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Realidad
Vidas truncadas por la dictadura
By Virginia Vidal
7 de Abril de 2016, 14:18


Por primera vez se considera a los hijos de los exiliados como víctimas del terrorismo de Estado impuesto por la dictadura a partir del 11 de septiembre de 1973. La socióloga Candelaria del Carmen Pinto Luna analiza en Vidas Truncadas (Impresiones Graficas Digitales Ltda. 2015) la experiencia sufrida por los niños expatriados junto a sus padres, su posterior retorno al país, el largo proceso de desexilio y las secuelas de su desarraigo. Se trata de los niños incluidos en el millón de chilenos que se vieron obligados a abandonar su país, según el Instituto Católico para las Migraciones, lo cual representa un 10% de la población chilena de la época; cifras corroboradas por el Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) en Santiago. El exilio chileno se esparció en todo el planeta.
Este trabajo de inmenso significado deja en evidencia que la defensa de los derechos humanos ha sido incesante, pero no ha dado a la infancia la trascendencia que se merece. Los hijos de presos políticos expulsados y exiliados en general, son espejos trizados que reflejan la tragedia de sus padres. Primero, supieron de allanamientos y prisión de los padres — muertos algunos—, cesantía de ellos, destrucción del hogar. Luego, la traumática partida forzosa. Debieron vivir un proceso de adaptación; en muchos países hubieron de aprender otro idioma; y cuando ya estaban incorporados al país de acogida, vino el retorno a Chile. Sobre todo, quienes volvieron entre 1984 y1989 —en el período llamado de ‘transición a la democracia’—, se vieron obligados a vivir bajo la misma dictadura que expulsó a sus padres del país. Otros llegaron entre 1990 y 1994 y descubrieron que a pesar de la salida del dictador, seguían reinando el miedo, la inseguridad y muchas formas de violencia y represión.
En 1992, un grupo de hijos de exiliados-retornados provenientes de Francia e insertos en el colegio Alianza Francesa, realizó una obra de teatro testimonial, creada por ellos mismos, a partir de experiencias absolutamente autobiográficas, titulada Vidas Truncadas en castellano y “Vies Tranchées” en francés. Es un relato que recoge la nostalgia, la adaptación, el dolor, la separación abrupta de su entorno familiar, de los amigos, como también la interrupción de destinos, la acumulación de vivencias dolorosas, quiebres y pérdidas de toda índole.
A cuarenta y dos años del golpe de Estado, Chile es el único en América Latina que mantiene una constitución establecida en dictadura. Mientras todos los países que vivieron regímenes dictatoriales, una vez producida la transición a la democracia, establecieron nuevos acuerdos políticos, aquí sólo se produjo la ratificación del sistema. La oposición a Augusto Pinochet se sometió a imposiciones de la dictadura, aceptó los amarres y aunque los consecutivos gobiernos de la Concertación intentaron realizar reformas, éstas han sido timoratas, con ausencia de participación popular y con fuertes imposiciones de la oligarquía.
Preferible refugiarse en la mudez
Las vidas de estos niños y adolescentes en el exilio transcurrieron entre un allá y un acá, entre Chile y el país de acogida, entre el país de sus padres y el país en el cual ellos crecieron o nacieron y donde se formaron. No lo vivieron como un drama, es lo que les tocó, pero tenían incorporada la diferencia: Claudio afirma: “me distinguía en todo, en la forma de hablar, me llamaban el gringo, fue una experiencia y una fatalidad; es lo que me toca vivir pensé, vamos para adelante no más. Cuando llegué acá, mucha gente apoyaba al régimen y no lo podía creer, ¿no saben lo que pasó? me preguntaba”. Algunos sienten que el retorno es el inicio de su propio exilio o la conciencia de no ser de acá ni de allá.
En pocas palabras dicen mucho, se trata de una elocuencia espeluznante. Michelle decidió no hablar más, ser muda: “dejé de hablar por mucho tiempo para que no notaran mi acento y no tener que mentir en torno a mi padre. Después de ir de colegio en colegio, llegué al Liceo Latino Americano, ese mismo año tres profesores fueron degollados”.
El secuestro y posterior degüello, a la puertas del Colegio Latino Americano, del profesor Manuel Guerrero, inspector de ese plantel, del artista visual Santiago Nattino y del sociólogo José Manuel Parada, jefe del departamento de análisis de la Vicaría de la Solidaridad, crimen perpetrado por Carabineros en 1985, marca de manera feroz a los escolares.
Jerónimo refiere: “Una semana después de mi llegada, ese once de septiembre hubo tres muertos. Pinochet tenía todo el poder que quería. Fue súper traumático enfrentarse a una situación que no era la que uno esperaba. De afuera se veía como que la lucha era del conjunto del pueblo para derrotar a la dictadura y te das cuenta que la mitad de la gente votó por mantener el sistema”.
Sara resume con pocas pero muy claras palabras: “finalmente mirando hacia atrás, es el mismo movimiento pero a la inversa de lo que vivieron los papás, llegar a un país que no conoce, que no eligió”.
Los padres transfirieron una parte de su destino de exiliados a los hijos y ellos no han sido ajenos al compromiso adquirido por los padres en pro de un mundo mejor, se ampliaron sus horizontes, pero no han podido evitar el sentimiento de profunda injusticia y frustración al momento del retorno y de amarga constatación de que no solo los padres sino también la mayoría de los habitantes de nuestro país sobrelleva la carga de violencia y pérdida de esperanza en una vida más digna y un mundo mejor.
Esos hijos compenetrados con la historia de sus padres, aun cuando no todos estén comprometidos políticamente en el sentido de militancia partidaria, se sienten herederos de una cultura humanista, de tolerancia, de respeto a la diversidad en sus múltiples facetas, de respeto por los derechos humanos, de solidaridad con las luchas actuales y el empeño por conquistar una sociedad más justa, como es el caso, por ejemplo, de la lucha de los estudiantes, donde participan muchos nietos de exiliados.
Ellos aportan en todos los ámbitos: el arte, la escritura, la defensa de los derechos de los trabajadores, la defensa del patrimonio, el rescate de la memoria, la educación, la lucha por los cambios por los cuales sus padres lucharon y, como dice Ismael: “Porque aquí empezó todo, la historia de nuestros padres que se comprometieron con el gobierno de la Unidad Popular, que abrazaron la causa de los más necesitados”.
Muchos han vivido lo mismo que Ana: “cuando llegué a Chile echaba de menos a mis amigos, que eran todos africanos. Pero volví a vivir allá y me quise volver a Chile. Con el paso del tiempo, y sin caer en nacionalismos baratos, uno se va chilenizando y va ‘cachando’ la cultura. Ahora miro Francia con otros ojos, agradezco la oportunidad, pero mi interés está acá. Hay una energía que me llama mucho la atención y quiero que mi hijo la viva y la sienta”.
La socióloga Pinto Luna ha abierto un importante camino para avanzar y profundizar en los múltiples aspectos y consecuencias del exilio y el retorno en los hijos de los exiliados.


Revista Punto Final N° 848. 1° al 14.04.2016

  Publicado: 7 de Abril de 2016, 14:18 Subir © Copyright 2005 - Anaquel Austral