de la revolución chilena fundamentada en que el carácter de la misma debía ser antioligárquico y antiimperialista para crear las bases de la construcción del socialismo. Se planteó agotar la etapa democrático burguesa. Esta concepción es la que primó hasta la victoria electoral que llevó a la Unidad Popular al gobierno. En este proyecto se sumaron todas las fuerzas de izquierda con excepción del MIR que teóricamente, por principios doctrinarios, previó la “sublevación” de los sectores burgueses.

 

Entonces la izquierda la conformaban el PC, PS, MAPU, PR, IC, MIR y unos cuantos grupos menores. La mayoría de la población estaba organizada sindicalmente, en gremios, juntas de vecinos u otro tipo de organización social. La incidencia de los partidos políticos en la vida social fue casi total; existía una profunda cultura y conciencia política sobre todo en el trabajador urbano, proletario. Con las transformaciones sociales llevadas por el gobierno de la UP, en especial con la reforma agraria, se llegó a elevar la conciencia política en el sector rural y pueblo mapuche.

 

La cuarta observación incide en que la mayor unidad de la izquierda lograda en Chile se debió a una propuesta perseverante y a una concepción que predominó logrando aglutinar a la mayoría del pueblo a su alrededor (pueblo y no gente, pueblo como masa pensante y participante y no como conjunto representativo elitesco que segrega a la mayoría). Esta concepción quedó truncada y derrotada con feroz golpe militar. No solamente diezmaron a los partidos políticos, aniquilaron sus direcciones, asesinaron e hicieron desaparecer a brillantes dirigentes sino también acabaron con el mundo sindical y campesino; sin discriminar, ultimaron a todo dirigente social que capturaban. Cuadros dirigentes que se formaron a lo largo de decenios desaparecieron del mapa, lo cual dejó prácticamente sin orientación a las masas trabajadoras.

 

La dictadura aprovechó su carácter represivo para experimentar con las últimas teorías del capitalismo e instauró el modelo neoliberal que todos ya conocemos a la perfección. Hizo ajustes que prácticamente acabó con la industria nacional y empezó a privatizar todo lo que había nacionalizado y expropiado el Gobierno de la UP, como también todo lo que había nacido como iniciativa y propiedad estatal. Transformó a Chile de un país industrial en uno, principalmente, extractor y exportador de materias primas. En consecuencia, se generaron condiciones para la pequeña producción que el mismo modelo propulsaba. Con todo esto se condujo a la fragmentación laboral que hoy conocemos.

 

Como quinta observación, percibimos que la derrota de un proyecto de consecución del poder político, el aniquilamiento de los partidos y sus direcciones, la desmoralización y desperdigamiento de los militantes; las transformaciones en el campo económico y con ello las nuevas leyes laborales y la pérdida de los derechos adquiridos; el descabezamiento de las organizaciones sociales han sido los factores principales del debilitamiento político e ideológico de la izquierda.

 

Aunque no es lo central del tema analizado, no puedo dejar pasar que hubo oportunidades durante la dictadura para remontar esta situación. Una de ellas fue la impulsada por el MIR a principios de los 80 del siglo pasado para desarrollar un foco guerrillero en Neltume y Nahuelbuta. La catástrofe de Neltume desmoralizó a la dirección y fue desechado ese proyecto. Estoy convencido de que si hubieran persistido en el tiempo, otros sectores se le hubieran sumado. A mitades de esa misma década, el PC planteó la política de Rebelión Popular y sublevación nacional pero a poco andar también la desecharon. El FPMR, a destiempo, lanza la GPN pero ya las condiciones habían cambiado radicalmente de modo que llevaron a no seguir implementando esa política. Lo común de todas esas propuestas era solo acabar con la dictadura y no se plantearon como una alternativa al sistema. En esas condiciones, la DC, el PS y otras fuerzas antidictatoriales con características capitalistas hegemonizaron la lucha y llegaron a componendas para mantener el modelo y realizar una transición a la “democracia” con venia de EEUU.

 

La sexta observación constata que llevamos diecisiete años en esta democracia sin una propuesta de izquierda, de alternativa al modelo, que contemple un programa de gobierno coherente y una concepción de lucha que una a la izquierda. La concertación y la derecha desarrollan una feroz y constante campaña mediática alienando a nuestro pueblo. No obstante, frente a las injusticias, a los problemas sociales de la población y en el curso de la lucha reivindicativa se generan movimientos sociales que ponen a temblar al gobierno, tal es el caso de la movilización de los estudiantes que repudiaron la LOCE, impuesta por Pinochet veinticuatro horas antes de la asunción del mando de Patricio Aylwin.

 

Conclusiones.

 

Para unir a todas las organizaciones de izquierda hay que pensar en una propuesta que abarque los intereses y necesidades del conjunto de nuestro pueblo. Desde los intereses del pueblo mapuche, abarcando a los ecologistas, a los sectores discriminados, explotados, oprimidos, hasta los sectores empresariales medios. Es necesario pasar por encima de los propios intereses para asumir los de todo nuestro pueblo. Así como Engels desfalcaba la empresa de su padre para pasarle a Marx recursos que le permitieran desarrollar su magistral obra, las organizaciones de izquierda deben saber renunciar a sus intereses de grupo para abrazar a los del conjunto de nuestro pueblo. Consideremos que el mundo mejor que contenga las necesidades y sueños de todos, solo lo contempla el socialismo.

 

Las condiciones objetivas para el socialismo son cada vez mejores. La concentración de la producción, la globalización, la incapacidad del neoliberalismo para resolver los problemas sociales y la agudización creciente de los conflictos entre el imperialismo, las transnacionales y los intereses del pueblo latinoamericano. Sólo el socialismo puede incorporar al sistema como factor social la necesidad de un planteamiento programático para el 80 % de la fuerza laboral, la cual no es un factor esencial en la economía, pero sí representa a la mayoría de la población. El neoliberalismo sólo opera con categorías relacionadas con la acumulación del capital.

 

Se trata de adoptar una concepción de lucha que contemple todas las formas adecuándose a los momentos históricos que se estén viviendo. En algunos países de América Latina, el uso de las democracias representativas ha permitido hacer profundos cambios e incluso pasar a desarrollar las democracias participativas. Conviene considerar el desarrollo de asambleas populares ante cualquier conflicto social, en torno a las elecciones municipales que se avecinan e ir planteando y construyendo una propuesta revolucionaria.

 

 






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 Referencia
José Leiva.  "La Cuestión de la Unidad de la Izquierda (En Chile)."  Anaquel Austral: Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   10 de Diciembre de 2007.
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