Carta abierta
Santiago, marzo de 2008
Señora
Michelle Bachelet Jeria
Presidenta de la República
Presente.
Con mucho respeto:
Por medio de esta carta quiero compartir con usted un grave problema que afecta a un sinnúmero de familias constituidas al margen de lo que nuestra legislación conservadora considera familias.
Mi nombre es Nancy Guzmán Jasmen, periodista, de militancia socialista que he votado invariablemente por la Concertación, a pesar que no comparto muchas de sus políticas. Viví mi exilio en Colombia y regresé con mis dos hijas el año 1989, con la ilusión de aportar a la sociedad que se reconstruiría tras los terribles años de dictadura militar. Desde mi llegada, trabajé como corresponsal de distintos medios y dediqué parte de mi tiempo a investigar los crímenes de lesa humanidad ocurridos durante los 17 años de dictadura militar, trabajo que ha quedado registrado en la publicación de distintos libros. Nunca he pedido favores personales, ni siquiera a mis amigos que compartieron exilio y que han ocupado importantes puestos durante los 4 gobiernos democráticos, y esta carta tampoco pretende eso.
Desde 1990, construí una relación de pareja con Martín Hernández Vásquez, fundador del MIR y dirigente de Partido PAIS, recientemente fallecido de cáncer al páncreas. Juntos formamos familia por 17 años y aportamos a una sociedad conyugal en partes iguales. Debo decir, que nunca nos interesó casarnos porque pensamos que tarde o temprano se legislaría sobre este asunto. Desafortunadamente, la vida se fue más rápida que la evolución de nuestras leyes. En diciembre de 2006, al enterarse Martín que tenía un cáncer de muy rápida resolución, intentó divorciarse de su esposa, con quien se encontraba separado de hecho desde el año 1970. Por desgracia ella se negó a dar su consentimiento argumentando que quería quedarse con su pensión, a pesar que ella había contraído matrimonio en Dinamarca, donde vive tras su exilio. A eso se sumó la inoperante ley de divorcio y el atochamiento en los Tribunales de Familia, que no alcanzaron a dar curso a su demanda de divorcio.
Sé que los seres humanos somos complejos y muchas veces injustos, egoístas, llegando a ser perversos, pero sé también que las leyes están para equilibrar situaciones originadas por esas características y de acuerdo a estas leyes, las sociedades pueden ser más justas o completamente injustas.
Martín tenía 15 años de imposiciones en el INP, los mismos que trabajó en la Dirección del Trabajo, y una pensión Valech. Todo eso, excepto la pensión Valech que no se hereda, va a pasar a manos de una persona que no aportó a su vida cotidiana, que no se endeudó para luchar contra el cáncer, que no dejó su trabajo para dedicar día y noche a su cuidado y que estuvo al margen de sus seis meses de agonía, porque de acuerdo a las leyes, el INP entrega la pensión a quien aparece en la libreta de familia. Tengo entendido que de la misma forma proceden las AFP.
Esa historia, desconocida hasta que se vive, es sufrida a diario por miles de familias de todo orden. Al menos así pude constatar en la propia Dirección del Trabajo y en el Ministerio del Trabajo, donde las asistentes sociales y los abogados me confirmaron que a diario ven esta injusticia que cobija nuestro atrasado sistema, uno de los peores en América Latina, puesto que en Argentina, Colombia y Venezuela, la o el conviviente se les reconoce derecho a la pensión del fallecido.
El sentido de esta carta y el relato de mi situación, busca hacer conciencia sobre un problema que es más común de lo que parece y que afecta a la calidad de vida de muchos chilenos y chilenas que, en momentos de dolor y debilidad, deben sumar la angustia de no tener un respaldo económico que permita mitigar el endeudamiento que se origina con la enfermedad y muerte de un miembro de la pareja, y sanear los bienes de la sociedad conyugal a la que han contribuido.
Como ciudadana de este país que ha aportado con su voto y su trabajo a la consolidación de la democracia, manifiesto mi deseo y esperanza que su gobierno busque y encuentre una respuesta política a este problema de sociedad, que es la negación a la existencia de la convivencia libre. Agradeciendo su atención, saluda muy atentamente a usted.
Nancy Guzmán Jasmen
C.I. 6.461.644-7